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8 - Enero - 2025
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Una reciente investigación científica ha desvelado que las urracas contribuyen a la regeneración forestal en zonas agrícolas y dehesas a través de la dispersión de bellotas en zonas abiertas. Pero no lo hacen como se creía hasta ahora. La gran memoria espacial que se atribuye a estas aves juega un papel secundario. En cambio, se ha confirmado que son capaces de desarrollar una eficaz estrategia territorial de almacenamiento que les permite disponer de alimento en invierno. De paso, contribuyen a la dispersión de semillas.

Loreto Martínez de Baroja es doctora en Ecología e investigadora postdoctoral en la Universidad de Alcalá (UAH). “Hasta ahora se pensaba que la recuperación de los alimentos se centraba en una memoria espacial precisa y que sabían el lugar exacto donde los habían escondido”, pero en realidad, y tras estudiar el patrón con el que trabajan las urracas, “lo que hacen es llenar espacios relativamente pequeños en el paisaje y volver a recuperar las bellotas buscándolas al azar dentro de esos espacios en invierno, la época más crítica para las aves”. Lorenzo Pérez Camacho es doctor en Biología y forma parte del Grupo de Investigación de Ecología y Restauración Forestal de la universidad alcalaína que lleva más de una década estudiando el comportamiento de aves como el arrendajo euroasiático o la urraca. “Se desmontan algunos mitos. Hemos confirmado que son aves territoriales también en el almacenamiento de bellotas y eso tiene implicaciones para la regeneración forestal”.

Miembros del Grupo de Investigación de Ecología y Restauración Forestal que lleva más de una década estudiando el comportamiento de córvidos como el arrendajo euroasiático y la urraca.

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Hasta ahora se sabía que el arrendajo euroasiático es un gran dispersor de semillas del género Quercus, como robles, encinas, coscojas o alcornoques. La investigación ha permitido confirmar que también lo es la urraca al mover y almacenar las bellotas. Su acción para proveerse de alimento proporciona servicios ecosistémicos al hombre cada otoño al permitir la regeneración forestal de forma natural. “Si no lo hicieran, tendríamos que hacerlo nosotros, y pagarlo”.

Los investigadores de la Universidad de Alcalá han descubierto cómo el comportamiento de estas aves ayuda a la regeneración de los bosques. “Somos ecólogos y nos interesan las interacciones entre especies y su relación con los ecosistemas”, apunta Lorenzo Pérez.

Trabajaron primero en la localidad de Uceda (Guadalajara) durante más de cuatro años para estudiar a las aves en los terrenos de una instalación militar, tras suscribir un convenio con el Ministerio de Defensa. Después, desde 2015 realizaron experimentos en la finca El Carmen, cerca de Alcalá de Henares y propiedad de la universidad. Han comprobado que cada pareja de urracas es capaz de esconder entre 1.100 y 2.000 bellotas cada otoño, a través del seguimiento de aves anilladas. Estos córvidos trabajan junto a su pareja de reproducción a la hora de almacenarlas, de forma que, si uno de los ejemplares muere, creen que el otro será capaz de recuperarlas. En los comederos de la finca instalaron radiotransmisores en el interior de las bellotas que fueron monitorizados con cámaras de fototrampeo que llevan sensores de movimiento.

Nido de urraca con huevos.

“Sabemos que utilizan la territorialidad. Cada pareja reproductora se reparte el espacio de forma muy definida y siempre en relación a los nidos. Usan polígonos, trazando mediatrices entre el espacio medio de los nidos”, explica Loreto Martínez-Baroja. El almacén de cada pareja de urracas queda limitado a su territorio, que es el que defenderán de otros ejemplares de su especie. “También hemos confirmado que todas tienen las mismas estrategias a escalas espaciales amplias, pero cuando lo analizamos a una escala menor, se aprecian diferencias individuales”, añade la investigadora. Eso tiene que ver con la resiliencia, la capacidad de cada individuo de adaptarse a perturbaciones que puedan producirse en su territorio. “Cuando pensábamos que no eran territoriales se creía que el flujo de bellotas podía ir hacia cualquier lugar de su hábitat, cuando en realidad queda restringido a su territorio, una parte de su hábitat. El ave que lo tiene su territorio en el centro del bosque no contribuirá a la expansión del bosque más allá de su borde”, explica Lorenzo Pérez.

La estrategia del mutualismo funciona entre el ave y el árbol, en este caso las quercíneas (género Quercus). “Cada uno busca su interés, pero es algo que les va bien a ambos”, comenta Lorenzo Pérez: el ave obtiene alimento y la pequeña fracción que no consume dará lugar a las plántulas que regenerarán o expandirán el bosque. Se calcula que un 1,5% de las bellotas escondidas llega a producir una plántula, con una densidad media de 200 plántulas por hectárea, aunque eso no quiere decir que todas vayan a llegar a buen término, matiza la investigadora. El porcentaje es similar a las densidades utilizadas en los procesos de reforestación, pero la diferencia es que la urraca lo hace todos los años y gratuitamente.

Las urracas forman parte del grupo de los córvidos, que son las aves más grandes dentro de las paseriformes. Una de sus características -la de los córvidos en general- es su inteligencia, comparable a la de los grandes simios, los delfines o los elefantes. Son aves omnívoras y muy adaptables que compiten por los mismos recursos tróficos que los humanos. Por eso tienen mala fama. “Les acusan de comerse las cosechas o los huevos de especies cinegéticas como las perdices. Se les ha demonizado, como al lobo o al zorro”, asegura Lorenzo Pérez Camacho. En realidad, apunta, “odiamos a los que más se parecen a nosotros”. “Lo que no se dice es que los córvidos en general consumen muchos insectos. Prefieren la proteína animal a los vegetales y reducen las plagas de los cultivos” o que, aunque consuman huevos de otras especies, son pérdidas “asumibles” en la naturaleza, es decir, a las que estas especies evolutivamente están adaptadas. Los árboles que proporcionan estos frutos secos, como ocurre también con nueces, almendras o avellanas, tienen esta curiosa pero eficaz forma de dispersión de sus semillas a través de los ciertas especies animales o zoocoria, para que puedan germinar y establecerse eficazmente nuevos individuos.

Una urraca con una bellota en el pico en una imagen captada por investigadores de la Universidad de Alcalá.

Cuando los animales transportan de forma voluntaria las semillas para almacenarlas y consumirlas hablamos de sinzoocoria. Eso permite a las plantas regenerar sus hábitats y colonizar otros nuevos. “También hemos comprobado que, ante varias especies arbóreas en la misma zona, los gustos de la urraca darán lugar a uno u otro tipo de regeneración en el bosque, dispersando y, por tanto, favoreciendo más a las especies que más les gusten”, añade Lorenzo Pérez. “Sabemos que prefieren las encinas a los quejigos”. Eso también ocurre a la hora de elegir una bellota más grande o más pequeña. “Creemos que prefieren esconder las bellotas más grandes, mientras que desechan las pequeñas, aunque las abren para comérselas. Eso supone también hacer una selección natural que influirá en el tamaño de bellota de los futuros árboles. Es lo que llamamos coevolución”.

En este proyecto han colaborado también Pedro Villar, Salvador Rebollo, Jesús Ángel Cuevas y José María Rey, entre otros científicos y su trabajo ha dado lugar a nuevas líneas de investigación. Ahora tienen previsto estudiar el comportamiento dispersor de bellotas de otras especies de córvidos como la corneja, con la misma metodología. Por otro lado, trabajarán en la dispersión por córvidos de otras especies arbóreas como el roble carballo y el alcornoque en los bosques de Galicia.

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El mutualismo es una interacción biológica, entre individuos de diferentes especies, en donde ambos se benefician y mejoran su aptitud biológica. Las acciones similares que ocurren entre miembros de la misma especie se llaman cooperación. El mutualismo se diferencia de otras interacciones en las que una especie se beneficia a costa de otra u otras especies; estos son los casos de explotación, tales como el parasitismo, la depredación, etc. La simbiosis puede ser un tipo particular de mutualismo de carácter íntimo, en que una de las partes (o ambas) es estrictamente dependiente de la otra. Otros tipos de simbiosis incluyen casos de parasitismo o de comensalismo. Las relaciones mutualistas juegan un papel fundamental en ecología y en biología evolutiva. Por ejemplo las micorrizas son esenciales para el 70 % de las plantas terrestres. Otro papel importante de los mutualismos está en el incremento de la biodiversidad, ejemplificado por las interacciones entre polinizadores y las flores de plantas angiospermas. La coevolución entre angiospermas e insectos ha acarreado una gran proliferación de ambos tipos de organismos. Infortunadamente el mutualismo no ha recibido tanta atención como otras interacciones tales como predación y parasitismo; su importancia es igual o mayor a estas.

Mutualismo servicio-servicio. Pez payaso y anémona de mar.

Las relaciones mutualistas pueden ser consideradas como un tipo de trueque o canjeo biológico en el que las especies intercambian recursos (por ejemplo carbohidratos o compuestos inorgánicos) o servicios (tales como dispersión de gametos o de descendientes o protección contra predadores). Las relaciones recurso-recurso, en que un tipo de recurso es canjeado por otro es posiblemente el tipo más común de mutualismo; por ejemplo las asociaciones de micorrizas entre las raíces de una planta y un hongo. La planta proporciona los carbohidratos al hongo en cambio por agua y minerales, especialmente fosfatos y también nitratos. Los rizobios fijadores de nitrógeno y las plantas leguminosas intercambian nitrógeno por carbohidratos. Las relaciones servicio-recurso son también comunes, por ejemplo la polinización en que los recursos de néctar y o polen son intercambiados por el servicio de dispersión de las gametas (polen) de la planta. Otro ejemplo es el de las hormigas que protegen a los pulgones de sus depredadores (servicio) a cambio del rocío de miel o mielada (recurso) que es un subproducto de la savia que los pulgones chupan de la planta. Las relaciones estrictamente de servicio-servicio son muy escasas por razones aún no muy claras. Un ejemplo es la relación entre la anémona de mar y el pez payaso de la familia Pomacentridae: la anémona con sus dardos venenosos (nematocistos) protege al pez contra depredadores y el pez payaso protege a la anémona contra peces de la familia Chaetodontidae que se alimentan de anémonas. Al igual que en otros mutualismos, este tiene otros aspectos que complican la situación de intercambio: los desechos del pez, amoníaco, alimentan a algas simbióticas que se encuentran en los tentáculos de la anémona. De lo cual se desprende que además de ser un mutualismo de servicio-servicio es también en parte uno de servicio-recurso.

Mutualismo servicio-recurso.

Otro ejemplo es el de ciertas hormigas con algunas plantas del género Acacia, tales como la acacia cuerno de toro. Las hormigas hacen sus nidos dentro de las grandes espinas ahuecadas de la acacia y a su vez protegen a la acacia contra los herbívoros (a veces se alimentan de tales herbívoros, entonces también este es un caso de servicio-servicio y en parte de servicio-recurso). Otro servicio que las hormigas proporcionan a la acacia es que podan a la vegetación circundante eliminando así a la competencia. La acacia, además de proporcionar el servicio de refugio, también provee alimento a las hormigas en forma de glóbulos ricos en glucógeno, conocidos como cuerpos de Belt o corpúsculos de Belt, secretados por el ápice de los foliolos.

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