Discípulo
de Allauddin Khan (fundador del Maihar gharana de música India
clásica), Pandit Ravi Shankar es probablemente el instrumentista
indio más reconocido, famoso tanto por sus ejecuciones en
todo el mundo como por su papel pionero en la importación
en el mundo occidental de la música India clásica tradicional.
Su asociación con el violinista Yehudi Menuhin
y con el músico inglés George Harrison, del grupo The Beatles,
así como por su carisma personal, contribuyeron a su enorme
proyección. Su carrera musical ha durado más de seis
décadas y Shankar actualmente posee el Récord Guinness por
la carrera internacional más larga. Ravi Shankar es el padre
de la cantante estadounidense Norah Jones y de la sitarista
y directora de orquesta Anoushka Shankar.
Su casa ancestral es hoy en día Kalia Upozila
en el Distrito Narail, Jessore, Bangladés. El nombre de su
madre era Hemanginee, y su hermano mayor Uday Shankar era
un famoso bailarín clásico hindú. De adolescente, Ravi tocó
el sitar con la compañía de baile de Uday Shankar, y también
con la de Anna Pávlova en la Unión Soviética.
Ravi Shankar abandonó una carrera en el baile
y a partir de 1938, pasó muchos años de estudio bajo la enseñanza
de su gurú Allaudin Khan. Su primera presentación en público
en la India tuvo lugar en 1939. Después de dar por terminado
el periodo de formación en 1944, empezó a trabajar en las
afueras de Bombay. Comenzó a escribir canciones para películas
y ballet clásico y comenzó una carrera de grabaciones con
la filial india de la casa de grabación HMV. Fue director
musical de All India Radio, de Nueva Delhi, de 1949 a 1956.
Sucesivamente Shankar empezó a ser conocido fuera de la India,
primero presentándose en la Unión Soviética en 1954 y luego
en Europa en 1956. Actuó en acontecimientos importantes como
el Festival de Edimburgo así como en salas de tanto prestigio
como el Royal Festival Hall.

Nacido en una familia religiosa, su precocidad
musical propició que se incorporase, con apenas diez años,
a la troupe de su hermano Uday Shankar, mítico bailarín que
hizo con la danza y la escenografía teatral indias algo similar
a lo que haría él muchos años después, llevando por toda Europa
un espectáculo que logró que todas las miradas se volviesen
hacia la India. Uday actuó incluso en la Unión Soviética revolucionaria,
a mediados los años veinte, con la no menos mítica Anna Pavlova.
Y no fue sino una década después, en los años treinta, cuando
Ravi Shankar lo acompañó en las giras, como bailarín e instrumentista,
familiarizándose muy pronto con la cultura occidental. La
primera grabación de Ravi Shankar, con esta formación, data
de 1937 y está incluida en un disco antológico (en sentido
real y figurado), Flowers from India (2007), absolutamente
recomendable. El solista de la agrupación era Baba Allauddin
Khan, multinstrumentista y gran maestro de la música clásica
india, quien se convertiría en el maestro y gurú de Ravi Shankar.
En 1938, Allaudin Khan volvió a Maihar con su discípulo y
le sumergió en el severo aprendizaje del sitar, que concluyó
en 1944. Entonces Shankar se mudó a Bombay, donde comenzó
a componer música para ballet, compañías de teatro, orquestas
de música, radio y bandas sonoras para la incipiente industria
de Bollywood, entre ellas las de la clásica Trilogía de Apude
Satyajit Ray.
En 1956 se embarcó en una gira mundial por Europa
y EE.UU. que coronó en Londres, con la grabación de su primer
disco de proyección internacional: “Three Ragas”. Quizá el
punto culminante de esta época fueron las extraordinarias
sesiones con el violinista Yehudi Menuhin, recogidas en tres
discos con el significativo título de East meets West, el
primero de los cuales obtuvo, en 1967, el premio Grammy a
la mejor obra de cámara. Fue un encuentro fascinante al que
Shankar aportó su original aproximación a la música clásica
india, abierta a otras influencias (por ejemplo a la música
carnática del sur, muy diferente de la tradición indostaní
del norte) y que, por ello, nunca fue del gusto de ortodoxos,
puristas y demás pedantes culturales. De cualquier manera,
estas piezas infinitas de ragas (unas bases melódicas repetitivas
que crean distintas atmósferas emocionales) sobre las que
se superponen larguísimas improvisaciones de una sonoridad
envolvente y texturas sin fin invitan a girar entrópicamente
hasta el corazón de la música, en un progresivo estado de
trance. Y ello llamó la atención de muchos jóvenes músicos
norteamericanos, que partían de ideas totalmente opuestas,
con canciones de pocos minutos de duración y un desarrollo
que las llevaba directamente hacia el desenlace, como si la
experiencia musical fuese un paréntesis momentáneo en la sorda
realidad cotidiana, que apenas arañase la superficie del sonido.
La contaminación india de la música popular occidental comenzó
con la fascinación de David Crosby y The Byrds por Shankar,
cuyo sonido traspuesto a la guitarra asoma en la canción “Why”.
Grupos más psicodélicos como The Doors también se sintieron
atraídos por la idea de llegar a una experiencia total a través
de la música. Al comienzo de “The end” te sorprenden los acordes
y escalas indias del guitarrista Robbie Krieger, quien por
aquella época tomaba clases de sarod y sitar en la Kinnara
Music School, que fundó Shankar en Los Ángeles en 1967.
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George Harrison, miembro de The Beatles, comenzó
a experimentar con el sitar en 1965. Los dos se encontraron
eventualmente debido a este interés común y se hicieron amigos,
lo cual contribuyó a aumentar la fama de Shankar como estrella
pop y como el maestro de Harrison. Esto desarrolló enormemente
su carrera. Lo invitaron a tocar en lugares que eran insólitos
para un músico clásico, como el Monterey Pop Festival, 1967
en Monterrey, California. También fue uno de los artistas
que tocaron en el Festival de Woodstock (1969) y en el Concierto
para Bangladesh en 1971. Ravi Shankar y Amigos acompañó también
como apertura la gira de Harrison de los Estados Unidos en
1974. Shankar escribió dos conciertos para sitar y orquesta,
composiciones para sitar y violín que interpretó junto con
Yehudi Menuhin, música para el virtuoso de flauta Jean Pierre
Rampal,y también para Hozan Yamamoto, maestro del shakuhachi
(la flauta japonesa), y para el virtuoso del koto Musumi Miyashita.
Mención aparte merece la relación e influencia
que tuvo como gurú y maestro de George Harrison y, por contagio,
de The Beatles, quienes ya en Rubber soul(1965) y en Revolver(1966)
incluyeron canciones tan sugerentes y novedosas como “Norwegian
wood”, “Tomorrow never knows” y “Love you to”. El aroma oriental
impregnó también el emblemático Sgt. Pepper’s lonely hearts
club bandcon “Within you without you.” La discografía posterior
de George Harrison –All things must pass (“My sweet lord”)
y Living in the material world– confirma la profunda impronta
musical y espiritual de Shankar. Y esta conexión fue mucho
más allá de unos pocos artistas hasta alcanzar a la sociedad
misma: los principios de paz, espiritualismo y goce de vivir
del movimiento hippie sintonizaban con el hinduismo y, de
manera casi involuntaria, Ravi Shankar se vio inmerso durante
unos años en la vorágine del rock, como una megaestrella más,
actuando en los Festivales de Monterrey (1967) y Woodstock
(1969), etapa que cerraría con el concierto de Bangladesh
(cuyo disco le deparó, en 1971, el segundo Grammy de su carrera).
A partir de entonces se distanció del polimórfico y excesivo
mundo del rock y de sus infinitos círculos viciosos. Por otro
lado,desde finales de los 50, también uno de los gigantes
del jazz, el saxofonista John Coltrane, se había fijado en
la estela del músico indio, pero su prematura muerte en 1967
impidió que grabaran juntos. Los caminos paralelos en busca
de la espiritualidad del creador de “A love supreme” y de
Ravi Shankar nunca se cruzaron en un estudio, pero la honda
impresión que le causó su relación con el pandit explica por
qué su hijo, también saxofonista, se llama Ravi Coltrane.
Ravi Shankar, no pudo acabar 2012, disfrutó de una
vida plena. Sus 92 años fueron lo bastante intensos
para justificar dos autobiografías (My music, my life
y Raga mala), donde explicaba cómo amplió los límites
de la tradición musical que encarnaba, aplicando sus
poderes al cine, el teatro y el ballet, aparte de abrirse
a experimentos internacionalistas. "Aunque la operación
fue exitosa, la recuperación resultó demasiado difícil
para el músico", informó en un comunicado conjunto
la fundación que lleva su nombre y su sello discográfico
East Meets West Music.

El artista tenía su domicilio en el sur de California
aunque mantenía también residencias en India. El primer
ministro indio, Manmohan Singh, ha expresado su tristeza
y ha dicho que con su muerte se pierde "un tesoro nacional
y un embajador global de la herencia cultural de India".
Ningún otro músico clásico tuvo tanta influencia en
la evolución del pop. Es posible que Segovia despertara
idéntica veneración entre los guitarristas de los sesenta
pero don Andrés no se mezcló con los melenudos. Ravi
lo hizo, aún a sabiendas del riesgo de trivialización.
Se recuerda su humor punzante en el Madison Square Garden
neoyorquino, en agosto de 1971. Se celebraba el benéfico
Concert for Bangladesh, que partía de una idea suya.
Iba a tocar un jugalbandi, un dueto con el prodigioso
Ali Akbar Khan y su sarod. Según la costumbre, afinaron
sobre el escenario. Les respondió un aplauso general.
Ravi advirtió al público: "Si apreciáis tanto la afinación,
espero que disfrutéis aún más con la música".
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Algunas grabaciones de John Coltrane apuntan
en aquella dirección: la canción “India” en el disco “Impressions”
(1963) y el disco “Om” (1965), una suite de casi 30 minutos
con cantos extraídos del Bhagavad Gita y cuyo título es un
mantra de la tradición hinduista con un significado nebuloso
en torno a la plenitud de Dios. En su última época Ravi Shankar
colaboró con músicos orquestales clásicos, André Previn y
Zubih Meta, o contemporáneos, Philip Glass, con quien grabó
el interesantísimo Passages(1990). Unos años antes había vuelto
a componer una banda sonora, la de Gandhi(1982), nominada
para los Óscares de Hollywood, y derrotada finalmente por
la música extraterrestre de John Williams para ET.
Su talento se ha perpetuado a través de sus
hijos, el malogrado Shubhendra Shankar, la cantante Norah
Jones y la compositora e intérprete del sitar Anoushka Shankar.
Precisamente esta última acompañó a su padre en el memorable
concierto que dio origen a su último gran disco y tercer premio
Grammy: Full circle: Carnegie Hall 2000. El círculo completo
o la música entendida como una experiencia total para alcanzar
la armonía y la perfección espiritual. Pero no siempre es
así o, al menos, no para todos. En su libro Chasin’ the trane:
The music and mystique of John Coltrane, J. C. Thomas reproduce
el comentario de Shankar tras un concierto de Coltrane: “La
música fue fantástica. Me impresionó mucho, pero algo me angustiaba.
Había turbulencia en su música, y eso a veces me producía
sensaciones negativas, pero no llegué a adivinar de qué se
trataba. Ahí teníamos una persona creativa que se había hecho
vegetariana, que estudiaba yoga, leía el Bhagavad-Gita y,
sin embargo, en su música yo percibía todavía mucho desasosiego
interior.” Definitivamente, aunque el Este y el Oeste se encuentren,
resulta ilusorio pensar que la filosofía hinduista pueda iluminar
totalmente a los desorientados espíritus solitarios que deambulan
las inhóspitas megápolis del siglo XXI, el territorio de las
sombras. ”En nuestra cultura, debemos tener mucho respeto
por los instrumentos musicales, porque ellos, simplemente,
son parte de Dios”. Londres, comienzos del año 1980, se intentaba
promocionar el album “The Spirit of India”, en el que el sello
clásico de Hamburgo, de la Deutsche Grammophon había pagado
una importante cantidad de dinero para un album de ragas.
Virtuoso del sitar, fue la primera gran estrella de la órbita
musical que no tenía cultura occidental. Shankar creó una
nueva conciencia en la sociedad, introduciendose en todos
los ambitos culturales y sociales, fenómeno conseguido por
los Beatles, George Lucas y un par de iluminados mas. Benarés
en las entrañas, el humo de los espíritus elevandose a la
luz de la luna y las canciones sonando desde unas colinas
cercanas. Apple Records, el sello de los Beatles, lanzó un
maravilloso disco doble, titulado Pandit Ravi Shankar y Alí
Akbar Kahn, en concierto 1972. Alí Akbar Kahn era un genio,
un virtuoso del extraño instrumento de cuerda que es el sarod.
Un album imprescindible, dificil de conseguir. ¿Alguien me
lo presta? En el famoso Concierto por Bangla Desh, en el Madison
Square Garden, Shankar comenzó a tocar, con sus músicos en
la tabla y tambura.

Unos cinco minutos despúes, se detuvo. La audiencia
brotó con un aplauso entusiasta. Shankar se quedó perplejo
y dijo : “Estoy seguro de que vamos a triunfar, porque si
son ustedes tan entusiastas mientras hemos afinado, espero
que con el concierto disfruten de verdad”.
Compuso abundantemente para películas y ballets
clásicos en la India, Canadá, Europa y los Estados Unidos;
entre estas obras destacan Chappaqua, Charly, Gandhi, y Apu
Tryology. Su grabación Tana Mana, lanzada por el sello Private
Music en 1987, penetró en el género New Age con una combinación
única de instrumentos tradicionales y música electrónica.
El compositor clásico Philip Glass reconoce a Shankar como
una influencia importante en su carrera y los dos colaboraron
para producir Passages, una grabación de composiciones en
las cuales cada uno adapta temas compuestos por el otro. Shankar
también compuso la parte de sitar en la composición de Glass
de 2004, Orión. En 1998 recibió el Polar Music Prize, un premio
concedido por la Real Academia de Suecia de Música.
Ravi Shankar tuvo dos hijas, la cantante Norah
Jones (que Ravi Shankar tuvo con la productora de conciertos
Sue Jones) y Anoushka Shankar (que Ravi Shankar tuvo con la
empleada bancaria Sukanya Rajan), una de las más destacadas
intérpretes femeninas de sitar de India, que ha obtenido numerosas
distinciones y reconocimientos a lo largo de su carrera.

En Woodstock, 1969.
En su libro "Mi música, mi vida" confiesa que
tuvo una intensa relación con Sue Jones de 1973 a 1986 y que
permanecieron juntos hasta que Norah Jones, la popular cantante
norteamericana, cumplió cuatro años de vida. Perdió por años
todo contacto con su hija, hasta que “Geetu”, como cariñosamente
la llamaba el maestro, cumplió los 18 años. “Ella es una mujer
extraordinaria, con muchísimo talento y estoy muy orgulloso
de ella. Su voz, que sale del alma, es tan única y fluida
que hace vibrar profundamente a sus fans. Durante los últimos
diez años, nos hemos visto siempre que ha sido posible e intentamos
recuperar el tiempo perdido. Ahora también se siente muy cercana
a su hermanastra Anoushka”, relató el maestro en su libro
biográfico. Por su parte, Norah Jones, en una entrevista donde
se refiere al tema, cuenta que en un comienzo se ponía nerviosa
con el vínculo. “No es común ser hija de un músico prominente,
te atrae la atención y el temor es más fuerte si te equivocas.
Además mi relación fue un poco distante, pero confío mucho
en mi trabajo y es muy diferente al que hacía mi padre”, dijo
la artista. Murió en su casa estilo hindú de Encinitas, en
la playa, cerca San Diego (California), quizás con la duda
del verdadero sentimiento occidental hacia el hinduismo. Nacido
en ciudad santa en el colonialismo de 1920 y muerto en ciudad
pagana, con 92 años, frente al océano Pacífico. Dió su ultimo
concierto unos días antes, el 4 de noviembre, en el teatro
Terrace de Long Beach, a poco más de cien kilómetros de casa,
con su hija Anoushka, que también tiene joyas como el DVD
de su concierto, “Live in Escondido”. Llegó al encuentro de
la cultura en Occidente, con más de 100 grabaciones, no admite
parangón, su espíritu abierto, la actividad incesante y el
enorme talento atravesaron todo el siglo XX, cambiando decisivamente,
el curso de la historia de la música popular. Shankar acortó
su nombre de pila de Robindro a Ravi, que en sánscrito e hindi
quiere decir sol. Sol que iluminó. Bendito Sol. Si no lo conoces
puedes partir en el viaje con el documental que hizo Howard
Worth, titulado simplemente “Raga”, la vida de Ravi Shankar,
con música también del gran violinista, su gran amigo judío,
Yehudi Menuhin. “El pop cambia semana a semana, mes a mes,
pero la gran música es siempre como la buena literatura. Para
siempre.".

Ravi Shankar nunca tuvo la certeza de si los
occidentales amábamos en realidad a su música o si, simplemente,
nos comportábamos como estúpidos snobistas, a lo Boris Vian,
que tratábamos de penetrar en el alma del hinduísmo. Los locos
años sesenta habían penetrado en esa cultura del sitar, de
las drogas y la psicodelia, siempre con la música de Shankar
como banda sonora.
Debido a problemas respiratorios, Shankar fue
ingresado en el Scripps Memorial Hospital, en La Jolla, San
Diego. Falleció el 11 de diciembre de 2012 a los 92 años.

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