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- Marzo - 2025 |
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Sierra Leona
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Entre 1991 y 2002, Sierra Leona fue devastada por una década de
guerra, que dejó entre 50.000 y 200.000 muertos. El conflicto también
estuvo marcado por violaciones, mutilaciones y el uso forzoso de
niños soldados en ejércitos rebeldes y oficiales. El país todavía
trata de recuperarse de uno de los más brutales conflictos en África
y continúa profundamente dividido. A pesar de sus muchas riquezas,
es uno de los países más pobres del mundo. Para los sobrevivientes,
es imposible olvidar el horror de la guerra en Sierra Leona, que
se consumó con dinero en efectivo proveniente de diamantes extraídos
en las zonas de guerra y que eran vendidos para obtener armas, como
se muestra en el éxito de taquilla de Hollywood 'Blood Diamond',
protagonizado por Leonardo DiCaprio. El conflicto comenzó cuando
rebeldes del Frente Revolucionario Unido atacaron el este de Sierra
Leona en 1991 en la frontera con Liberia, una insurrección contra
la base de poder del presidente Joseph Saidu Momoh, quien envió
tropas para hacer frente a la rebelión. Los enfrentamientos desencadenaron
una ola de violencia que desembocó en golpes militares y atrajo
fuerzas extranjeras, tanto de forma oficial como extraoficial. En
2012, el expresidente de la vecina Liberia, Charles Taylor, fue
sentenciado por un tribunal internacional especial a 50 años de
prisión por ayudar e incitar a crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Jovencísimos guerrilleros de Sierra Leona, durante la guerra que
se vivió en el país hasta 2001. La guerra civil de Sierra Leona
fueron diez años de codicia, sangre y violencia. Su origen y su
final fueron marcados por la intervención extranjera. El país ahora
enfrenta el doble reto de desarrollarse mientras supera su pasado.
Sierra Leona es uno de los países más ricos y pobres de África
occidental. Más del 70% de su población vive en situación de pobreza
en un país lleno de recursos naturales, sobre todo diamantes. Esta
riqueza, sin embargo, ha lastrado su desarrollo. La extracción codiciosa
y violenta fue una causa del conflicto armado en los años noventa.
Aquella guerra civil perdura en la memoria de la población y ha
tenido consecuencias en el país y en la región. En marzo de 1991,
Foday Sankoh dirigió al Frente Revolucionario Unido (FRU) hacia
un enfrentamiento para derrocar al Gobierno. Comenzó entonces una
lucha que se cobró 50.000 vidas hasta 2002, cuando la intervención
internacional dirigida por el Reino Unido terminó la insurrección
armada.
Las dimensiones del conflicto pronto trascendieron las fronteras
de Sierra Leona. Dentro, fue un enfrentamiento étnico y una lucha
de poder que se remontaba a la independencia del país. Al mismo
tiempo, la inestabilidad interna fue una oportunidad para agentes
extranjeros interesados en sus minerales. Desde la vecina Liberia
hasta la antigua metrópoli, la intervención extranjera determinó
el desenlace del conflicto.

El niño soldado que cambió las armas por arroz.

Las potencias europeas abandonaron África de forma apresurada y
en ocasiones abrupta. En la mayoría de los casos, ello reconfiguró
las estructuras de poder en medio de la incertidumbre y la fragilidad
institucional. El dominio británico en la actual Sierra Leona había
empezado en el siglo XVIII. El lugar fue escogido como destino para
los esclavos liberados tras la abolición de la esclavitud en 1807.
Freetown, la capital actual, fue el asentamiento que más población
recibió. La colonia se consolidó como destino de esclavos liberados
y vio crecer su población. Los descendientes de los antiguos esclavos,
conocidos como criollos, fueron clave para consolidar la administración
colonial. Recibieron una educación occidental y se convirtieron
en la élite del país. La población de Sierra Leona ha estado formada
desde entonces por diferentes etnias. Los grupos principales son
los mendes, que ocupan la zona meridional del país, y los temnes,
en el norte. Ambos representan hoy en día el 60% de la población,
aunque los primeros son algo más numerosos. Su rivalidad histórica
ha estado detrás de los estallidos de violencia que han asolado
al país desde su independencia. Otros colectivos minoritarios pero
relevantes son los limbas, un 8%, y los criollos, un 2%.
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El Tribunal Especial de Sierra Leona declaró en 2007 culpables
de once delitos de guerra y contra la humanidad a tres antiguos
líderes del Consejo Revolucionario de las Fuerzas Armadas, según
informó la corte en un comunicado. Los sentenciados, Alex Tamba
Brima, Brima Bazzy Kamara y Santigie Borbor Kanu, según anunció
en Freetown la magistrada Julia Sebutinde, de acuerdo con el comunicado
dado a conocer por la corte especial en su página web. El tribunal,
que contó con el apoyo de la ONU, se reunió de nuevo
para decidir las condenas por su responsabilidad en los crímenes
por la guerra civil que se prolongó por una década y que terminó
en 2001. En ese conflicto armado, uno de los más atroces de África,
murieron cerca de 120.000 personas. Brima, Kamara y Kanu eran militares
que abandonaron las filas del Ejército y que se convirtieron en
líderes rebeldes, aparentemente con el respaldo de Charles Taylor,
ex presidente de la vecina Liberia y a su vez juzgado en La Haya.

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Sierra Leona se independizó en 1961. La emancipación comenzó con
unas elecciones libres que ganó Milton Margai, de origen mende.
Los mendes controlaron el Estado en los años sesenta y se favorecieron
sobre los demás colectivos. Frente a ese dominio, los criollos apoyaron
a Siaka Stevens, de origen limba, dirigente del Congreso de Todo
el Pueblo (APC, por sus siglas en inglés). El APC alcanzó el poder
en 1968, pero no pudo ejercerlo hasta 1971 por los sucesivos golpes
de Estado. Una vez se hizo con el control, lo mantuvo durante casi
quince años. Sin embargo, los años ochenta darían paso a crisis
económicas y autoritarismo como gérmenes de más inestabilidad. Durante
el gobierno del APC las divisiones étnicas se hicieron insalvables.
Una hipotética alianza entre mendes y temnes frente a la minoría
limba pronto se frustró por las desigualdades y la rivalidad entre
ambos grupos. Aunque los mendes ya no tenían poder, seguían siendo
mayoría en las fuerzas armadas. Los temnes eran un tercio de la
población, no tenían peso en la agenda pública y tenían peor acceso
a los servicios, ya que el norte había sido menospreciado durante
los diferentes gobiernos mendes. El régimen limba tornó al unipartidismo
en 1978, alimentando las suspicacias entre los otros grupos. Joseph
Momoh sucedió a Stevens en 1985, pero tuvo que lidiar con el estallido
de la guerra civil en la vecina Liberia. Sierra Leona fue fundamental
para la formación de un destacamento militar bajo el mando de la
Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao).
Esas tropas impidieron al líder rebelde Charles Taylor tomar Monrovia,
la capital liberiana. Como consecuencia, Taylor planeó derrocar
a Momoh para forzar la retirada de las tropas internacionales e
incentivó el nacimiento del FRU de Foday Sankoh, un antiguo conocido
suyo de origen temne.

Sandu Sesay, que hoy ejerce el oficio de sastre, fue un niño soldado.
La guerra civil de Sierra Leona comenzó en el sur, pero pronto
se extendió por todo el territorio. Durante casi diez años, la violencia
asoló el país en un contexto de profunda inestabilidad. Se sucedieron
diferentes Gobiernos y golpes de Estado mientras la lucha contra
los insurrectos se recrudecía y la injerencia extranjera se convertía
en un factor determinante. Primero con Liberia y luego con una misión
internacional de la ONU.
La guerra civil de Sierra Leona sigue en el imaginario colectivo
como un periodo de violencia con todo tipo de prácticas. Las mujeres
y niños, más vulnerables, se llevaron la peor parte. El reclutamiento
masivo de niños soldado se convirtió en una dura realidad con consecuencias
hasta la actualidad. Por otro lado, los recursos naturales se convirtieron
en el principal motor de la guerra, sobre todo la venta de diamantes.
El verdadero interés de Taylor en expandir el conflicto a Sierra
Leona no era solo derrocar a Momoh por haber impedido su avance
y ampliar el campo de movimiento de sus tropas. Las grandes cantidades
de diamantes añadieron valor a la cuestión y Sierra Leona se convirtió
en un campo de batalla con repercusiones regionales. La llegada
al poder de Taylor en Liberia en 1997 fortaleció al FRU, pues su
principal fuente de armas y suministros era la venta de diamantes
a su principal valedor, convertido en presidente. Aquellos diamantes
extraídos y vendidos para financiar los bandos de un conflicto se
conocieron como “diamantes de sangre”. Su precio es inferior al
que podrían alcanzar los extraídos de forma legal. Durante la guerra
civil y como las fuerzas del FRU controlaban el 80% de los yacimientos,
comenzó un movimiento internacional para prohibir el comercio internacional
de diamantes manchados para financiar la guerra.

Esta encantadora iglesia es una modesta estructura blanca rodeada
por un muro blanco bajo, y se encuentra en la zona de Freetown aún
conocida como Maroon Town. Parte de los bancos y las vigas del techo
que se encuentran en el interior de la iglesia están hechos con
la misma madera que el barco que transportó a los cimarrones de
Jamaica a Sierra Leona. La guerra civil sierraleonesa fue cruda
en las provincias y no llegó a Freetown hasta 1997.
El tráfico de diamantes se prohibió a principios de los años noventa
para evitar este tipo de financiación. No obstante, su procedencia
era blanqueada en todo el mundo, con caros certificados de origen
diferentes. Las medidas contra los diamantes de sangre de Sierra
Leona se endurecieron a principios de los 2000 con el proceso de
Kimberley, un sistema de certificaciones destinado a evitar la financiación
de grupos armados. Entretanto, se calcula que más de 12.000 niños
fueron armados y preparados para el combate. Las niñas, además,
eran usadas como esclavas sexuales. Despojados de su infancia y
de un entorno estable y familiar, aquellos que escaparon o sobrevivieron
al conflicto enfrentaron las secuelas psicológicas y la estigmatización
social. La reacción internacional se endureció a la par del conflicto,
pero todo intento de acuerdo de paz quedaba en papel mojado. Naciones
Unidas lanzó en 1999 la misión Unamsil y ese mismo año se firmó
la paz en Lomé, que parecía reconducir al país hacia una resolución
ordenada y pacífica. El Gobierno y el FRU acordaron una hoja de
ruta que incluía el cese de las hostilidades y el reparto del poder.
Sin embargo, los rebeldes incumplieron lo acordado y retomaron la
lucha armada. Como los insurrectos podían tomar Freetown, el Reino
Unido lanzó una operación a gran escala que impidió la caída del
Gobierno de Ahmed Kabbah y asestó un golpe definitivo al FRU en
el 2000.
Con la derrota del FRU, el fin de la guerra en Sierra Leona dio
paso a una lenta reconciliación nacional con vistas a forjar una
democracia con cabida para los rebeldes. Durante los primeros años
de posguerra, las tropas de la Unamsil se mantuvieron en el terreno
como garantes de la paz. En 2005 la presencia de la ONU se redujo
a una oficina de representación, mientras que la salvaguarda de
la estabilidad pasó a manos de las Fuerzas Armadas de Sierra Leona,
que se estaban profesionalizando. En 2014 la misión se retiró de
un país que había cambiado.

El Museo de la Paz está conformado por un memorial, una exposición
que documenta y narra la historia de la guerra y el proceso de paz,
un espacio de formación, un centro de archivos sobre el trabajo
del Tribunal Especial para Sierra Leona (TRC) y la Comisión de la
Verdad y la Reconciliación (CVR), y una biblioteca jurídica.

En la Sierra Leona actual, los recuerdos de la guerra se mezclan
con los desafíos del nuevo milenio. El país enfrenta un reto doble:
desarrollarse mientras cierra el capítulo más oscuro de su pasado.
En ese sentido, la justicia internacional ha logrado hacer memoria
honrando a las víctimas y condenando a los verdugos. El tribunal
especial de La Haya para Sierra Leona juzgó entre 2002 y 2013 a
varios protagonistas del conflicto por crímenes de guerra y de lesa
humanidad, incluido el expresidente liberiano. Taylor se exilió
a Nigeria tras haber sido derrocado en 2003 y tras años en busca
y captura fue detenido y extraditado en 2006. Su juicio fue mediático,
además, por la testificación de la celebridad británica Naomi Campbell,
a quien había regalado un gran diamante. En los últimos años, antiguos
yacimientos y poblaciones mineras de Sierra Leona se han convertido
en focos de desarrollo. Su propiedad está sobre todo en manos de
inversores extranjeros, pero parte de los beneficios revierten en
el desarrollo de las infraestructuras del país. Por otro lado, varias
organizaciones trabajan para reinsertar a los niños soldado. Sus
testimonios han sido clave en el relato de la guerra y de la historia
del país. Durante la última etapa bélica, el país estaba al borde
del colapso económico. La deuda externa equivalía al 130% del PIB.
Tras superar las incertidumbres de posguerra, se abrieron nuevas
oportunidades. El Gobierno del actual presidente Ernest Bai Koroma
trabaja en la Agenda para la Prosperidad (2013-2018). Este plan
apuesta por diversificar el modelo económico para no depender de
los recursos minerales y las tierras fértiles, e invertir en capital
humano para avanzar a la primera línea del comercio regional.
El ambicioso proyecto busca dar paso a la Sierra Leona del siglo
XXI. No obstante, las instituciones frágiles y la falta de tradición
democrática amenazan al país. De hecho, el propio Koroma está intentando
reformar la Constitución para seguir en el poder. En cualquier caso,
la cohesión social y el fortalecimiento institucional son imprescindibles
no solo para el desarrollo económico. También para enfrentar nuevas
epidemias y enfermedades, como el brote de ébola en 2013 que dejó
casi 15.000 enfermos, la mitad de toda la región. La ayuda internacional
fue clave frente a la inestabilidad social.

La historia reciente de Sierra Leona es similar a otras en África.
El camino hacia la guerra comenzó a fraguarse en la propia independencia
del país. Un territorio con potencial económico se adentró en una
senda de rivalidad étnica y transfronteriza que terminó por estallar.
El conflicto no se explica sin la intervención extranjera en favor
de los dos bandos, remarcando el importante papel geopolítico del
país. Es usual que la paz no se consolide durante un posconflicto
y que los países caigan en espirales de violencia. En Sierra Leona,
en cambio, los señores de la guerra fueron juzgados y el esclarecimiento
de lo ocurrido apunta a cohesionar a la población. Sin embargo,
el país aún se plantea su modelo. Si su potencial económico se revirtiera
en su propio desarrollo, el progreso del país sería imparable. No
obstante, el riesgo de expolio sin beneficio para la sociedad local
sigue existiendo y adoptando nuevas formas. El fantasma del ébola
sigue reciente y amenaza con rebrotar. Sierra Leona contuvo la amenaza
con un alto coste y gracias a la ayuda internacional. La epidemia
se llevó varios miles de vidas e hipotecó el futuro de gran parte
de la población. Pero esta amenaza, como las anteriores, puede volverse
un punto de encuentro para la cohesión nacional. El país se juega
su futuro en varios frentes. Su respuesta será decisiva.

La brutalidad del conflicto quedó impresa en la carne de cientos
de víctimas. La mutilación es uno de los tres aspectos en los que
se estructura el recorrido visual de Gervasio Sánchez (Premio Ortega
y Gasset 2008 de periodismo) por el conflicto del país africano.
En la imagen, el joven Silvester Moseray, muestra la cicatriz de
un golpe de machete en el rostro.

La guerra civil, iniciada en 1991 y finalizada en enero de 2002,
dejó un balance estimado de más de 50.000 muertos y cientos de miles
de desplazados (refugiados en Guinea y Liberia), en un país con
una población de 5.900.000 habitantes (cifras de 2007). Gervasio
Sánchez retrató el efecto de un golpe seco de machete que
cercenó la minúscula mano de Marie Koroma cuando tenía tres meses.
Con dos años mama del pecho de su madre.

El proceso de desarme tardó dos años desde que se declarara el
final de la guerra, en 2002. Las fuerzas de pacificación de la ONU
se retiraron en 2005, tras poner en marcha los tribunales que juzgarían
a los líderes de ambos bandos del conflicto. Gervasio Sánchez
logró captar la mirada cargada de cansancio.
Pásate por JyV >> Fotografía >> Autores.
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