Exactamente una semana después de que las fuerza de seguridad
tuvieran que defender a los congresistas estadounidense de
una turba enfurecida, los legisladores se reunieron en la
misma cámara para acusar al presidente apoyado por esa turba.
Es la primera vez en los 231 años de historia de Estados Unidos
que un presidente ha sido sometido a dos juicios políticos
en un mismo período, sin duda un final ignominioso para un
mandatario al que le gusta presumir de los éxitos históricos
de su presidencia. El único artículo del impeachment acusa
al presidente Donald Trump de haber incitado a los disturbios
que estallaron en el Capitolio de EE.UU. luego de que se dirigió
a miles de sus seguidores en un mitin cerca de la Casa Blanca
el miércoles 6 de enero por la mañana. La acusación ahora
será remitida al Senado y sus 100 miembros volverán a servir
como jurados de un juicio político presidido por el presidente
del Tribunal Supremo. Y aunque el resultado de ese juicio,
que no comenzará hasta después de la toma de posesión de Joe
Biden, es dudoso, las implicaciones políticas de la acción
del Congreso ya pueden ser evaluadas.
Hace poco más de un año, la Cámara de Representantes aprobó
su primera acusación contra Trump sin un solo voto republicano.
Esta vez, 10 miembros del partido del presidente rompieron
filas para apoyar la resolución, y un número mayor condenó
sus palabras y acciones el día del motín del Capitolio.

Esta vez la acusación de los demócratas contó con el apoyo
de varios republicanos.
Liz Cheney, la tercera republicana más importante de la cámara
baja e hija del ex vicepresidente Dick Cheney, fue la deserción
más notable. "Nunca ha habido una traición más grande por
parte de un presidente de Estados Unidos a su oficina y su
juramento a la Constitución", escribió en un comunicado que
fue citado con frecuencia por los demócratas durante el debate
del impeachment. Y según reportes, algunos republicanos en
el Senado están dispuestos a votar para condenar al presidente.
El "New York Times" informó que el líder de la mayoría republicana,
Mitch McConnell, estaba "complacido" de que Trump estuviera
a punto de ser acusado y esperaba que el proceso le permitiera
al partido desvincularse claramente del mandatario. Desde
entonces, McConnell ha dicho que reservará su juicio hasta
que concluya el proceso, pero los informes de la oficina del
senador -que suele ser muy cuidadosa- no se materializan de
la nada: las líneas de batalla dentro del partido ya se están
trazando, al menos tentativamente.

Según reportes, el líder de la mayoría republicana en el
Senado, Mitch McConnell, celebró la decisión de la Cámara
de Representantes.
La división evidente en la Cámara el miércoles pone de manifiesto
la elección que los republicanos tendrán que hacer en los
próximos días. Por un lado está la opción de seguir siendo
leales al tipo de política representado por Trump, la que
creó una nueva coalición de votantes que entregó la Casa Blanca
y el Congreso en 2016, pero perdió ambos en 2020. Por el otro,
hay un futuro incierto, pero libre de la marca y retórica
del presidente.
En las horas posteriores a los disturbios de la semana pasada,
los demócratas debatieron sobre la mejor forma de responder
y castigar al presidente por instigar un ataque que, en su
opinión, no solo amenazaba la democracia estadounidense sino
que también puso sus vidas en riesgo. Al final, decidieron
que convertir a Trump en el primer presidente obligado a enfrentar
dos juicios políticos era la acción más efectiva, aunque la
acusación llegara en la última semana de su presidencia.
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Jacob Albert Chansley, conocido como Jake Angeli, se hizo
mundialmente famoso la pasada semana por las fotografías que
circularon de él disfrazado de bisonte durante el asalto al
Capitolio. El hombre, que se hace llamar "Yellowstone Wolf",
y que pertenece al movimiento conspiranoico QAnon, ha pedido
por intermediación de su abogado que Donald Trump le conceda
el perdón, ya que se encuentra actualmente detenido junto
a otras 100 personas por su conducta en los disturbios del
6 de enero. "Dada la forma pacífica y obediente en que el
señor Chansley se comportó, sería apropiado y honorable que
el presidente perdonara al señor Chansley y a otras personas
pacíficas de ideas afines", afirmaba su defensor, Albert Watkins,
quien alegó en declaraciones reproducidas por la publicación
The Hill, que su cliente "había escuchado las palabras frecuentemente
repetidas del presidente Trump". "Se supone que las palabras
y la invitación de un presidente significan algo", defendió.
Según el Departamento de Justicia, Chansley ha sido acusado
de entrar o permanecer conscientemente en cualquier edificio
o terreno restringido sin autoridad legal, y de entrada violenta
y conducta desordenada en los terrenos del Capitolio.El asalto
contra ese recinto se saldó con cinco personas muertas, entre
ellas un policía del edificio del Legislativo. Chansley se
entregó a las autoridades y permanece detenido desde el pasado
sábado 9 de Enero.
El director del Buró Federal de Investigaciones (FBI, en
inglés), Christopher Wray, reveló que más de 100 personas
han sido detenidas en relación con el asalto del Capitolio,
en acciones que se han llevado a cabo en lugares como Phoenix
(Arizona), Dallas (Texas) y Honolulu, en el archipiélago de
Hawai.
Wray, cuyo bajo perfil tras el asalto ha sido ampliamente
criticado por algunos de los anteriores responsables del FBI
(más si cabe si se compara con el que mantuvo durante las
manifestaciones del movimiento 'Black Lives Matter'), ha explicado
que entre esas "otras actividades" que están investigando
están "una gran cantidad de conversaciones preocupantes" en
redes sociales en relación a la toma de poder de Biden y vinculadas
con QAnon. Twitter restringía a principios de semana más de
7000 cuentas dedicadas a compartir contenido de este tipo.

Christopher Asher Wray es un abogado estadounidense que se
desempeña como el octavo y actual Director de la Oficina Federal
de Investigaciones desde 2017. De 2003 a 2005, Wray se desempeñó
como Fiscal General Adjunto a cargo de la División de lo Penal
en la Administración de George W. Bush.
Las consecuencias de lo ocurrido en el Capitolio y del polvo
que los sucesos han levantado pueden ser fatales para Trump.
La Cámara de Representantes avaló este miércoles el inicio
de un juicio político contra el presidente saliente, el segundo
que enfrenta desde su llegada a la Casa Blanca, bajo la acusación
de "incitación a la insurrección". Todo ello ha forzado un
giro en el discurso de Trump hacia la condena tajante de la
violencia de la pasada semana. "La violencia y el bandalismo
no tienen absolutamente ningún lugar en nuestro país ni en
nuestro movimiento", declaraba.
Por su parte, el vicepresidente Pence ha insistido nuevamente
en que la actual Administración Trump facilitará una transición
de poder "ordenada" y una investidura "segura", ya que "el
pueblo estadounidense no merece menos". "El pueblo estadounidense
puede estar seguro de que nuestra Administración seguirá trabajando
todos los días desde ahora hasta el 20 de enero para asegurar
una transición ordenada", ha recalcado Pence, quien todavía
no ha confirmado públicamente si acudirá a la toma de posesión
de Biden.
Expertos en sectas advierten sobre el "potencial elevado"
de Qanon para "radicalizar" a sus seguidores en España.
El grupo ultraderechista fundado en Estados Unidos ha
conseguido expandir su mensaje al calor de la crisis
del coronavirus. Representantes de asociaciones que
trabajan en el ámbito sectario alertan del riesgo que
suponen para la democracia.

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El humor del Siglo XXI.
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La toma de posesión de Joe Biden como 46º presidente de Estados
Unidos parece haber estado destinada a ser atípica. Desde
hace tiempo ya se sabía que los planes para este acto, previsto
para el 20 de enero, tendrían que ser distintos para incorporar
los protocolos sanitarios exigidos por la lucha contra el
covid-19. Pero a esa previsión se le han sumado tres circunstancias
adicionales:
- La pandemia registra su momento más severo en Estados Unidos,
con cifras récord de nuevos contagios confirmados y muertes.
- La crisis política desatada tras el asalto al Capitolio
realizado el 6 de enero por partidarios del presidente Donald
Trump, quien ahora debe enfrentar un juicio político por esos
hechos y aún se niega a reconocer los resultados de las elecciones
presidenciales del 3 de noviembre.
- La alerta de los cuerpos de seguridad ante la potencial
amenaza de que se produzcan protestas o actos de violencia
no solamente en Washington DC sino también en los capitolios
de los estados.
La transferencia de mando ha sido considerada tradicionalmente
en Estados Unidos como una fiesta democrática, con una asistencia
multitudinaria. Esta vez las cosas serán diferentes.
El único requisito de la ceremonia es que el mandatario electo
recite el juramento presidencial: "Juro solemnemente que ejerceré
fielmente el cargo de presidente de Estados Unidos y que,
hasta el límite de mis capacidades, preservaré, protegeré
y defenderé la Constitución de Estados Unidos". Una vez que
pronuncie estas palabras, Biden ocupará su lugar como presidente
número 46 y la toma de posesión estará completa (pero eso
no es todo, luego siguen las celebraciones). Kamala Harris
se convertirá en vicepresidenta una vez que preste juramento
en el cargo, lo que generalmente ocurre justo antes de que
el presidente tome posesión.

Por ley, el día de la toma de posesión es el
20 de enero. Este año, los discursos de apertura generalmente
están programados para alrededor de las 11:30 hora local (16:30
GMT), y Joe Biden y Kamala Harris tomarán posesión al mediodía.
Más tarde ese día, Biden se mudará a la Casa Blanca, donde
residirá durante los próximos cuatro años.
La toma de posesión no siempre ocurrió en enero.
Inicialmente, la Constitución establecía el 4 de marzo como
el día para que los nuevos líderes presten juramento. Seleccionar
una fecha a cuatro meses de las elecciones generales de noviembre
tenía sentido en ese momento dado el tiempo que tardaban los
votos de todo el país en llegar a la capital. Con el tiempo,
a medida que los avances modernos facilitaron el recuento
y el informe de los votos, se modificó este largo plazo. La
20ª Enmienda, ratificada en 1933, estableció que el nuevo
presidente tomaría posesión el 20 de enero.

La tradición de hacer la juramentación al aire
libre se inició con Ronald Reagan.
Por lo general, las tomas de posesión presidenciales
requieren grandes despliegues de seguridad. Esa exigencia
se hace más importante ahora, después de que una turba de
seguidores de Trump irrumpieron en el Capitolio el 6 de enero.
El Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en
inglés) advirtió sobre protestas armadas en los capitolios
de los estados y en Washington DC en los días previos a la
ceremonia, lo que llevó a los funcionarios a aumentar la seguridad
y cerrar grandes sectores de la ciudad. En una evaluación
conjunta realizada por esa agencia y por el Departamento de
Seguridad Nacional se justifica el aumento de medidas para
evitar ataques de terroristas internos, quienes "suponen la
amenaza más probable" a la toma de posesión.
Estos extremistas "siguen siendo una preocupación
debido a su capacidad para actuar con poca o sin ninguna advertencia,
su disposición a atacar civiles y blancos fáciles; y su habilidad
para causar un número significativo de víctimas con el uso
de armas que no requieren de conocimiento especializado",
señalaron estas autoridades en un documento citado por The
New York Times. Este viernes, el Pentágono anunció un incremento
hasta 25.000 en el número de efectivos de la Guardia Nacional
que podrán ser desplegados para la toma de posesión de Biden,
unos 4.000 más de los que habían sido autorizados el jueves.

El asalto al Capitolio ejecutado por los seguidores
de Trump obligó a elevar el nivel de alerta de seguridad.
Estos extremistas "siguen siendo una preocupación
debido a su capacidad para actuar con poca o sin ninguna advertencia,
su disposición a atacar civiles y blancos fáciles; y su habilidad
para causar un número significativo de víctimas con el uso
de armas que no requieren de conocimiento especializado",
señalaron estas autoridades en un documento citado por The
New York Times. Este viernes, el Pentágono anunció un incremento
hasta 25.000 en el número de efectivos de la Guardia Nacional
que podrán ser desplegados para la toma de posesión de Biden,
unos 4.000 más de los que habían sido autorizados el jueves.
Un ensayo de la ceremonia que estaba previsto
para el domingo fue pospuesto y reprogramado para el lunes
debido a preocupaciones de seguridad, según informó el sitio
web Politico. Mientras tanto, un viaje en tren de 90 minutos
planeado por Biden y su equipo desde sus oficinas en Delaware
a Washington previsto para el lunes también ha sido suspendido
por los mismos motivos, informó Associated Press. Biden pidió
a Lisa Monaco, la asesora contra el terrorismo del expresidente
Barack Obama, que trabaje como asesora temporal sobre la seguridad
para la toma de posesión. La capital estadounidense se encuentra
en estado de emergencia, por una orden que emitió la alcaldesa
Muriel Bowser ante los disturbios en el Capitolio, y permanecerá
así hasta la toma de posesión Bowser advirtió este viernes
que el sitio donde se realizará la ceremonia no es el único
lugar que ha sido objeto de amenazas en línea. El Servicio
Secreto ha tomado el mando de los planes de seguridad, respaldado
por la Guardia Nacional y de policías. El agente Matt Miller,
quien lidera el esfuerzo de seguridad en nombre del Servicio
Secreto, dijo a los reporteros el viernes que la planificación
del evento ha estado en marcha durante más de un año. Y aunque
Biden ha insistido en prestar juramento en un espacio abierto,
como es tradición, la asistencia se reducirá.
Este año, será una incomodidad distinta: el
presidente saliente no se presentará. "Para todos los que
han preguntado, no iré a la toma de posesión el 20 de enero",
tuiteó Trump el 8 de enero.
El mensaje fue divulgado poco después de que
el mandatario se comprometiera con una transición de poder
"ordenada" a un "nuevo gobierno" y eso es lo más cerca que
ha estado de reconocer públicamente el triunfo de Biden. Algunos
de sus partidarios ya habían dado un paso más, planeando una
"segunda toma de posesión" virtual para Trump el mismo día
(y hora) en que Biden asume el cargo. Más de 68.000 personas
han dicho en Facebook que asistirán al evento en línea para
mostrar su apoyo a Trump. El vicepresidente Mike Pence, sin
embargo, ha dicho que sí asistirá a la ceremonia oficial.

Mike Pence, vicepresidente de Trump, sí acudirá
a la ceremonia.
Cuando Trump prestó juramento en 2017, Hillary
Clinton acudió junto a su esposo, el expresidente Bill Clinton,
a la toma de posesión, solo dos meses después de su derrota
electoral y de una dura campaña contra Trump. Solo tres presidentes
-John Adams, John Quincy Adams y Andrew Johnson- han optado
activamente por no participar en la juramentación de sus sucesores,
algo que no ha hecho ningún mandatario en el último siglo.
En circunstancias normales, Washington DC vería
a cientos de miles de personas acudir en masa a la ciudad
para presenciar la toma de posesión, inundando el National
Mall y ocupando todas las habitaciones disponibles de los
hoteles. Se estima dos millones de visitantes llegaron a la
capital estadounidense cuando el presidente Obama asumió su
primer mandato en 2009. Pero este año, el tamaño de la celebración
será "extremadamente limitado", según ha dicho el equipo de
Biden, que ha instado a los estadounidenses a evitar viajar
a la capital. Biden y Harris seguirán prestando juramento
frente al Capitolio, en un lugar con vista a la icónica explanada
del National Mall (una tradición que comenzó con el presidente
Ronald Reagan en 1981), pero los puestos para observar la
ceremonia que se habían instalado a lo largo de la ruta del
desfile están siendo retirados.

Se estima que unos dos millones de personas acudieron
a las celebraciones por la toma de posesión de Barack
Obama en 2009.

Durante la ceremonia de investidura de
Donald Trump como 45 presidente de Estados Unidos la
agencia Reuters sirvió una foto que en realidad eran
dos: a la izquierda las personas congregadas en el National
Mall, la explanada del Capitolio este viernes a mediodía,
y a la derecha la misma explanada el 20 de enero de
2009, día de la primera investidura de Barack Obama
como presidente de Estados Unidos. Se supone que ambas
imágenes fueron tomadas a la misma hora. Según el Metro
de Washington en un tuit de las cinco y media de la
tarde, desde las 11 de la mañana, hora local, (la toma
de posesión de Trump fue a las 12 de la mañana) se registraron
193.000 viajes. El mismo día de 2013 (segunda investidura
de Obama) hubo 317.000. En 2009 (primera investidura
de Obama), la cifra se elevó hasta los 513.000 viajes.
Y en 2005, segunda investidura de George W. Bush, 197.000.
Las cifras del metro sí parecen indicar que hubo menos
gente moviéndose por Washington esa mañana.

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Se estima dos millones de visitantes llegaron
a la capital estadounidense cuando el presidente Obama asumió
su primer mandato en 2009. Pero este año, el tamaño de la
celebración será "extremadamente limitado", según ha dicho
el equipo de Biden, que ha instado a los estadounidenses a
evitar viajar a la capital. Biden y Harris seguirán prestando
juramento frente al Capitolio, en un lugar con vista a la
icónica explanada del National Mall (una tradición que comenzó
con el presidente Ronald Reagan en 1981), pero los puestos
para observar la ceremonia que se habían instalado a lo largo
de la ruta del desfile están siendo retirados. Gran parte
del parque del National Mall de 3,2 km de largo también estará
cerrado al público. En el pasado, había hasta 200.000 entradas
disponibles para asistir a la ceremonia oficial pero este
año, con las infecciones que siguen aumentando en EE.UU.,
solo estarán disponibles alrededor de 1.000 boletos. Este
año todavía habrá una versión de la tradicional ceremonia
en la que el nuevo comandante en jefe inspecciona las tropas,
pero en lugar del habitual desfile por la avenida Pennsylvania
hasta la Casa Blanca, los organizadores dicen que organizarán
un "desfile virtual".
En los últimos años, los presidentes entrantes
han agregado algunos de los artistas más queridos del país
al programa del día. A pesar de la pandemia, este año no será
diferente. A Biden y a Harris se les unirá Lady Gaga, una
acérrima defensora del presidente entrante que hizo campaña
con él en los días previos a las elecciones.
Lady Gaga cantará el himno nacional y Jennifer
López cantará durante la actuación musical de la ceremonia.
Después de que Biden preste juramento, el actor Tom Hanks
hará de presentador de un programa de televisión en horario
estelar que durará 90 minutos, un reemplazo compatible con
la situación de pandemia de las celebraciones que normalmente
se realizan en persona. Contará con Jon Bon Jovi, Demi Lovato
y Justin Timberlake, y se transmitirá en todas las principales
redes y plataformas de EE.UU., con la excepción de Fox News,
una red conservadora que ha apoyado a Trump durante su presidencia.
En 2009, Aretha Franklin cantó en la toma de posesión de Barack
Obama, interpretando el tema "My Country 'Tis of Thee". Beyoncé
también estuvo presente, cantando "At Last" para la pareja
presidencial en el baile inaugural de su presidencia. En su
segunda toma de posesión en 2013, Obama pidió a Kelly Clarkson
y a Jennifer Hudson que hicieran los honores. Beyoncé volvió
de nuevo, esta vez para cantar el himno nacional.

Beyonce participó en las dos tomas de posesión
de Barack Obama.
Según la prensa estadounidense, Donald Trump
tuvo más problemas para contratar artistas. Elton John rechazó
la oferta para actuar y circularon informaciones según las
cuales Celine Dion, Kiss y Garth Brooks hicieron lo mismo.
Al final, a la toma de posesión del mandatario republicano
asistieron las Rockettes, el artista country Lee Greenwood
y la banda 3 Doors Down.
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El primer senador estadounidense negro vivió una vida
extraordinaria. Hiram Revels subvirtió los estados esclavistas
y reclutó soldados en la Guerra Civil. En los 150 años
desde que asumió el cargo, sigue siendo uno de los 11
senadores negros elegidos o nombrados.
Cuando Hiram Rhodes Revels viajó a Washington en 1870,
trajo consigo una hoja de papel histórica: un documento
escrito a mano que certificaba su derecho a servir en
el Senado de los Estados Unidos. Revels estaba a punto
de convertirse en la primera persona negra en servir
en el Congreso.
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Los servicios de seguridad e inteligencia de Estados Unidos
se encuentran inmersos en una exigente y complicada tarea.
Por un lado tienen que planear y adoptar todas las medidas
de protección posibles para garantizar una ceremonia de investidura
sin sobresaltos para Joe Biden el próximo 20 de enero. Al
tiempo, investigan los sucesos del pasado 6 de enero, cuando
cientos de seguidores de Donald Trump irrumpieron con violencia
en el Capitolio después de haber asistido a una marcha en
la que el propio presidente los alentó a pelear en protesta
por el resultado de las elecciones. Los disturbios causaron
cinco muertos y múltiples heridos, y hasta este fin de semana
se habían realizado más de 100 detenciones.
Más allá de identificar y arrestar a los participantes en
el asalto, el Departamento de Justicia, el Buró Federal de
Investigaciones (FBI) y otras agencias investigan si hubo
una planificación previa del ataque y quiénes fueron los organizadores.
A esto se le suma la acusación de un grupo de congresistas
demócratas que sospechan que los asaltantes pudieron haber
contado con el apoyo de algunos de sus colegas de la bancada
republicana.

Algunos de los detenidos tras el asalto al Capitolio son
exmiembros de las fuerzas de seguridad.
Varias agencias federales trabajan en una investigación a
fondo de los sucesos del día 6 liderada por la oficina del
FBI en Washington DC y el Departamento de Justicia y de la
que se van conociendo más detalles a medida que pasan los
días. Este viernes, el fiscal interino de EE.UU. para el Distrito
de Columbia, Michael Sherwin, reveló que la investigación
apunta a que el objetivo de la turba era "secuestrar y asesinar
a legisladores". El hecho de que muchos de los violentos seguidores
de Trump llevaran esposas y amarres de plástico para inmovilizar
a alguien apunta en esa dirección. El diario The Washington
Post informó que un grupo de asaltantes llegó muy cerca de
la oficina del vicepresidente Mike Pence, apenas un minuto
después de que las fuerzas de seguridad lo hubieran trasladado
a un lugar seguro. No fue el único que estuvo cerca del peligro.
Otros congresistas evitaron el encuentro directo con los atacantes
por pocos minutos, lo que ha hecho que sean cada vez más las
voces que cuestionan el funcionamiento de las medidas de seguridad,
en concreto el papel jugado por la Policía del Capitolio.
En este sentido, la presidenta de la Cámara de Representantes,
Nancy Pelosi, anunció también este viernes la apertura de
otra investigación centrada en la seguridad del Capitolio
que estará en manos del general retirado Russel Honoré.
Para organizaciones que monitorean las actividades de grupos
radicales y de extrema derecha en internet, la violencia del
pasado 6 de enero no fue una sorpresa y las autoridades debían
haber estado mejor preparadas. SITE International Group, una
firma especializada en suministrar información a gobiernos
e instituciones mundiales sobre amenazas terroristas o de
grupos extremistas, publicó un exhaustivo artículo sobre los
indicios que existían de una posible revuelta. "Muchos todavía
no entienden lo abiertamente que se planificó la revuelta
del Capitolio. Llegó después de un mes de estrategias e incitaciones
rampantes a 'atacar y ocupar' el Congreso y secuestrar/arrestar
a legisladores", escribió en Twitter Rita Katz, directora
de SITE.

Desde el FBI explican que la agencia solo puede reaccionar
a los discursos incendiarios en internet cuando hay una amenaza
real de violencia.
Grupos como la Coalición para una Internet más Segura, Advance
Democracy o Alethea también alertaron, antes del día 6, sobre
las conversaciones que tenían lugar online de cara a la marcha
en Washington DC. El intercambio de mensajes se producía en
plataformas frecuentadas por seguidores de Trump como TheDonald.win
o Parler, pero también en redes de uso más extendido como
Facebook o Twitter, donde etiquetas como #StormTheCapitol
("Ataquemos el Capitolio") o #StopTheSteal ("Detengan el robo")
animaban a la movilización. Hay quien dice que la planificación
previa le quita responsabilidad a Trump por lo que dijo en
el discurso del día 6, a lo que otras personas responden que
fue el propio presidente el que alentó esos preparativos al
invitar a sus seguidores a acudir al mitin con estas palabras:
"¡Estén allí! ¡Será salvaje!". "Los partidarios interpretaron
ese 'será salvaje' como que les daba vía libre", tuiteó Katz,
que en una conversación entre seguidores de Trump leyó el
siguiente comentario: "Trump no puede decirte abiertamente
que te rebeles… Esto es lo más cerca que puede llegar".
Otro de los giros sorprendentes de la semana ha sido la sospechas
expresadas por algunos congresistas demócratas que insinúan
que los partidarios de Trump tuvieron apoyo dentro del Congreso.
La alerta más llamativa la planteó la demócrata por Nueva
Jersey Mikie Sherrill, que difundió un video en el que contó
que el día 5, víspera de la violenta jornada, vio varias personas
dentro del Capitolio en visitas guiadas que describió como
"giras de reconocimiento" para el día siguiente.
En este sentido, Sherrill y una treintena de congresistas
demócratas firmaron una carta dirigida a los responsables
de seguridad del Capitolio en la que exigen que se investigue
ese detalle. El documento señala que algunos de los firmantes
"fueron testigos de un gran número de grupos externos en el
complejo del Capitolio el 5 de enero". Los congresistas recuerdan
que debido a la pandemia las visitas del público al Capitolio
han sido canceladas y por tanto solo miembros del Congreso
(legisladores u otros miembros del personal) podrían haber
facilitado el acceso a ese grupo de personas.

La congresista Mikie Sherrill difundió un video en el que
denuncia que hubo inusuales visitas guiadas al Capitolio el
5 de enero, víspera del asalto al edificio.
"Miembros del grupo que atacó el Capitolio parecen haber
tenido un conocimiento inusualmente detallado del plano del
complejo del Capitolio. La presencia de estos grupos en el
Capitolio el día anterior es sin duda sospechosa", apuntan
los congresistas demócratas en la carta. Otros observadores
se han sorprendido también por la aparente facilidad con la
que algunos de los asaltantes se movían dentro del Capitolio
para lo laberíntico que es. La posible implicación de congresistas
republicanos, de quienes no se ha hecho público ningún nombre,
ha suscitado estupor y preocupación, pero también algunas
reacciones de incredulidad y rechazo. El republicano Vern
Buchanan, congresista por Florida, opina que la acusación
es "difícil de creer".

El 6 de enero se vivieron escenas insólitas en la sede del
Congreso de Estados Unidos.
"Las alegaciones de la congresista Sherrill de una conspiración
criminal por miembros del Congreso sin identificar es sorprendente
y difícil de creer", dijo. "Si tiene pruebas de que un miembro
del Congreso realizó visitas de reconocimiento para ayudar
a los alborotadores a planear el ataque de la semana pasada,
las tiene que revelar de inmediato. No vi nada de eso cuando
estuve en el edificio esa semana y me sorprendería mucho saber
que es verdad". Ante una pregunta de la prensa al respecto,
Pelosi fue clara y subrayó dos palabras: verdad y confianza.
"Tenemos que confiar en los colegas, todos hicimos el mismo
juramento de defender y proteger la Constitución de cualquier
enemigo extranjero o interno", dijo la líder demócrata con
la mano derecha haciendo el gesto del juramento. "No obstante,
hay que investigar. Si se demuestra que hubo cómplices que
instigaron y secundaron [el ataque], habrá que tomar medidas
que irán más allá del Congreso, habrá que procesarlos".
El FBI ha eludido pronunciarse sobre si se están investigando
estas alarmantes acusaciones, de las que no se han aportado
pruebas concluyentes. BBC Mundo contactó tanto con la Policía
del Capitolio como con la oficina del FBI en Washington DC.
Los respectivos portavoces dijeron que no pueden dar detalles.
Dos de los testimonios que más eco han tenido estos días y
que muestran la desconfianza entre algunos demócratas y republicanos
han sido los de Alexandria Ocasio-Cortez (Nueva York) y Ayanna
Pressley (Alabama). Ambas congresistas han relatado que en
el momento de refugiarse durante el ataque prefirieron no
estar junto al resto de legisladores por si sus colegas republicanos
las entregaban a los asaltantes.
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El presidente Donald Trump llegó a la Casa Blanca
agitando el populismo y el nacionalismo "Desde hoy,
América primero", proclamó en su toma de posesión
el nuevo mandatario de EE UU.

Donald Trump, durante la ceremonia en la que ha jurado
el cargo este viernes, en Washington.

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Quizás el ataque más famoso al Capitolio fue el de las fuerzas
británicas durante la guerra anglo-estadounidense de 1812.
Las tropas británicas, lideradas por el vicealmirante Sir
Alexander Cockburn y el mayor general Robert Ross, prendieron
fuego al Capitolio, que aún estaba en construcción, después
de invadir Washington DC en agosto de 1814. Fue en represalia
por el incendio provocado por los estadounidenses en York,
la capital del Alto Canadá, una provincia del Imperio británico
en el sudeste de la actual Canadá, ocurrido un año antes.
El edificio del Capitolio sobrevivió gracias a un aguacero.

Las ruinas del Capitolio tras el ataque británico.
Los británicos también prendieron fuego a otros edificios
emblemáticos de la capital estadounidense, incluyendo la Casa
Blanca. El ataque de 1814 fue la única vez que una potencia
extranjera capturó y ocupó Washington DC. En 2014, la embajada
británica en Washington se disculpó después de tuitear una
foto de un pastel de la Casa Blanca rodeado de bengalas, "conmemorando"
el incendio del edificio 200 años antes. Tras el ataque contra
el Capitolio este miércoles, el senador demócrata por New
Jersey Cory Booker dijo que había un paralelismo interesante
entre ambos sucesos, ya que los dos ataques se hicieron en
nombre de un líder individual: en 1814 por el rey de Inglaterra
y ahora en nombre de Trump. "En ambos casos se abandonaron
principios democráticos en favor de un culto a la personalidad",
dijo durante un discurso en el Congreso. La diferencia, señaló,
"es que entonces fue otro país el que nos atacó, y ahora generamos
este infierno desde adentro".
Un siglo después del ataque británico, Erich Muenter, un
exprofesor de alemán en la Universidad de Harvard, hizo estallar
tres cartuchos de dinamita en la sala de recepción del Senado
el 4 de julio de 1915 . La explosión dañó el edificio, pero
nadie murió. Muenter declaró luego que el ataque fue en respuesta
a los financieros estadounidenses que ayudaron a Reino Unido
a enfrentar a Alemania en la Primera Guerra Mundial. Escribiendo
bajo un seudónimo en el Washington Evening Star, Muenter dijo
que esperaba que el ataque "hiciera suficiente ruido para
ser escuchado por encima de las voces que claman por la guerra".
Y agregó: "Esta explosión es un signo de exclamación en mi
llamado a la paz". Un día después del ataque, Muenter le disparó
e hirió al financiero JP Morgan Jr., antes de ser sometido
por el mayordomo de Morgan y arrestado. Se terminó quitando
la vida.
El 1 de marzo de 1954, cuatro nacionalistas puertorriqueños
ingresaron a la galería de visitantes de la Cámara de Representantes
y, flameando la bandera de la isla, gritaron "Libertad para
Puerto Rico" mientras abrían fuego. Cinco congresistas resultaron
heridos. "¡No vine a matar a nadie, vine a morir por Puerto
Rico!" gritó la líder del grupo, Lolita Lebron, durante su
arresto.

Lolita Lebron durante su arresto en 1954.
Lebron fue sentenciada a 50 años tras las rejas, mientras
que los tres hombres que la acompañaban recibieron una pena
de 75 años de prisión. Las sentencias fueron conmutadas más
tarde por el presidente Jimmy Carter. Carter dijo que la liberación
era "un gesto humanitario significativo y sería visto como
tal por gran parte de la comunidad internacional". El grupo
fue vitoreado por una multitud a su regreso a Puerto Rico.
El 7 de noviembre de 1983, una explosión arrasó el segundo
piso del Senado. Unos minutos antes, alguien que decía pertenecer
a un grupo llamado Unidad de Resistencia Armada llamó a una
centralita del Capitolio advirtiendo de un atentado. Según
esa persona, el ataque era en represalia por las acciones
militares estadounidenses en Granada y Líbano. No hubo víctimas,
pero la explosión generó daños costosos.
En 1988, agentes del FBI arrestaron a siete miembros del
grupo radical de izquierda Conspiración de la Resistencia
por el ataque al Capitolio y explosiones separadas en Fort
McNair y Washington Navy Yard, en 1983 y 1984. Linda Evans
y Laura Whitehorn fueron encarceladas por conspiración y destrucción
maliciosa de propiedad del gobierno en 1991. Ambas ahora están
libres.
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Dustin Higgs, un prisionero en el corredor de la muerte
en Indiana, murió este sábado en la última ejecución
federal llevada a cabo durante el gobierno de Donald
Trump, a pocos días de que culmine su presidencia. Higgs
fue condenado por ordenar el asesinato de tres mujeres
jóvenes en el área de Washington DC en 1996, pero hasta
el momento de su muerte negó su rol en los homicidios.
Higgs falleció a las 01:23 hora local (06:23 GMT) después
de recibir la inyección letal. Se trata de la ejecución
número 13 llevada a cabo desde julio, cuando el gobierno
estadounidense puso punto final a un intervalo de 17
años sin ejecuciones federales. El gobierno de Trump
ha afrontado una ola de críticas por su prisa en cumplir
estas sentencias, una acción que rompe con un precedente
de 130 años de detener las ejecuciones durante una transición
presidencial.

Higgs fue declarado culpable y condenado a muerte en
2001 por supervisar el secuestro y asesinato en 1996
de tres mujeres: Tanji Jackson, Tamika Black y Mishann
Chinn. Alexa Cave, hermana de Dustin Higgs, estuvo presente
en la ejecución.
Las mujeres estaban en una cita con Higgs y otros dos
hombres en un apartamento, cuando una rechazó sus avances
y estalló una discusión entre el grupo. Higgs y su cómplice
Willis Haynes se ofrecieron a llevarlas en auto a la
casa, pero en cambio las llevaron a un refugio de vida
silvestre en Maryland, donde Higgs le dio a Haynes un
arma y le dijo que le disparara a las tres, según la
fiscalía. Haynes, quien confesó ser quien disparó, fue
sentenciado a cadena perpetua en un juicio separado.
"Es arbitrario e injusto castigar a Higgs con más severidad
que al verdadero asesino", señaló un abogado durante
un apelación por clemencia dirigida al presidente Trump.
Un tribunal había ordenado la suspensión de la ejecución
de Higgs y otro recluso, Corey Johnson, el martes, después
de que ambos contrajeran covid-19 en el corredor de
la muerte, y los abogados argumentaran que el daño en
el tejido pulmonar les causaría un sufrimiento doloroso
durante la ejecución. Pero el Departamento de Justicia
apeló inmediatamente y ganó el caso. Johnson fue ejecutado
el jueves. Un intento final para detener la ejecución
de Higgs fracasó el viernes, cuando la mayoría conservadora
de la Corte Suprema de EE.UU. votó 6-3 para que se ejecutara
la sentencia.
Por otra parte, Lisa Montgomery, la única mujer en
el corredor de la muerte federal de Estados Unidos,
fue ejecutada este miércoles por asesinato. Recibió
una inyección letal en una prisión de Terre Haute, Indiana,
después de que la Corte Suprema de Estados Unidos levantara
una suspensión de última hora dictada ese mismo día
por el juez James Hanlon. "El estado mental actual de
la sra. Montgomery está tan separado de la realidad
que no puede comprender racionalmente el motivo del
gobierno para ejecutarla", escribió el juez Hanlon.
"La suspensión de la ejecución se concede para permitir
que el tribunal lleve a cabo una audiencia para determinar
la capacidad de la sra. Montgomery de ser ejecutada",
agregó.
Sus abogados habían argumentado que padecía una enfermedad
mental y sufrió graves abusos cuando era niña.

Kelley Henry, abogada de Lisa Montgomery.
Según testigos, una mujer parada junto a Montgomery
durante el proceso de ejecución le quitó la mascarilla
a la reclusa y le preguntó si tenía unas últimas palabras.
Montgomery respondió "No" y no dijo nada más. Fue declarada
muerta a las 01:31 (06:31 GMT). La abogada de Montgomery,
Kelley Henry, dijo que todos los que habían participado
en la ejecución "deberían sentir vergüenza". "El gobierno
no se detuvo ante nada en su empeño por matar a esta
mujer herida y delirante", dijo en un comunicado. "La
ejecución de Lisa Montgomery estuvo lejos de la justicia".
Montgomery, de 52 años, fue ejecutada por el asesinato
de Bobbie Jo Stinnett, de 23 años, cuando esta estaba
embarazada de ocho meses. En diciembre de 2004, Montgomery,
entonces de 36 años, la estranguló para después sacar
al bebé de su útero y secuestrarlo. La madre murió desangrada.
Sus abogados y activistas opositores a la pena de muerte
argumentan que la mujer era una enferma mental víctima
de abuso, la cual merecía misericordia. Pero muchos
otros piensan lo contrario.
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En Estados Unidos, se denomina "pato cojo" o
"rengo" (de "lame duck") a un presidente saliente en el periodo
que va desde la elección de su sucesor hasta su efectiva toma
de posesión. El adjetivo de "cojo" hace referencia a la supuesta
poca capacidad del mandatario saliente de "moverse" políticamente
en ese periodo. Pero, como en tantas otras ocasiones, el gobierno
de Donald Trump ha roto con lo establecido. En las últimas
semanas y días, el Ejecutivo ha tomado importantes decisiones
en materia de política exterior que pueden complicar los planes
de Joe Biden, que toma posesión como el 46º presidente de
EE.UU. el miércoles 20 de enero.
Varias decisiones sobre China tomadas por el
gobierno saliente de Trump volvieron a tensar la relación
entre las dos potencias. La primera de ellas se produjo el
9 de enero, cuando Pompeo anunció el levantamiento de las
restricciones sobre contactos entre diplomáticos estadounidenses
y taiwaneses, rompiendo con una política mantenida por décadas
por la Casa Blanca. China considera a la democrática Taiwán
parte indisputable de su territorio y habitualmente describe
a la que considera una "isla rebelde" como el asunto más delicado
en sus lazos con EE.UU.
A pesar de que EE.UU., como la mayoría de países
en el mundo, no mantiene relaciones formales con Taiwán, el
gobierno de Trump ha aumentado su acciones de respaldo a la
isla, a través de la venta de armas o la legislación para
ayudar a Taipei a gestionar la presión de Pekín.
Tras cuatro años de profundo deterioro de las
relaciones entre las dos potencias mundiales, esta última
medida fue vista como un intento del líder republicano de
fijar la línea dura contra China antes de la toma de posesión
de Biden. "La administración Biden estará legítimamente descontenta
con que una decisión política como esta se realice en los
últimos días de la de Trump", consideró Bonnie Glaser, una
de las mayores expertas en la relación sino-estadounidense
en EE.UU., en declaraciones a Reuters. Glaser, del Centro
de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington,
explicó que algunos ejemplos de las restricciones que Pompeo
levantó incluían que funcionarios taiwaneses no pudieran entrar
en el Departamento de Estado y, por tanto, tuvieran que reunirse
en hoteles.
Un funcionario del equipo de transición de Biden
señaló que una vez que el presidente electo asuma el poder
continuará apoyando "la resolución pacífica de los asuntos
entre las dos orillas del Estrecho [China-Taiwán] en consecuencia
de los deseos y el interés de la sociedad de Taiwán". A la
decisión sobre Taiwán, se sumó otro duro golpe de EE.UU. a
China el último día de presidencia de Trump: la declaración
de las acciones de Pekín contra los uigures de Xinjiang como
"genocidio" y "crímenes contra la Humanidad", lo que agriarán
aun más las relaciones.

Cuba vuelve a estar en la lista de países patrocinadores
del terrorismo de Estados Unidos. La decisión, hecha pública
por el secretario de Estado, Mike Pompeo, llega a pocos días
del cambio de gobierno en Estados Unidos y supondrá un nuevo
reto para la administración de Joe Biden. "Con esta medida
de nuevo hacemos responsable al gobierno de Cuba y mandamos
un claro mensaje: el régimen castrista debe acabar con su
apoyo al terrorismo internacional y con la subversión de la
justicia estadounidense", dijo Pompeo en un comunicado. En
2015, el expresidente Barack Obama había sacado a Cuba de
la lista en la que llevaba desde 1982 en lo que supuso un
paso importante en el "deshielo" que un año después resultaría
en que ambos países reanudaron sus relaciones diplomáticas.
Pero ese acercamiento, como muchas otras políticas del presidente
Obama, fue revertido por el gobierno de Donald Trump, quien
dio paso a una política de mano dura tanto con Cuba como con
Venezuela, que le ha dado mucha popularidad en el sur de Florida.
Pero la decisión de meter a Cuba en la lista en que solo están
Corea del Norte, Irán y Siria (después de que saliera Sudán
tras reconocer el estado de Israel) es algo que podría ser
revertido por Joe Biden cuando asuma la presidencia el 20
enero.

Pompeo hizo el anuncio este lunes.
Para dar una justificación legal, Pompeo señaló
la negativa de Cuba a extraditar a miembros del Ejercito de
Liberación Nacional (ELN) de Colombia tras un atentado con
bomba en enero de 2019 en un academia policial de Bogotá en
el que murieron 22 personas. Cuba ya ha dicho que no lo hará
debido a su papel como mediador en los diálogos de paz entre
el ELN y el gobierno de Colombia. Los líderes del ELN, la
mayor guerrilla activa de Colombia, viajaron a La Habana como
parte de las negociaciones de paz con el gobierno que se rompieron
tras el atentado. Pompeo señaló también que Cuba es el santuario
de fugitivos de Estados Unidos como Joanne Chesimard, también
conocida como Assata Shakur, una militante de Black Power
que huyó a la isla tras escapar de la prisión en que cumplía
condena por la muerte de un policía en Nueva Jersey en 1973.

Joanna Chesimard fue condenada a pasar entre
26 y 33 años en la cárcel.
El secretario de Estado habló también de la
alianza de Cuba con Venezuela, donde Estados Unidos promueve
un cambio de gobierno. Según Pompeo, el apoyo de la isla permite
al presidente Nicolás Maduro mantenerse en el poder y crear
"un entorno permisivo para que terroristas internacionales
vivan en Venezuela". Y sin embargo, el país sudamericano no
está incluido en la lista. "Si el objetivo del gobierno Trump
es presionar al de Miguel Díaz-Canel (presidente de Cuba)
para que deje de apoyar a Maduro, va a fracasar", prevé en
diálogo con BBC Mundo John Kavulich, presidente del Consejo
Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba, con sede en Nueva
York.
A los países que considera patrocinadores del
terrorismo, Washington les prohíbe exportar o vender armas,
ciertas exportaciones que también mejorarían sus capacidades
militares, que son controladas y les restringe la asistencia
económica. Los países en la lista no pueden acceder a préstamos
del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones globales.
En el caso particular de la isla, estas sanciones
ahondaban las que ya habían sido impuestas de manera más extensa
por el embargo económico vigente desde la década de 1960.
Cuba ya estuvo en la lista de 1982 hasta 2015, en medio de
un proceso de normalización de relaciones entre Washington
y La Habana impulsado por el presidente Obama. "El gobierno
de Cuba quería extinguir la llama que mantenían viva algunas
compañías de Estados Unidos de reconectar con Cuba. Este lunes,
el Departamento de Estado lanzó un balde de agua", afirmó
a BBC Mundo Kavulich.

El canciller Bruno Rodríguez ya condenó hace
días lo que se confirmó este lunes: el reingreso de Cuba en
la lista de países patrocinadores del terrorismo.
Las aseguradoras podrán suspender la cobertura
de transacciones y operaciones. "Y habrá más escrutinio en
las operaciones con Cuba, lo que resultará en que menos gobiernos
y empresas querrán tener una relación con la isla", afirmó
Kavulich. "Para las empresas estadounidenses será otro desincentivo,
entre muchos otros, para buscar oportunidades para exportar,
importar o suministrar servicios a Cuba", agregó. Esto llega
en un momento especialmente delicado par Cuba. El 1 de enero
entraron en vigor reformas económicas de gran impacto como
la implantación de la moneda única, el peso cubano, a una
tasa de cambio de US$1=24 pesos. Hasta ahora, además del peso
cubano, también circulaba el peso cubano convertible, cuyo
valor era equivalente a un dólar estadounidense.
La medida está acompañada por la subida de precios
de alimentos, bienes básicos y servicios, y también un incremento
de salarios y pensiones. Analistas dentro y fuera de Cuba
describen estas reformas como las más significativas desde
las introducidas en los 90 para paliar la profunda recesión
tras el colapso de la Unión Soviética, principal benefactor
de la isla durante años. Cuba atraviesa una crisis económica
agravada por la pandemia de coronavirus y el endurecimiento
de sanciones del gobierno de Trump. Este contexto agudizó
la escasez de divisas, alimentos, medicinas y otros bienes
esenciales. El gobierno de Cuba dijo que su economía se había
contraído un 11% en 2020.

Cuba y Estados Unidos reanudaron relaciones
en 2016.
Biden ha dicho que quiere restablecer algún
nivel del compromiso iniciado con Obama, que incluye permitir
que los cubanoamericanos visiten a sus familiares y envíen
dinero. Podría eliminar a Cuba de la lista de países patrocinadores
del terrorismo, pero no será inmediato, ya que el Departamento
de Estado tendría que realizar una revisión formal de la medida.
"Darle la vuelta a esta designación requiere tiempo", dijo
Kavulich, que asegura que para el gobierno Biden puede ser
un problema la conexión que Trump hace entre Cuba y Venezuela.
"La administración Trump conectó con éxito Cuba con Venezuela
y el gobierno entrante de Biden lo ha hecho también. Puede
haber incluso presión de congresistas para agregar a Venezuela
a la lista en lugar de para quitar a Cuba", afirma. El senador
demócrata Patrick Leahy, que apoya el acercamiento de Estados
Unidos tanto a Cuba como a Venezuela, condenó la designación
como "abiertamente politizada" y dijo que "el terrorismo local
en Estados Unidos es una amenaza mucho mayor para los estadounidenses".
El gobierno de Trump también redobló su ofensiva
contra Irán en este último tramo de su presidencia. El 12
de enero, Pompeo acusó al país persa de ser "la nueva sede
central" de Al Qaeda y mantener vínculos estrechos con el
grupo terrorista. Pompeo no aportó pruebas de sus acusaciones.
Teherán las consideró "mentiras belicistas".
Las declaraciones de Pompeo poco antes de su
salida fueron vistas como un intento de reforzar la presión
sobre Teherán antes de la llegada de Biden, que se espera
que intente regresar al acuerdo nuclear firmado en 2015 entre
Irán y seis grandes potencias, del que Trump retiró a EE.UU.
en 2018.

A ello se sumó hace unos días el anuncio del
Departamento de Estado de que declarará a los rebeldes hutíes
de Yemen como organización terrorista, una acción que "se
llevaba esperando meses" y que se teme que agrave la crisis
humanitaria en el país, explicaba la corresponsal jefe de
Internacional de la BBC Lyse Doucet. "Los aliados de EE.UU.
en el Golfo respaldan esta medida, pensada para enviar un
duro mensaje a Irán", ahondaba la periodista. Los hutíes,
que cuentan con el respaldo de Irán, llevan luchando desde
2015 contra una coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen
en una guerra que ha desencadenado una de las peores crisis
humanitarias del mundo.
Algunos, decía la periodista, creen que la medida
puede proporcionar una "valiosa moneda de cambio" al gobierno
de Biden para conseguir concesiones, "pero diplomáticos occidentales
involucrados en los prolongados esfuerzos para empezar un
proceso político que ponga fin a la destructiva guerra están
convencidos de que esto lo pondrá aún más difícil".
Terminar con la guerra en Yemen, una idea que
Obama inicialmente apoyó, será una prioridad para el equipo
de Biden, destacó Doucet; por lo que esta decisión de última
hora, que entrará en vigor un día antes del relevo de poder,
puede que trastoque los planes del nuevo ocupante de la Casa
Blanca.
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El presidente de EEUU, Donald Trump, prevé emitir
alrededor de unos 100 indultos y conmutaciones de penas en
su último día en el cargo, el próximo 20 de enero, entre los
que no se incluirá el mismo, según informó este la cadena
CNN. El medio estadounidense, que asegura haber hablado con
tres personas cercanas a este asunto, las acciones de clemencia
incluyen a varios criminales de "cuello blanco" y conocidos
raperos. La Casa Blanca, aún bajo la presidencia de Trump,
celebró una reunión este domingo para confeccionar esta lista
de indultos. El mandatario saliente, que había estado firmando
un gran número de perdones y conmutaciones de penas a un ritmo
constante durante la Navidad, paró de hacerlo en los días
previos y posteriores a los disturbios del 6 de enero, cuando
se produjo el asalto al Capitolio.
Según CNN, varios asesores de Trump aseguraron
que el presidente se había centrado durante esos días en el
recuento del Colegio Electoral, lo que le impidió tomar decisiones
finales sobre los indultos. Los funcionarios de la Casa Blanca
esperaban que se reanudara este trabajo después del 6 de enero,
pero Trump decidió no hacerlo después de que se le culpara
de incitar los disturbios. Inicialmente, dos listados con
personas indultadas estaban ya preparados para aplicarse,
uno al final de la semana pasada y otro el martes. Ahora,
los funcionarios esperan que este último listado del domingo
sea el único que quede, a menos que Trump decida en el último
minuto otorgar indultos a aliados controvertidos, miembros
de su familia o él mismo. Se espera que el último lote de
acciones de clemencia incluya una combinación de indultos
orientados a la reforma de la justicia penal y otros más controvertidos
obtenidos o distribuidos a aliados políticos, según CNN. Los
indultos son uno de los elementos que Trump debe completar
antes de que termine su presidencia y la deje en manos del
demócrata Joe Biden.
Si bien Trump ha seguido insistiendo falsamente
en que ganó las elecciones presidenciales en lugar de Biden,
el indulto del presidente al exasesor de Seguridad Nacional
Michael Flynn fue una señal de que Trump entiende que su mandato
está llegando a su fin. El presidente anunció una ola de indultos
en los días previos a Navidad, lo que dio inicio a lo que
se espera que sea un aluvión de indultos y conmutaciones en
las próximas semanas antes de que concluya su tiempo en el
cargo.
Los socios de Trump apelan al presidente con
la esperanza de obtener indultos antes de que deje el cargo,
dijo el martes a CNN una fuente familiarizada con el asunto.
La lista incluye a Rudy Giuliani, quien ha liderando las batallas
legales del presidente para revertir los resultados de las
elecciones presidenciales de 2020 y privar del derecho al
voto a millones de votantes en su papel como abogado personal
de Trump. Y, desde las elecciones, Trump ha discutido la posibilidad
de otorgar indultos preventivos a varias personas cercanas
a él. Esto incluiría a sus hijos, su yerno y Giuliani, confirmó
una fuente separada de la familia a CNN.

Rudolph William Louis «Rudy» Giuliani, KBE,
es un abogado, asesor en ciberseguridad y político estadounidense
que se desempeñó como el 107º alcalde de la ciudad de Nueva
York de 1994 a 2001. Políticamente demócrata y luego independiente
en la década de 1970, Giuliani ha sido republicano desde la
década de 1980.?
Trump a menudo ha pasado por alto a la Oficina
del Abogado de Indultos del Departamento de Justicia para
decidir a quién se le concede el indulto. En cambio, el presidente
ha optado por actuar en base a los llamados de celebridades,
medios conservadores o sus aliados republicanos. Aquí hay
un vistazo a algunas de las personas de alto perfil a quienes
Trump otorgó indultos y conmutaciones de las penas durante
su tiempo en la Casa Blanca:
Roger Stone: Trump anunció el 23 de diciembre
que indultó a su viejo amigo Stone. A Stone lo condenaron
por crímenes que incluyeron mentirle al Congreso en parte,
dijeron los fiscales, para proteger al presidente. Meses atrás,
el presidente conmutó la pena de prisión de Stone días antes
de que se presentara a una prisión federal en Georgia.
Charles Kushner: Trump también anunció el 23
de diciembre que indultó a Charles Kushner, el padre del yerno
del presidente, Jared Kushner. Kushner había cumplido condena
hace más de una década después de declararse culpable de 16
cargos de evasión de impuestos, un cargo de represalias contra
un testigo federal, su cuñado, y otro cargo de mentir a la
Comisión Federal Electoral.
Paul Manafort: Trump indultó a Manafort, su
exjefe de campaña de 2016, el 23 de diciembre. En ese momento,
Manafort cumplía lo que restaba de su sentencia de prisión
de 7,5 años desde su casa, luego de que lo liberaran meses
atrás debido a las preocupaciones por la posibilidad de que
contrajera coronavirus. Un jurado de delitos fiscales y bancarios
condenó a Manafort en agosto de 2018. Luego se declaró culpable
de conspiración y obstrucción de la justicia.
Margaret Hunter: Trump indultó a Margaret Hunter,
la esposa del exrepresentante republicano Duncan Hunter de
California, el 23 de diciembre, un día después de indultar
a su esposo. Margaret Hunter fue sentenciada en agosto a ocho
meses de confinamiento domiciliario después de que se declarara
culpable de uso indebido de fondos de campaña.
George Papadopoulos: Trump anunció el 22 de
diciembre que había otorgado un indulto a Papadopoulos, un
exasistente de campaña de 2016 que se declaró culpable de
mentir a los investigadores durante la investigación de Rusia.

George Papadopoulos visita «The Story With Martha
MacCallum» en los Estudios Fox News el 26 de marzo de 2019,
en la ciudad de Nueva York.
Alex van der Zwaan: el abogado holandés, sentenciado
a 30 días de cárcel después de declararse culpable de mentir
a los investigadores de Mueller, recibió un indulto de Trump
el 22 de diciembre. Van der Zwaan pasó casi un mes en prisión
antes de que lo deportaran a Europa en junio de 2018.
Duncan Hunter: el presidente indultó
al excongresista republicano de California el 22 de diciembre.
A Hunter lo sentenciaron a principios de año a 11 meses de
prisión y tres años de libertad supervisada por cargos relacionados
con el uso indebido de más de US$ 200.000 de fondos de campaña
para fines personales.
Chris Collins: Trump indultó a Collins, un excongresista
republicano de Nueva York, el 22 de diciembre. Collins se
declaró culpable en octubre de 2019 de un cargo de conspiración
para cometer fraude de valores y un cargo de hacer una declaración
falsa. Al momento del indulto, cumplía su sentencia de prisión
de 26 meses.

Chris Collins, con su esposa Mary a su lado,
da una conferencia de prensa en respuesta a su arresto por
uso de información privilegiada el 8 de agosto de 2018 en
Buffalo, Nueva York
Cuatro guardias de Blackwater: cuatro guardias
de Blackwater, Nicholas Slatten, Paul Slough, Evan Liberty
y Dustin Heard, fueron indultados por Trump el 22 de diciembre.
Un jurado federal los condenó en 2014 por su participación
en un tiroteo mortal contra civiles iraquíes.

Dos agentes de la Patrulla Fronteriza: Ignacio
Ramos y Jose Compean, dos exagentes de la Patrulla Fronteriza,
también fueron indultados por Trump el 22 de diciembre. Los
exagentes fueron condenados en 2006 por disparar y herir a
un inmigrante indocumentado desarmado y luego encubrir el
hecho.
Alfonso Costa: Trump indultó a Costa, un dentista
que se declaró culpable de fraude a la atención médica, el
22 de diciembre.
Alfred Lee Crum: el 22 de diciembre, Trump indultó
a Crum, quien se declaró culpable en 1952 de destilar ilegalmente
alcohol.
Weldon Angelos: Trump indultó a Angelos, sentenciado
a 55 años de prisión por vender marihuana y portar una pistola,
el 22 de diciembre.
Philip Lyman: Trump indultó el 22 de diciembre
a Lyman, un comisionado de condado en Utah sentenciado a 10
días de cárcel por su protesta frente a las restricciones
de uso de vehículos todo terreno en terrenos federales.
Otis Gordon: el 22 de diciembre, Trump indultó
a Gordon, condenado por posesión con intención de distribuir.
Steve Stockman: Trump anunció el 22 de diciembre
que había conmutado la pena de prisión restante de Stockman,
un excongresista republicano de Texas condenado por un jurado
en el estado por casi dos docenas de delitos graves, incluidos
fraude y lavado de dinero.
Philip Esformes: el 22 de diciembre Trump conmutó
parte de su sentencia al magnate de los asilos de ancianos
de Florida, condenado por pagar sobornos en un caso de fraude
al Medicare.
Michael Flynn: Trump anunció el 25 de noviembre
que le otorgaría a Flynn, su exasesor de Seguridad Nacional,
un indulto que lo exonera de todo lo relacionado con la investigación
que el FBI llevó a cabo sobre sus contactos con Rusia, su
cooperación durante la investigación de Mueller y otros casos
que Mueller podría haber investigado, y sus revelaciones sobre
el cabildeo secreto a favor de Turquía en 2016 antes de convertirse
en el primer asesor de Seguridad Nacional de Trump.

Michael Flynn deja el juzgado estadounidense
E. Barrett Prettyman en junio de 2019, en Washington DC.

El esperado grupo de 100 indultos y conmutaciones
de sentencias del presidente Donald Trump en el penúltimo
día de su presidencia no será más alto que el de sus predecesores
recientes. Pero su historial de clemencia bien podría ser
el más controvertido. A diferencia de presidentes anteriores,
Trump mostró poco interés en utilizar la oficina del
Abogado de Indulto del Departamento de Justicia para evaluar
las solicitudes de indulto presidencial. En cambio, los solicitantes
se acercaron a la Casa Blanca directamente, llamando o enviando
un correo electrónico al asesor principal Jared Kushner, al
secretario general de la Casa Blanca Mark Meadows o al abogado
de la Casa Blanca Pat Cipollone, cuando no podian contactar
al propio Trump.
Muchas de las personas que Trump ha elegido
perdonar siguen líneas predecibles: socios como Roger Stone
y Michael Flynn, que se mantuvieron leales a él durante sus
problemas legales; criminales con vínculos familiares o amistosos
con la administración, como Charles, el padre de Jared Kushner;
celebridades o personas relacionadas con celebridades, como
Rod Blagojevich, y aquellos cuya causa fue retomada por los
medios conservadores, como los guardias de seguridad de Blackwater
que masacraron a civiles iraquíes.
Ha perdonado o conmutado las sentencias de algunas
personas que cumplen largas penas de prisión por delitos de
poca importancia, como Alice Johnson, quien habló en la Convención
Nacional Republicana.
Pero, en general, el historial de indultos de
Trump ha superado las normas históricas. Muchos de los criminales
de alto perfil a los que ha indultado han mostrado poca contrición
o remordimiento por sus crímenes y pocos han argumentado que
fueron condenados injustamente.

Steve Bannon y Lil Wayne, dos de los destacados
en la lista final de Trump
Bannon es considerado el creador del llamado "trumpismo",
una forma de hacer política, bronca y deslenguada.
Donald Trump termina su presidencia con una aprobación
de 34%, la más baja de su gestión.
Diversos líderes como Bolsonaro en Brasil o
Abascal en España son considerados seguidores.
En la lista figuran una mezcla de criminales de cuello
blanco y personas cuyos casos han sido defendidos por
activistas de la justicia. Los indultos más controvertidos
que llegaron a barajarse eran para personas como Edward
Snowden, Julian Assange y Stephen Bannon. El influyente
ex asesor de Trump es el único de ellos que fue beneficiado
por su antiguo jefe.

La anterior tanda de indultos la había concedido en
diciembre. Los beneficiados en ese caso fueron su ex
jefe de campaña Paul Manafort y su ex asesor Roger Stone,
en la imagen, dos de los principales condenados por
causas derivadas de la larga investigación sobre el
papel de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016.
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El presidente Barack Obama indultó o conmutó
las sentencias de 330 personas el día antes de dejar el cargo,
una cifra récord enfocada principalmente en infractores de
drogas de bajo nivel que cumplían sentencias obligatorias.
El presidente George W. Bush fue más parco con el uso de indultos
y conmutaciones. Conmutó las sentencias de dos agentes fronterizos
cuando dejaba de la oficina (Trump luego los indultó). Pero
escribió en sus memorias cómo le llegó una avalancha de solicitudes
cuando concluyó su mandato.
«Una de las mayores sorpresas de mi presidencia
fue la avalancha de solicitudes de indulto al final. No podía
creer la cantidad de personas que me sugerían que un amigo
o excolega merecía un indulto. Al principio me sentí frustrado.
Luego estaba molesto», escribió en su libro «Decision Points».
«Llegué a ver una enorme injusticia en el sistema», agregó.
«Si tuvieras conexiones con el presidente, podrías insertar
tu caso en el frenesí de última hora. De lo contrario, tendrías
que esperar a que el Departamento de Justicia realizara una
revisión e hiciera una recomendación. En mis últimas semanas
en el cargo, decidí que no indultaría a nadie que se saliera
de los canales formales».
Bush dijo que le comentó a Obama en su viaje
compartido en limusina al Capitolio de Estados Unidos para
la toma de posesión de este que desarrollara una política
de indultos desde el principio y se apegara a ella.
El presidente Bill Clinton atrajo el escrutinio
por sus indultos y conmutaciones para 140 personas en el día
de su toma de posesión, en el año 2000, que incluyó donantes
de alto perfil y partidarios políticos como Marc Rich, su
medio hermano Roger y Patty Hearst. Algunos de ellos persiguieron
a los intermediarios, pagaron altas sumas e intervinieron
con Clinton para defender su caso. Pero la mayoría de las
personas en su lista pasaron por el proceso del Departamento
de Justicia. El presidente George Bush indultó a una docena
de personas un día antes de dejar el cargo. El presidente
Ronald Reagan indultó a unas 25 personas durante su última
semana como presidente. Y el presidente Jimmy Carter, al dejar
el cargo, indultó a Pete Yarrow, del grupo Peter, Paul y Mary,
por un delito de «libertades indecentes» con una niña de 14
años.

Ronald Wilson Reagan fue un político y actor
estadounidense que sirvió como 40.° presidente de los Estados
Unidos desde 1981 a 1989 y el 33.er gobernador de California
desde 1967 a 1975. Reagan fue criado en una familia pobre
de un pequeño pueblo del norte de Illinois.
“El Presidente tendrá la facultad de conceder
rescates e indultos por delitos contra los Estados Unidos,
excepto en casos de juicio político”, dice el Artículo 2 de
la Constitución de los Estados Unidos (Sección 2, Cláusula
1). Para entender por qué los padres fundadores incluyeron
esa prorrogativa en el texto constitucional es vital tener
en cuenta que estaban imbuidos en las normas del derecho inglés,
donde se encuentran los orígenes de esta facultad. Los historiadores
sostienen que esta tradición comenzó en el siglo VII, durante
el reinado de Ine, de Wessex. Esta práctica persistió a lo
largo del período colonial americano. No obstante, fue objeto
de debate durante la Convención Constituyente de 1787. George
Mason fue uno de los principales detractores, con el argumento
de que “el Presidente (...) con frecuencia podría indultar
delitos que él mismo aconsejó”. Pero primó la postura de Alexander
Hamilton, que creyó necesario introducir el indulto como una
forma de contrapeso del Poder Ejecutivo al Judicial.
La Corte Suprema determinó a través de distintos
fallos que se trata de una atribución “sin límites”, es decir,
que el mandatario podría concederla a quién quiera, por las
razones que considere. Pero, en rigor, sí hay algunas limitaciones.
La primera es que se restringe a delitos federales. Eso significa
que cualquier crimen que viole una norma de nivel estatal
está fuera del alcance del perdón presidencial. El segundo
gran límite es que si un funcionario es destituido a través
de un juicio político tampoco podría indultarlo. Pero, fuera
de estas consideraciones, el alcance del indulto es efectivamente
ilimitado. Y todos los presidentes se sintieron habilitados
luego de que el propio George Washington, héroe de la independencia
y primer presidente estadounidense, otorgara un perdón a dos
hombres que habían planeado la llamada “Rebelión del Whisky”,
contra un impuesto federal sobre el alcohol. Al menos desde
finales del siglo XIX, no hubo un solo presidente que se privara
de indultar a alguien. El récord lo ostenta Franklin Delano
Roosevelt (1933 - 1945), que en sus 12 años de gobierno —más
que cualquier otro mandatario estadounidense— indultó a 2.819
personas. Los otros que superaron los 1.000 fueron Harry S.
Truman (1945 - 1953), con 1.913; Dwight D. Eisenhower (1953
- 1961), con 1.110; y Woodrow Wilson (1913 - 1921), con 1.087.
El que menos indultos concedió fue George H. W. Bush (1989
- 1993): 74. Por su parte, Barack Obama otorgó 212 y George
W. Bush 189.

Franklin D. Roosevelt durante la Conferencia de Teherán.
La Operación Weistprung, el plan de Hitler
para acabar con Stalin, Churchill y Roosevelt. El 28
de noviembre de 1943 fue el día escogido por Adolf Hitler
para llevar a cabo la Operación Weitsprung, una misión
que debía terminar con la vida de los líderes aliados
Josef Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt
durante la Conferencia de Teherán, y de esta manera
dar un giro definitivo a la guerra. Sin embargo algo
no salió como él esperaba.

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Algunos perdones son especialmente recordados.
Por ejemplo, en 1977 Jimmy Carter indultó a cientos de miles
de personas que se habían resistido a ir a la guerra de Vietnam
a pesar de la conscripción obligatoria. En 1992, George HW
Bush indultó a seis acusados en el escándalo Irán-Contra,
uno de los mayores de la época de su predecesor, Ronald Reagan,
incluyendo al ex secretario de defensa Caspar Weinberger.
Ese es uno de los ejemplos de que no es necesario que alguien
haya sido condenado para que el presidente lo indulte. En
verdad, incluso puede concederse el perdón sobre alguien que
no fue acusado formalmente. El caso más extremo es el “indulto
completo, libre y absoluto” que Gerald Ford concedió a Richard
Nixon en 1974 para evitar que lo juzguen por el escándalo
de Watergate. El texto se refería a los crímenes que “cometió
o pudo haber cometido” Nixon, que renunció a la presidencia
por ese caso cuando empezaba a ser sometido a un juicio político
—pero antes de que se aprobara—. Otros de los indultos más
escandalosos los otorgó Bill Clinton en 2001. Uno fue a su
medio hermano Roger Clinton, por una condena relacionada con
posesión de cocaína en 1985, por la cual había estado alrededor
de un año en prisión. El otro, a Susan McDougal, quien había
sido su socia de negocios.
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