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En 1968, el trabajo voluntario de Solomon en Experiment in International
Living la llevó a Japón, donde se quedó con una familia cerca de
Tokio. Allí, a los 38 años, Solomon comenzó a usar una cámara Instamatic
para comunicar sus sentimientos y pensamientos. Este fue el punto
de partida de su práctica fotográfica, que también incluye prosa
relacionada con sus experiencias de vida. A su regreso a los Estados
Unidos, Solomon fotografió con regularidad. Compró una Nikkormat
en 1969 y en el cobertizo del jardín procesó películas en blanco
y negro de 35 mm e imprimió sus primeras fotografías. En 1971, inició
estudios intermitentes con Lisette Model durante sus visitas a la
ciudad de Nueva York. En 1974 ya usaba una cámara de formato medio.
Muñecas, niños y maniquíes fueron algunos de sus primeros temas,
junto con retratos y rituales.

Trabaja exclusivamente con películas en blanco y negro. En 1975
comenzó a fotografiar en el Hospital Baroness Erlanger en Chattanooga,
Tennessee. Fotografió a personas recuperándose de operaciones, heridas
y enfermedades. A principios de 1977 fotografio a William Eggleston,
su familia y amigos en Tennessee y Mississippi. Se mudó a Washington
donde fotografió a artistas y políticos para la serie "Outside the
White House" en 1977 y 1978. En 1978 y 1979 también fotografió en
el Altiplano de Guatemala. Su interés por cómo las personas afrontan
la adversidad la llevó a presenciar los ritos de un chamán y un
funeral y a tomar fotografías en las procesiones de Semana Santa.
En 1980 comenzó su trabajo en Ancash, Perú, donde regresó intermitentemente
durante más de 20 años. Hizo fotografías en cementerios donde los
daños causados por el terremoto de Ancash de 1970 aún eran evidentes.
Continuó fotografiando chamanes, cementerios, funerales y otros
rituales.

Guatemala. 1979.
También fotografió a personas en una economía de subsistencia que
sobrevivían a los extremos de la vida a través de ritos católicos,
evangelistas e indígenas. Con una beca del Instituto Americano de
Estudios Indios, en 1981 Solomon comenzó a fotografiar los ritos
festivos en la India. Encontró una expresión de energía y poder
femenino en las formas de las figuras de diosas creadas en las comunidades
de escultores de Kolkata (Calcuta). En 1982 y 1983 continuó este
trabajo. Mientras estuvo allí, fotografió a artistas, incluido el
pintor Ganesh Pyne y el cineasta Satyagit Ray. También hizo retratos
del Dalai Lama y fotografió a la primera ministra Indira Gandhi.
En 1987 y 1988 fotografió a personas con sida a solas, con sus familias
y con sus amantes. El proyecto resultó en la exposición Retratos
en la época del SIDA en la Grey Gallery of Art de la Universidad
de Nueva York en 1988. En 1988, preocupada por el aumento de la
violencia étnica en el mundo, hizo su primer viaje a Polonia. En
2003 volvió a trabajar en Polonia. En 1988, el interés de Solomon
por las relaciones raciales y la violencia étnica la llevó a Irlanda
del Norte, Zimbabwe y Sudáfrica.

Retratos en la época del SIDA.
Continuó el proyecto en 1989 y 1990 en Irlanda del Norte y Sudáfrica.
En la década de 1990, visitó hospitales en Yugoslavia y centros
de rehabilitación para víctimas de minas en Camboya, y fotografió
a víctimas de la guerra entre Estados Unidos y Vietnam cerca de
Hanoi. Solomon fotografió en Israel y Cisjordania durante cinco
meses durante 2010 y 2011, parte de This Place, un proyecto de arte
global que exploró la complejidad de Israel y Cisjordania a través
de los ojos de doce fotógrafos: Frédéric Brenner, Gilles Peress
(Francia); Wendy Ewald, Fazal Sheikh, Stephen Shore, Rosalind Solomon
(EE.UU.); Martín Kollar (Eslovaquia); Josef Koudelka (República
Checa); Jungjin Lee (Corea del Sur); Thomas Struth (Alemania); Jeff
Wall (Canadá); y Nick Waplington (Gran Bretaña). Cada fotógrafo
creó obras en respuesta a su propia experiencia en el área; Se exhibieron
internacionalmente un total de más de 500 imágenes y se publicaron
en una serie de monografías.

Belgrado, años 90.
Hizo retratos de personas en Israel y Cisjordania. Estaba fotografiando
a palestinos en Jenin, y casualmente se encontraba a sólo unos minutos
de distancia cuando el actor y director palestino-israelí del The
Freedom Theatre, Juliano Mer-Khamis, fue asesinado a tiros en abril
de 2011.
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1987 registró uno de los momentos más virulentos
de la epidemia de SIDA en Estados Unidos. En aquel tiempo, poco
se conocía del origen y desarrollo de esta enfermedad, y el miedo,
cuando no el pánico, era una compañía insoslayable. La fotógrafa
Rosalind Solomon (Illinois, Estados Unidos, 1930) convivió con los
enfermos y sus familias durante un año y los retrató en los momentos
más íntimos: los de la enfermedad y el sufrimiento. No fue fácil.
“Cuando empecé a ser consciente de la epidemia de SIDA en 1987 decidí
conocer y fotografiar gente con la enfermedad. Leí un artículo en
The New York Times apuntando la idea de que las personas con SIDA
deberían ser aisladas al igual que en otras generaciones había sucedido
con los enfermos de lepra. Para entender lo que realmente podría
suponer un aislamiento de ese tipo visite Agua de Dios, una leprosería
en Colombia la cual, afortunadamente, ya está cerrada”, narra Solomon.
La artista se sumerge en la enfermedad y comienzan las decepciones.
“Sorprendentemente, los enfermos”, recuerda, “en vez de ser tratados
con bondad, muchos fueron demonizados, no solo por la sociedad,
sino por sus seres queridos. Conocí a padres que repudiaron a sus
hijos, amantes que abandonaban a sus parejas y una sociedad que
los rehuyó”.

Esta desolación la capta la artista de Illinois en
70 imágenes que en 1988 muestra en la Grey Art Gallery de la Universidad
de Nueva York bajo el título de Portraits in the Time of AIDS (Retratos
en los tiempos del SIDA). Las críticas son muy malas. La acusan
de utilizar y explotar el dolor ajeno. De aprovecharse del sufrimiento.
Al menos encuentra el reconocimiento de los fotografiados. La mayoría
acude a la inauguración y le agradece que les haga visibles cuando
muchos quieren ocultarles. Hasta 2013 esas imágenes estuvieron guardadas
en cajas. Sin embargo, casi una generación después, y cuando, afortunadamente,
el desarrollo y tratamiento de la enfermedad muy poco, o nada, tiene
que ver con la de aquellos días, la galería Bruce SIlverston, en
una excelente idea, recuperaba ese trabajo.

70 imágenes desnudas. Sin marco ni cristal. Directamente
sujetas a la pared y situadas a la altura de los ojos del espectador.
Tan desoladas como el dolor que retrata. En ellas hay algo de otras
artistas como Diane Arbus e incluso de Francesca Woodman.

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