Hoy se cumplen treinta años de la brutal paliza
a Rodney King, la mecha que encendió la ira de un país. Los
Ángeles ardió en llamas durante cinco días en los que fue
necesario decretar el estado de emergencia. Más de 50 muertos
y 2.000 heridos, siete mil incendios, cerca de mil millones
de euros de pérdidas económicas y la reforma del cuerpo policial
fueron el balance final de una intervención desmesurada. En
la madrugada del 3 de marzo de 1991, King conducía bajo los
efectos del alcohol junto a dos amigos por la autopista, sobrepasando
la velocidad permitida. Cuando los agentes le dieron el alto,
en lugar de parar aceleró. En el momento en el que el vehículo
fue finalmente detenido, autoridades y ocupantes se encontraban
en un callejón oscuro.
El conductor, de color negro, recibió entonces
una brutal paliza que un vecino grabó desde su ventana. Le
golpearon con todo: porras del aluminio, patadas, armas eléctricas...
Cuando la cadeba local KTLA reprodujo las imágenes, el asunto
se convirtió en noticia internacional. A pesar de ello, no
hubo castigo para los culpables en primera instancia. El 29
de abril de 1992 un jurado formado por diez miembros blancos,
uno asiático y uno latino absolvió a cuatro agentes de policía.
Se desató el infierno. El caso fue interpretado como una clara
muestra del racismo imperante y los disturbios se propagaron.
Fue necesario desplegar 2.000 tropas de la Guardia Nacional.
Rodney King se convirtió en un símbolo del enfrentamiento
racial en los Estados Unidos. Su caso simbolizaba el abuso
que sufrían a diario a manos de los policías de raza blanca
los ciudadanos afroamericanos.

Una de las primeras cosas que hizo George Holliday
con su flamante cámara Sony Handycam de vídeo 8 milímetros
fue salir a curiosear a un bar que había enfrente de su casa,
al norte de Los Ángeles, donde estaban rodando una película.
Era Terminator 2 y se rodaba la escena la que el cíborg le
quita la ropa y la moto a un pandillero. Alcanzó a grabar
a Arnold Schwarzenegger en la moto. En la madrugada del 3
de marzo de 1991, sobre esa misma cinta y en ese mismo lugar,
grabó la salvaje paliza de la policía a un hombre negro llamado
Rodney King. Fue el primer vídeo viral antes de que existiera
esa palabra. El vídeo se convertiría en el primer ejemplo
de reporterismo ciudadano, en un símbolo de la brutalidad
policial y en el origen de los mayores disturbios raciales
de la historia.
Era casi la una de la madrugada cuando le despertó
el ruido del helicóptero, relata. La policía venía persiguiendo
a King a más de 160 kilómetros por hora por la autopista hasta
que se paró en un arcén delante de la casa de Holliday. Cuando
salió al balcón y vio policía, decidió empezar a grabar. King
estaba a unos 40 metros de él. En la cinta se oyen los golpes
de los porrazos sobre su cuerpo durante ocho minutos. Fue
el primer ciudadano conocido que tomó la decisión de grabar
la brutalidad de la policía contra un hombre negro. “En ese
momento yo estoy pensando: ¿qué habrá hecho este tipo para
merecerse eso?”.
No había teléfonos móviles, ni YouTube, ni redes
sociales. George Holliday no sabía la importancia de lo que
había grabado ni qué hacer con ello. Al día siguiente fue
la maratón de Los Ángeles y acudió a grabar a un amigo que
corría. Lo hizo a continuación de esa misma cinta. El vídeo
casero más famoso del mundo empieza con Schwarzenegger en
moto, sigue con Rodney King apaleado y acaba con un desconocido
cruzando la meta de una maratón.

Ese domingo fue a una boda donde contó lo que
había visto y nadie le dio importancia. Llamó a la comisaría
de su barrio a preguntar qué había pasado la noche anterior,
pero la policía no quiso decirle nada por teléfono a un curioso
y le colgó. Finalmente, llamó a la televisión local señera
de Los Ángeles, KTLA, a preguntar si sabían algo de una operación
policial en su barrio. “En la conversación surgió el hecho
de que lo tenía grabado y me dijeron que si les podía enseñar
la cinta”. Esa noche, KTLA puso la grabación en el telediario
de las 10 de la noche. Fue la segunda noticia, después de
la publicidad. En la pantalla ponía: “Filmado por George Holliday,
Lakeview Terrace”. “El teléfono explotó. Todo el mundo quería
una entrevista y una copia de la cinta. Tuve que desconectar
el teléfono, físicamente”. A la mañana siguiente fue a la
emisora a recuperar la cinta. “Me dijeron que era una historia
más grande de lo que pensaban y que si se la podían quedar
dos días en exclusiva por 500 dólares”. Aceptó. Esa misma
tarde, el departamento de Asuntos Internos de la Policía de
Los Ángeles se presentó en KTLA y confiscó la cinta. Afortunadamente,
habían hecho una copia y se la dieron.
Cuatro policías blancos fueron a juicio por
la agresión. El 29 de abril de 1992, fueron absueltos por
un jurado de blancos, a pesar de que el mundo entero había
visto, por primera vez en la historia, la prueba en vídeo.
Esa tarde empezaron en el sur de Los Ángeles los peores disturbios
raciales de Estados Unidos. La violencia duró seis días y
murieron más de 60 personas. “Ha habido gente que me ha echado
la culpa de los disturbios. Lo que hay en la cinta causó los
disturbios, no la cinta”, se defiende. Holliday cuenta todo
esto en perfecto español porteño. Es hijo de padre inglés
y madre alemana. Su padre era un alto directivo de la petrolera
Shell y tuvo puestos en distintos países. George nació en
Canadá y vivió en Indonesia y Londres, pero su padre eligió
Buenos Aires para retirarse. De allí se vino a Los Ángeles
a buscar trabajo a finales de los 80, porque en Argentina
no conseguía independizarse. “Un día vino mi hijo del colegio
y me dijo: ‘Papá, apareces en un libro de historia”, dice
Holliday.

Rodney King, en un discurso público.
Una generación entera solo oye el nombre de
Rodney King cuando surge un vídeo de brutalidad policial,
ahora grabados con teléfonos, y algún presentador de televisión
recuerda el precedente. Lo que más ilusión le hace no es eso,
sino aparecer en una pregunta del juego Trivial Pursuit. Aún
le reconocen por la calle, un cuarto de siglo después, a pesar
de que ya casi no da entrevistas. Nunca hizo fortuna con el
vídeo, dice que le engañaron varias veces. A sus 57 años trabaja
de fontanero por cuenta propia. Un amigo le ayuda a vender
derechos de emisión para documentales, reportajes o películas.
Holliday recuperó hace pocos años la cámara Sony, también
confiscada como prueba para el juicio. La cinta original sigue
en poder del FBI. Nunca habló con Rodney King sobre aquella
noche. Holliday recuerda el lugar exacto en el que un día
paró a echar gasolina, aproximadamente un año después del
vídeo. Cuando iba a pagar, alguien le gritó desde la otra
punta de la gasolinera: “¡Eh! ¡George Holliday! ¿Sabes quién
soy?”, le dijo. “No le reconocí, solo le había visto en fotos
con la cara golpeada”. Era Rodney King. “Me dijo: ‘Usted me
salvó la vida’. Yo no supe qué decir. Nos dimos la mano y
nos dijimos adiós”.
El cuerpo sin vida de King, que tenía 47 años, fue encontrado
en el fondo de la piscina de su vivienda en Rialto (California)
el pasado mes de junio de 2012 por su prometida, Cynthia
Kelly, quien alertó a los servicios de emergencias que
no pudieron hacer nada por salvarlo. Los forenses hallaron
en su cuerpo restos de cocaína, polvo de ángel, marihuana
y había estado bebiendo ese mismo día. |
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Coincidiendo con las protestas masivas originadas por casos
como el de George Floyd, muerto por la asfixia provocada por
un oficial de policía en mayo del 2020, la firma Disney empezó
a revisar su propia producción de la era clásica rastreando
aquellos detalles abiertamente racistas que, si bien pasaron
desapercibidos -o no se tuvieron muy en cuenta- entre la década
de los 40 y la de los 70, hoy resultarían inadmisibles. La
plataforma Disney + vela por su catálogo y la corrección del
mismo, aunque el creador del estudio, Walt Disney, no fuera,
ideológicamente, un dechado de virtudes democráticas. En octubre
del año pasado, el estudio ya anunció que había añadido advertencias
en dos de sus títulos clásicos, 'Peter Pan' (1953) y 'Los
aristogatos' (1970), para informar a los espectadores de que
estos filmes tenían clichés racistas. También estaba en el
punto de mira ‘El libro de la selva’ (1967), esencialmente
porque el rey Louie es un orangután que canta ‘dixieland’.
Por supuesto, no aparece en la novela original de Rudyard
Kipling.
La fórmula empleada no deja de resultar original, al menos
para ganarse adeptos. En la advertencia en cada película puede
leerse que se trata de estereotipos que eran erróneos entonces
y lo siguen siendo ahora. Disney prefiere hacer hincapié en
los errores culturales del pasado antes que eliminar las escenas
en cuestión, lo que no deja de ser un estratégico reclamo
publicitario.

El problema con las connotaciones racistas de algunos clásicos
es antiguo, remontándose incluso a la propia fecha de lanzamiento
de ciertas películas.
De este modo, el espectador puede seguir viendo en ‘Los aristogatos’
a Shun Gon, el gato siamés de ojos rasgados, advertido de
que es un cliché racista -toca además el piano con palillos
de comer-, y en ‘Peter Pan’ a un grupo de habitantes del País
de Nunca Jamás denominados pieles rojas, que entonces era
una forma absurda y común de llamar a los nativos americanos
y hoy resulta totalmente despectivo.
La pregunta es si se aplicará el mismo criterio al cine de
imagen real, porque son millares los wésterns en los que se
dice explícitamente pieles rojas en vez de apaches, comanches,
sioux o navajos. Estos personajes de ‘Peter Pan’ hablan además
una lengua ininteligible, error ridículo y forzado que también
se produjo en la versión española de ‘Fort Apache’ (1948),
de John Ford, en la que el caudillo apache Cochise parlotea
en un idioma extraño, cuando en la versión original habla
español: el doblaje también ha hecho mucho daño en este sentido.
Ahora Disney ha llevado más lejos lo que anunció el pasado
octubre: 'Peter Pan', 'Los aristogatos' y 'Dumbo' (1941) dejan
de estar disponibles en el catálogo al que dan acceso los
perfiles de usuarios menores de siete años y pasan directamente
al catálogo para adultos, aunque cuesta imaginar a un adulto
viendo en casa sin sus hijos cualquiera de estas películas.
Los filmes siguen manteniendo la advertencia de que tienen
escenas de maltrato a personas y culturas.

De todos, el caso más flagrante es sin duda el de 'Dumbo',
donde el estereotipo racista resulta brutal: además de algunas
escenas de humillación de los esclavos afroamericanos, el
líder de la bandada de cuervos se llama Jim Crow, que es el
nombre que recibieron las leyes estatales y locales destinadas
a reforzar la segregación racial que no serían derogadas hasta
1964. Disney sabe de qué va la historia. No es la primera
vez que tiene que advertir o recular. Y posiblemente no será
la última. Posee en su historial una mancha indeleble llamada
'Canción del sur' (1946), una mezcla de animación e imagen
real en la que los esclavos son felices de serlo y las plantaciones
son poco menos que un edén para ellos. El filme no se exhibe
en salas desde la década de los 80, tampoco ha sido editado
nunca en DVD y no aparece en el catálogo de Disney +. La plataforma
ha decidido en este caso borrar antes que advertir.
En su caso, además, Disney también tiene que lavar la imagen
de sus parques temáticos. La veterana atracción 'Jungle cruise',
inaugurada en 1955 y publicitada como "alta aventura en un
pintoresco y cómico recorrido en barco por exóticos ríos de
Asia, África y Sudamérica", va a cambiar de contenidos: sin
haber estado nunca, uno puede imaginarse cómo debe ser ese
"pintoresco y cómico" itinerario por tan "exóticos" ríos que
no son estadounidenses. Veremos si los cambios ya son efectivos
en la película inspirada en la atracción que ha realizado
Jaume Collet-Serra con Dwayne Johnson y Emily Blunt, con estreno
anunciado en España para el próximo agosto. Por supuesto,
la controversia racial y el revisionismo cultural no atañen
solo a los estudios Disney en Hollywood, y en cuanto al cine
de animación se refiere, algunos cortos de Tex Avery (Metro
y Warner Bros.) o de Chuck Jones (Warner) no pasarían el corte
o serían susceptibles de ser eliminados, aunque no solo por
temas raciales. El pasado junio, HBO retiraba sutilmente 'Lo
que el viento se llevó' (1939) por algunas de sus secuencias
abiertamente racistas, aunque la película en su globalidad
no pueda considerarse un manifiesto de la supremacía blanca
como si lo fue en su momento ‘El nacimiento de una nación’
(1915), cuya consideración de clásico entre los clásicos -por
motivos de lenguaje cinematográfico, no ideológicos- la mantiene
preservada de otras consideraciones: pese a su argumento -el
héroe es miembro del Ku Klux Klan, mientras que los sádicos
villanos son todos de raza negra-, la película de David W.
Griffith fue considerada en 1992 por la Biblioteca del Congreso
de Estados Unidos una obra "cultural, histórica y estéticamente
significativa". ¿Hasta cuando?
Griffith, el racista sureño que reinventó el cine.
Un director pionero que revolucionó Hollywood con recursos
como el flashback, pero también escandalizó por sus
ideas racistas.


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En los tiempos de ‘El nacimiento de una nación’ triunfaban
los espectáculos denominados ‘blackface’, en los que actores
blancos se pintaban la cara exageradamente de negro y los
labios de rojo intenso para interpretar personajes afroamericanos
y ridiculizarlos. Spike Lee dedicó hace dos décadas un brillante
e infravalorado filme al tema, ‘Bamboozled’ (2000), que hoy,
visto el panorama, tendría mayor repercusión. Conviene recordar
que la primera película con sonido sincronizado de la historia,
‘El cantor de jazz’ (1927), fue protagonizada por un actor
blanco, Al Jolson, con la cara tiznada de negro y los labios
blancos.
El cine contemporáneo combate la afrenta: con el mismo título
de ‘El nacimiento de una nación’, Nate Parker realizó e interpretó
en 2016 un filme sobre Nat Turner, el esclavo que lideró una
revuelta en 1831. La mayor parte de los estudios, a buen seguro,
seguirán o empezarán a revisar su material antiguo en un proceso
de urgente y lícita (pero también delicada) reescritura histórica,
cuyos efectos son impredecibles.
"Blackface" de Justin Trudeau: por qué se considera
racista pintarse la cara de negro.

El cantante estadounidense Al Jolson (1896 - 1950)
usaba maquillaje "blackface" en los años 30.

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El abogado de Jacob Chansley, conocido por participar
en el asalto al Capitolio del 6 de enero con la cara
pintada con la bandera estadounidense y ataviado con
un gorro de pelo y cuernos de bisonte, ha revelado que
éste quiere testificar contra el expresidente Donald
Trump en el juicio político o 'impeachment' abierto
contra él en el Congreso. Chansley, conocido como el
'chamán de QAnon' e identificado también como 'Jake
Angeli', fue "horriblemente embelesado" por Trump, pero
ahora se siente abandonado por el exmandatario por no
haberles amnistiado antes del fin de su mandato, el
pasado 20 de enero. "Se siente traicionado por el presidente",
ha explicado el abogado de Chansley, Albert Watkins,
en declaraciones recogidas por la cadena CBS. Watkins
ha indicado que todavía no ha hablado con ningún senador
sobre la oferta de comparecencia de su representado.
El juicio político comienza en la semana del 8 de febrero
y busca principalmente inhabilitar a Trump de cara a
una posible candidatura presidencial en 2024.

Jacob Chansley, en el asalto al Capitolio.
Chansley y otros cuatro asaltantes del Capitolio que
han sido imputados por delitos federales podrían declarar
que recibieron órdenes del ahora expresidente, lo que
le incriminaría en el ataque. En concreto, Chansley
está acusado de obstrucción a una autoridad pública,
alteración del orden público, alteración del orden público
en un edificio de acceso restringido, manifestación
en el edificio del Capitolio y otros cargos. Chansley
está detenido a la espera de juicio. Chansley es según
la Fiscalía un "líder autoproclamado" del movimiento
conspiratorio de ultraderecha QAnon y se ha convertido
en el icono del asalto al Capitolio inspirado por Trump,
aunque el propio mandatario dio marcha atrás a su respaldo
tras la irrupción.
A poco más de una semana de la fecha marcada para el
inicio de su histórico segundo 'impeachment', Donald
Trump no tenia abogados. El principal abogado que iba
a representar al expresidente en el juicio político
que arrancó el 9 de febrero y otros cuatro letrados
abandonaron la defensa y el 13 por la noche Jason Miller,
portavoz del exmandatario, confirmó las informaciones
de prensa en un comunicado en el que asumió que “no
se ha adoptado una decisión final sobre el equipo legal,
que se tomará pronto”. Las fuentes de la prensa estadounidense
aseguran que la ruptura fue una “decisión mutua” de
Trump y de Karl Bowers, el abogado de Carolina del Sur
cuyo fichaje como líder del equipo legal se había anunciado
a finales de 2020. No obstante, las informaciones también
aseguran que han sido las diferencias sobre estrategia,
y específicamente la insistencia de Trump en mantener
sus acusaciones infundadas de fraude electoral, uno
de los motores de la ruptura y del abandono no solo
de Bowers, sino de otros cuatro abogados: la exfiscal
Deborah Barbier, Josh Howard, Greg Harris y Johnny Gasser.
Otros muchos abogados prominentes ya habían rechazado
asociarse a las acusaciones de fraude de Trump, que
en su primer 'impeachment' contó con una potente representación
legal que incluía abogados de la Casa Blanca y otros
externos como Kenneth Starr o Alan Dershowitz.

Kenneth Winston Starr (21 de julio de 1946) es un abogado
y exjuez estadounidense. Starr fue designado por el
presidente de Estados Unidos Bill Clinton para ocupar
la Oficina de Consejeros Independientes; en este cargo
le tocó investigar el suicidio del consejero de la Casa
Blanca Vince Foster y los negocios inmobiliarios de
Whitewater. Kenneth presentó al Congreso el llamado
Informe Starr, que abrió el camino para el juicio de
Bill Clinton por las acusaciones relacionadas con el
escándalo de Monica Lewinsky. Actualmente Starr desempeña
el trabajo de decano de la Pepperdine University School
of Law en Malibu, California.
Otro de los factores que han influido en la ruptura
de Trump con su equipo legal esta vez según' The New
York Times' es que no había “química” con Bowers, algo
que para el exmandatario es fundamental. Tampoco se
había visto al abogado haciendo rondas por televisiones
defendiendo las tesis de Trump, algo que también ha
sido siempre del gusto del republicano. Trump enfrentaba
un único cargo en su segundo 'impeachment' por “incitación
a la insurrección” que culminó con el asalto del día
6 de enero al Capitolio. El juicio político empiezó
en el Senado el día 9 de Febrero.
El Senado de Estados Unidos absolvió finalmente a Donald
Trump del cargo de incitación a la insurrección por
el asalto al Capitolio que se cobró cinco vidas y que
una horda de sus seguidores llevó a cabo el 6 de enero
con el fin de boicotear la confirmación de la victoria
electoral de Joe Biden. A mediados de Febrero, 57 de
los 100 miembros de la Cámara alta (los 50 demócratas
y 7 republicanos) votaron el veredicto de culpabilidad,
pero no alcanzaron la mayoría de dos tercios (67) necesaria
para la condena. 43 republicanos votaron en contra.
Nunca un juicio por impeachment había suscitado tanto
respaldo entre los miembros del partido del acusado.
Este proceso deja la figura de Trump sentenciada para
la historia y exhibe la fractura que ha creado en el
Partido Republicano.

Nanci Pelosi en Enero: Trump "debe irse"
por ser un "peligro claro y presente" para EE.UU.
Algunos de sus miembros decidieron la absolución arguyendo
el sentido constitucional del impeachment, concebido
para la destitución de presidentes en el cargo, pero
responsabilizan a Trump del ataque. El ejemplo más claro
de esta dualidad lo ofreció Mitch McConnell, líder de
los conservadores en la Cámara alta. Tras votar “no
culpable”, tomó la palabra para denunciar el “vergonzoso
incumplimiento de su deber” por parte de Trump aquel
aciago día y aseguró: “No hay duda de que el presidente
es práctica y moralmente responsable de los acontecimientos”.
Biden emitió un comunicado por la noche citando esas
palabras: “Aunque no ha habido condena, el cargo no
está en discusión. Incluso esos que se han opuesto,
como Mitch McConnell, creen que Donald Trump es culpable
de un ‘vergonzoso incumplimiento de su deber’ y ‘práctica
y moralmente responsable de provocar’ la violencia en
el Capitolio”. Estados Unidos concluyó el impeachment
más insólito de los cuatro vividos hasta ahora, uno
en el que los senadores ejercían tanto de miembros del
jurado como de testigos y, en buena medida, víctimas.
Esa misma sala donde se juzgó el caso fue, a su vez,
objeto del asedio aquel día, escenario del crimen. El
juicio se desarrolló con el país aún conmocionado
por el asalto reciente poco más de un mes antes y que
dejó al mundo boquiabierto y el orgullo estadounidense,
herido. Trump se ha convertido en el primer presidente
en pasar dos veces por un procedimiento como este y
el primero en hacerlo ya fuera de la Casa Blanca.

“Trump debe ser condenado por la seguridad de nuestro
pueblo y de nuestra democracia”, enfatizó el demócrata
Jamie Raskin, líder de los llamados gestores del impeachment,
el grupo de congresistas de la Cámara de Representantes
designados para ejercer de fiscales en el juicio que
se desarrolla en el Senado. Los republicanos argumentaban
que el impeachment no tiene sentido con Trump fuera
de la Casa Blanca, más allá de su responsabilidad en
el asalto. La acusación recalcaba, sin embargo, que
era necesario inhabilitarlo para evitar que acceda a
cualquier cargo en el futuro, y alerta de que dejar
su comportamiento impune sienta un precedente peligroso
para cualquier Gobierno. Este proceso tenía algo de
catarsis nacional, también de mensaje al exterior, pero
la purga no ha desembocado en una condena y, por tanto,
en una verdadera declaración de país. Los republicanos
volvieron a salvar a Trump, aunque con grandes fisuras
y diferencias respecto al juicio por el escándalo de
Ucrania, hace un año. Entonces, un solo senador, Mitt
Romney, se desmarcó del grupo y votó para condenarlo.
Esta vez, han sido siete (entre ellos, Romney), algo
sin precedentes. El primer presidente juzgado en un
impeachment, el demócrata Andrew Johnson, en 1868, quedó
absuelto por un solo voto porque 12 republicanos rompieron
filas y se unieron a los demócratas para exonerarlo.
En el caso del expresidente demócrata Bill Clinton,
en 1999, fueron cinco los republicanos que votaron no
culpable de todos los cargos. Este juicio duró solo
cinco días, cuando lo habitual es que se prolongue semanas,
y no incluyó una investigación previa ni la citación
de testigos. Mediante un arsenal de vídeos, muchos de
ellos inéditos, los demócratas abordaron de forma minuciosa
el ataque violento del 6 de enero y las palabras con
las que Trump incitó ese mismo día a los que asistieron
a su mitin en Washington. Algunos senadores vieron por
primera vez lo cerca que estuvieron de la turba, como
Mitt Romney, blanco habitual de los ultras por sus críticas
a Trump.

Andrew Johnson fue el decimoséptimo presidente de los
Estados Unidos, ocupando el cargo desde 1865 hasta 1869
tras el asesinato de Abraham Lincoln, de quien había
sido vicepresidente.
Los estadounidenses pudieron contemplar también cómo
el vicepresidente, Mike Pence, fue evacuado a toda prisa
junto a su familia. “Hay que colgar a Mike Pence”, gritaban
algunos asaltantes, coléricos porque el republicano
se negaban a boicotear la confirmación de Biden. Este
impeachment no solo ha juzgado al ya expresidente por
su papel en esas horas, lo ha hecho también por haber
torpedeado la transición pacífica del poder y haber
tratado de vulnerar la voluntad que los estadounidenses
expresaron en las urnas en las elecciones presidenciales
del 3 de noviembre. Durante meses, el republicano agitó
el bulo del fraude, desestimado por la justicia, presionó
a los legisladores para que no reconocieran a Biden
y animó la movilización civil. El día que el Congreso
debía certificar la victoria del demócrata, tras un
discurso en el que les animó a “luchar como el demonio”,
estalló la violencia. Los demócratas han puesto el acento
en su comportamiento mientras se producía el asedio,
su “falta de remordimiento”, para tratar de demostrar
que Trump era consciente de lo que sus arengas habían
provocado. Es decir, que no era válido el principal
argumento de la defensa, que consistía en que las palabras
del republicano no suponían un llamamiento literal a
la violencia o a la comisión de delitos, sino que forman
parte de una “retórica política habitual” protegida
por la primera enmienda de la Constitución, que consagra
la libertad de expresión.
“Esta ha sido otra fase de la mayor caza de brujas
de nuestro país”, dijo Trump en un comunicado, tras
terminar la votación. Sus abogados habían hecho un alegato
final en la misma línea, acusando a los demócratas de
venganza partidista. A favor de condenarle votaron los
republicanos Mitt Romney, Susan Collins, Lisa Murkowski,
Richard Burr, Bill Cassidy, Ben Sasse y Pat Toomey.
Desde el principio, fue evidente que el magnate conservaba
apoyos suficientes para quedar absuelto, pero el proceso
ha evidenciado la erosión de su figura. El juicio llegó
a su recta final con giros imprevistos de guion. La
declaración pública de una congresista republicana la
noche del viernes, perjudicial para el expresidente,
cambió el paso de la acusación demócrata, que pidió
llamarla a declarar, lo que iba a retrasar el desenlace.
Finalmente, aceptaron incluir su comunicado como prueba
y evitar la citación. Esa nueva información tenía que
ver con el momento en el que Trump supo del ataque y
cómo reaccionó, ya que, para la acusación, constituyen
pruebas contundentes de la posible connivencia del entonces
presidente de Estados Unidos con los atacantes del Congreso.
El viernes, Jaime Herrera Beutler, que es una de las
republicanas que votaron a favor de proceder al impeachment
en la Cámara de Representantes (fase previa del procedimiento),
confirmó a los medios por escrito que el líder republicano
de esa Cámara, Kevin McCarthy, le había contado una
conversación entre este y Trump en medio del asalto,
aquel 6 de enero, en la que el mandatario se había puesto
del lado de los vándalos.

Kevin Owen McCarthy es un político estadounidense que
sirvió como líder de la mayoría de la Cámara desde 2014
hasta 2019 y como líder de la minoría desde ese mismo
año, tras las elecciones de mitad de mandato. Es representante
de Estados Unidos para el 23.º distrito congresional
de California desde 2013.
Según la congresista, McCarthy le dijo que había llamado
a Trump para pedirle que animara a sus seguidores a
detener la insurrección y que este le replicó: “Bueno,
parece que están más molestos con la elección que tú”.
El hoy expresidente estaba por aquel entonces furioso
con los compañeros de partido que no le apoyaban en
sus bulos sobre un fraude electoral y pretendían seguir
adelante con la certificación de Biden como presidente.
Tanto republicanos como demócratas querían un juicio
breve. Los segundos no querian poner cortapisas a la
agenda política de la nueva Administración de Biden
y los primeros necesitaban pasar página cuanto antes
para empezar a mirar hacia 2024. Este juicio en el Senado
supuso el último adiós a la era Trump.
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Seis agentes de la Policía del Capitolio han sido suspendidos
y otros 29 están bajo investigación por sus acciones durante
la toma del edifico del Congreso estadounidense el pasado
6 de enero, cuando se producía la certificación de votos electorales
para determinar el próximo presidente. Entre los agentes suspendidos
se encuentra uno que se fotografió junto a miembros de la
turba que irrumpieron en la sede del Legislativo estadounidense,
y también uno que llevaba una gorra con el lema de la campaña
de Trump "Make America Great Again". La jefa interina de la
Policía del Capitolio ha ordenado que "cualquier miembro de
su departamento cuyo comportamiento no esté de acuerdo con
las Reglas de Conducta del Departamento enfrentará la disciplina
apropiada", explicó a CNN el portavoz de este cuerpo
policial, John Stolnis. Desde la toma de Capitolio, el actuar
de la Policía ha estado en entredicho, unas críticas que precipitaron
la dimisión del entonces jefe del Capitolio, Steven Sund,
mientras que a principios de Febrero los miembros de este
cuerpo emitieron un voto de desconfianza contra los principales
líderes de la fuerza de seguridad. Miles de simpatizantes
del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asaltaron
violentamente el Capitolio el 6 de enero durante el proceso
de certificación de los resultados de las elecciones presidenciales
estadounidenses, en las que Trump, que denuncia fraude, fue
derrotado por su rival demócrata, Joe Biden. Durante los incidentes
murieron cinco personas, entre ellas el oficial de la Policía
del Capitolio Brian Sicknick.

Homenaje al policía muerto en el asalto al Capitolio
en el lugar por el que dio la vida. El presidente de Estados
Unidos, Joe Biden, y la primera dama, Jill Biden, fueron de
los primeros en acudir a la capilla ardiente.
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Un detalle insignificante refleja la relevancia
del momento histórico. Mohamedou Ould Salahi, mauritano detenido
en Guantánamo y que fue liberado en 2016, sabe que Barack
Obama es zurdo porque siempre le acompañará la imagen del
expresidente firmando con la mano izquierda la orden para
cerrar la prisión construida como un limbo legal: Guantánamo.
Entonces la cárcel acababa de cumplir ocho años. Los mismos
que llevaba Salahi allí detenido. El pasado Enero, Guantánamo
cumplió 19 años y sigue funcionando. Una cosa ha aprendido
el presidente Biden de aquel fracaso histórico de Obama: no
hablar de Guantánamo.
El día que Obama firmó aquel decreto, todo el
mundo en Guantánamo se lo tomó como algo serio, recuerda Salahi.
Las autoridades militares le dieron a cada detenido una copia
del texto firmado por el presidente. "Enviaron a dos militares
de muy alto rango que nos explicaron a todos que la intención
del presidente era cerrar Guantánamo y nos dijeron que se
acabó la tortura", dice Salahi, que en aquel momento no podía
parar de pensar si volvería a su país, Mauritania, o a Alemania,
donde tenía a algún miembro de su familia. "Pregunté al jefe
de los interrogadores qué iba a pasar conmigo y me dijo que
me ayudaría a que me reasentaran. Me dijo que máximo un año".
Pasaron ocho años. Aquel día, recuerda Salahi, todo fue más
tranquilo de lo normal y no se escucharon los gritos habituales
de los guardias a los presos.
De las 780 personas que han pasado por Guantánamo,
hoy solo quedan 40. Solo dos de ellas cumplen condena tras
haber sido juzgadas en comisiones militares –una fórmula criticada
a nivel internacional–. Otras siete están acusadas, seis han
sido autorizadas para un traslado y el resto sigue en prisión
indefinida como prisioneros de guerra y sin cargos. El más
joven tiene 38 años y el más mayor, 73. Todos llevan más de
12 años en Guantánamo. "Las comisiones militares violan los
requisitos de imparcialidad, independencia y no discriminación
y nunca deberían haber sido utilizadas", señalaron en una
declaración varios relatores especiales de la ONU, entre ellos
Nils Melzer, relator sobre tortura y otros tratos degradantes,
Agnes Callamard, relatora sobre ejecuciones sumarias, arbitrarias
o extrajudiciales y Fionnuala Ní Aoláin, relatora sobre la
promoción y protección de los derechos humanos y las libertades
fundamentales en la lucha antiterrorista. "La detención indefinida
y prolongada de personas que no han sido condenadas es arbitraria
y constituye una forma de trato inhumano y degradante o incluso
tortura".

Para conseguir vaciar la prisión, Obama creó
un proceso mediante el cual los detenidos tienen derecho a
una revisión de su caso, que es estudiado por seis agencias
de seguridad. Si deciden que el detenido no es una amenaza
para la seguridad nacional, pueden liberarlo. Eso fue lo que
le pasó a Salahi, que lo recuerda como una experiencia "humillante".
Años antes, en 2010, un juez ordenó su liberación, pero nunca
se llegó a cumplir. "No son el FBI, la CIA, etc los que tienen
que decidir si soy una amenaza. Un juez ya había dicho que
era inocente y se negaron a ponerme en libertad", dice. "EEUU
no puede decir que yo soy una mala persona. Pueden acusarme
de serlo, pero no pueden ponerme en prisión porque piensen
que lo soy. Guantánamo fue una completa falta de respeto de
los valores sobre los que EEUU se fundó". Salahi escribió
y publicó un libro estando en prisión y el 12 de febrero se
estrenó en EEUU una película sobre su vida.
"Yo no niego mi pasado. No niego que fui a Afganistán.
Lo que digo es que no he cometido ningún crimen", dice Salahi,
que fue miembro de Al Qaeda, pero que asegura que cortó "todos
los lazos" en 1992, justo cuando la organización declaró la
guerra a EEUU. "No he matado ni he hecho daño a nadie. Ir
a Afganistán no es ningún crimen: España, Alemania, EEUU estaban
con los muyahidines. Incluso conocí allí a algunos de mis
interrogadores. En una democracia, tener ideas no es ilegal
y eso es lo bonito de la democracia. Era muy joven y por supuesto
que ya no tengo esas ideas". Obama culpó de su fracaso al
Congreso por aprobar una ley que impedía trasladar a los presos
a territorio estadounidense. "No hay ninguna justificación
más allá de la política para que el Congreso nos impida cerrar
una instalación que nunca debió abrirse", afirmó el expresidente
en 2013. "Imaginen un futuro dentro de 10 o 20 años en el
que EEUU sigue teniendo bajo custodia a gente que no ha sido
acusada de ningún crimen en un pedazo de tierra que no es
parte de nuestro país". Luego llegó Trump, que no solo justificó
y apoyó las torturas, sino que prometió "llenarla de tipo
malos". "¿Que si aprobaría el ahogamiento simulado? Te puedes
apostar el culo a que sí. Funciona", afirmó Trump en campaña.
"Y si no funciona, igualmente se lo merecen por lo que nos
hacen", añadió. Trump, sin embargo, no metió a nadie en Guantánamo,
aunque obviamente tampoco cerró la prisión. Lo que sí cerró
fue la oficina del enviado especial para el cierre de Guantánamo,
creada por su predecesor. Esta oficina era la encargada de
negociar la liberación y traslado al extranjero de prisioneros,
así como del seguimiento de aquellos que habían sido puestos
en libertad. Sin ella, es más difícil conseguir el traslado
de presos para vaciar el centro.
En 1903, Estados Unidos decidió alquilar 116 kilómetros
de tierra en Cuba para establecer una base naval. Tras
los atentados del 11 de Septiembre, el terreno se habilitó
como una prisión para supuestos terroristas. Desde su
apertura, la cárcel de Guantánamo ha albergado un total
de 779 personas, de los cuales 23 han sido designados
para permanecer en prisión indefinida. Actualmente,
entre 50 y 60 de ellas siguen detenidas. Según el informe
internacional del Comité Internacional de la Cruz Roja
(CICR) de 2007, entre las torturas que se realizaban
a los presos figuraban la asfixia por agua, golpes y
patadas, confinamiento en una caja, desnudez prolongada,
privación del sueño, la exposición a música alta, a
temperaturas muy frías y el uso prolongado de esposas.
Los juicios a los presos de Guantánamo son llevados
a cabo por tribunales militares integrados por entre
cinco y doce oficiales de las fuerzas armadas estadounidenses.

El 6 de abril de 2013 comienza la mayor huelga de hambre
de Guantánamo a la que se sumaron casi la totalidad
de los 166 reclusos que se encontraban en aquel momento
en prisión. Según los prisioneros, a pesar de negarse,
las autoridades les oblibagan a comer a la fuerza por
la nariz. Los prisioneros no pueden recibir la visita
de ningún familiar y, hasta marzo de 2016, tampoco se
les permitía hablar con ellos por teléfono de forma
regular. Sí reciben visitas de Cruz Roja, que también
se encarga de llevarles las cartas de sus familiares.
Según reconoció la Casa Blanca, cada uno de los detenidos
cuesta a los norteamericanos un total de 800.000 dólares
(unos 600.000 euros) al año.Sin embargo, a pesar de
ostentar el título de 'prisión más cara del mundo',
el gobierno de Estados Unidos paga a Cuba tan sólo 4.085
dólares anuales por el alquiler del terreno. En el Campo
5 se encuentran los detenidos con peor comportamiento
y los que no quieren tener ningún tipo de relación con
el resto de presos de la cárcel. Mientras, en el Campo
6, a los reclusos se les permite tener una celda individual
y pasear por las instalaciones sin grilletes. Por su
parte, del Campo 7 no se tiene ningún tipo de información,
ni siquiera sobre su ubicación, por "motivos de seguridad",
según alega el departamento de Defensa de Estados Unidos.
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Biden conoce en primera persona las dificultades
para cerrar la prisión y por eso ha mantenido un perfil bajo
al respecto. "Biden continúa apoyando el cierre del centro
de detención", señaló su equipo durante la campaña, alegando
que "debilita la seguridad nacional de EEUU alimentando el
reclutamiento de terroristas". Obama no fue el primero en
contemplar el cierre de la prisión. El propio Bush dijo en
2006: "Me gustaría cerrar Guantánamo, pero reconozco que algunas
de las personas que tenemos son muy peligrosas y más nos vale
tener un plan para tratar con ellos en los tribunales". Un
año después se volvió a pronunciar al respecto: "Debería ser
un objetivo de la nación cerrar Guantánamo".
La prisión de Guantánamo fue concebida como
un limbo legal en el que los prisioneros no estarían protegidos
por la legislación estadounidense porque la prisión está situada
en una base militar de Estados Unidos en Cuba. "Esto ha sido
objeto de un gran debate y algunos abogados que han defendido
a los prisioneros han hablado de lo que popularmente se conoce
como el argumento McDonalds. la base militar tiene un mcDonalds
y los abogados argumentaron que si para la franquicia rige
una normativa estadounidense, puesto que en Cuba no hay McDonalds,
para los prisioneros, también", dice Emma Reverter periodista
autora de dos libros sobre la cárcel, uno en su fundación
y otro en su décimo aniversario. Este limbo deliberado es
lo que hace especial a Guantánamo, argumenta Reverter. "La
cárcel de Guantánamo, aunque en realidad podríamos hablar
de varias cárceles que se gestionan de forma distinta y que
se sitúan en la base naval de Guantánamo, está situada en
un territorio que es cubano, pero que en virtud de un tratado
fue arrendado a Estados Unidos", dice. "La cifra acordada
de alquiler es ridícula, pero se pactó en el tratado que para
terminar con el arrendamiento las dos partes debían acordarlo.
Obviamente Estados Unidos no tiene ningún interés en irse
porque es una posición estratégica". Guantánamo ha cumplido
19 años y ha pasado por las manos de tres presidentes. Biden
es el cuarto y Salahi muestra un optimismo irremediable. "Tengo
que tener esperanza. Dicen que es lo último que se pierde.
Pasé 16 años entre Guantánamo y prisiones secretas y solo
me agarraba a la esperanza. Creo que hemos salido de esta
pesadilla que era Trump y ahora tenemos a Biden, que cree
que Guantánamo no debería existir".

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"Aquí no hay negros": cómo se borró de la historia
de Argentina y Chile el aporte de los esclavos y los
afrodescendientes.


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El primer y único afroamericano en volar solo alrededor
del mundo, Barrington Irving ha creado una organización
sin fines de lucro, Experience Aviation , que saca a
los estudiantes de las aulas y los lleva a una cabina.
Los estudiantes pueden aprender matemáticas y ciencias
prácticas, mientras exploran su pasión por la aviación.


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Fue cofundadora de Black Lives Matter. He aquí por
qué tiene tanta esperanza en el futuro.


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Hace 400 años, en 1619, desembarcaron en Estados
Unidos los primeros africanos víctimas de la esclavitud. Desde
que el Congreso de EE.UU. aboliera la esclavitud hace 154
años, solo cinco generaciones de afroestadounidenses han nacido
libres. El 40% de los esclavos llevados a EE.UU. se quedaron
en Charleston, Carolina del Sur. Ahora, las fastuosas casas
donde fueron vendidos y forzados a trabajar hasta la muerte
sirven de atracción turística. Charleston refleja una realidad
completamente estadounidense: no hay nada que no esté marcado
por el legado de la esclavitud aunque hayan pasado cuatro
siglos. Lo que no termina de estar claro es en qué forma esta
nación debe hablar sobre un asunto tan difícil. Que "la esclavitud
no fue tan mala es quizás lo que más escucho" de los turistas,
cuenta la guía Olivia Williams, que organiza visitas turísticas
en las plantaciones de Carolina del Sur. "En mi cara, algunas
personas me han dicho que [los esclavos] al menos tenían un
lugar para dormir, comida y vegetales", agrega Williams. En
2019 Williams obtuvo una serie de reseñas negativas por la
manera como enfoca las visitas turísticas a la plantación
McLeod. Durante décadas, los turistas venían a Charleston
y las plantaciones atraídos por el idílico encanto del sur,
de belleza y exuberancia, una suerte de regreso a la era de
"Lo que el viento se llevó". Pero la industria está cambiando
lentamente y ahora algunos creen que los turistas deben enfrentar
la realidad de la esclavitud en lugar de continuar con la
narrativa de color rosa instaurada desde hace tanto tiempo.
Incluso si eso hace la visita menos agradable. A la entrada
de la plantación Mcleod, ya se avisa que el recorrido turístico
será diferente. Al entrar, uno se encuentra con lo esperado:
un césped extenso y puro rodeado de árboles con musgos y,
al fondo, una elegante casa blanca que es ejemplo del esplendor
sureño de entonces.

Las plantaciones de la ciudad de Charleston,
Carolina del Sur, atraen e numerosos turistas.
Sin embargo, esta no es la imagen con la que
los guías turísticos quieren que se queden los visitantes.
"Lo que hablaremos hoy resultará duro y quizás se sientan
incómodos, enojados o decepcionados, y está bien. Si quieren
marcharse, no me ofenderé", advierte William al comienzo de
la visita. Muchos de los turistas admiten desconocer que los
dueños de las plantaciones forzaban matrimonios entre esclavos
"fuertes" para añadirlos a sus "reservas", que las mujeres
embarazadas eran azotadas y que la vida de esclavo podía comenzar
tan pronto como a los 4 años de edad. "Esto es desgarrador,
solo la idea de ignorar una parte tan horrorosa de la historia
me enferma", dice Michaela, una joven turista de Nueva York.
"Lloré, y estoy feliz de estar triste porque necesitaba que
pasara de esta forma... somos responsables de saber lo que
sucedió".
Pero no todos asumen las nuevas enseñanzas de
esta forma. "No sé bien lo que McLeod trata de vender. Sé
que los esclavos trabajaron, pero los dueños también, y tomó
mucho esfuerzo gestionar estas plantaciones aunque fuese hecho
con trabajo esclavo", opina una turista de Carolina del Norte.
Ella piensa que fue terrible esclavizar personas, pero que
también "era imposible gestionar todo esto sin trabajo esclavizado".
Al final de la visita, Williams tiene que responder a la pregunta
de una mujer blanca sobre si existe alguna conexión entre
la forma en que los dueños de las plantaciones obligaban a
sus esclavas a tener hijos y "cómo las mujeres negras de hoy
terminan teniendo múltiples padres para sus hijos". Son el
tipo de preguntas que Williams responde a menudo. Le han llamado
racista, le han gritado, la han tachado de mentirosa, incapaz
de hacer su trabajo. Una vez un turista pidió que fuese despedida.
En ese tipo de días, Williams abandona el trabajo entre lágrimas,
planteándose si debe volver o no. Pero la mayor parte de las
reacciones a esta forma de turismo ha sido positiva, y aunque
los comentarios incómodos generan mucha atención en los medios,
son solo una parte pequeña de los centenares que agradecen
al personal de McLeod que les hayan contado una verdad tan
difícil de digerir. Esto se debe en parte a que en cada escuela
estadounidense se enseñan versiones ligeramente distintas
de la historia.

Olivia Williams recibió críticas negativas por
centrarse en la perspectiva de los esclavos en la plantación
McLeod en Carolina del Sur.
Los estudiantes que crecen en el sur quizá no
escuchen nunca las historias de esclavos, incluso aunque su
propia ciudad fuera levantada con trabajo esclavo, dice Shannon
Eaves, historiadora de la Universidad de Charleston. Es un
"problema fundamental" que arroja luz sobre el legado del
racismo en EE.UU. Eaves explica que los ecos de la esclavitud
estuvieron presentes en las leyes que legalizaron la segregación,
codificaron a los estadounidenses negros como inferiores a
los blancos y les suprimieron el derecho al voto. Estas leyes
estuvieron vigentes desde el final de la Guerra Civil hasta
el movimiento de Derechos Civiles en la década de 1950. "Quizá
esto ayuda a explicar por qué estamos en 2019 y todavía hay
estudiantes que me cuentan que no han escuchado esta historia
nunca antes", dice Eaves, a lo que responde que "no es un
accidente". Siglos de esclavitud seguidos de décadas de represión
institucional, de acuerdo a Eaves, reforzaron viejas narrativas
de que los estadounidenses negros eran "ciudadanos de segunda".
La ignorancia de la historia está detrás de la nostalgia por
el antiguo esplendor del sur y, para algunos, del rechazo
a todo lo que cuestione esto. "La gente no iría a los campos
de concentración de judíos esperando una narrativa feliz,
y eso es porque ya conocen que fue un lugar de muerte, explotación
y trabajo forzoso. Una plantación de esclavos es también eso,
además de la casa de alguien", resume Eaves.
Middleton Place se describe como la casa de
los "jardines paisajísticos más antiguos" de EE.UU. También
es una de las plantaciones más antiguas de la ciudad y ofrece
una visita enfocada en la esclavitud, pero de forma distinta.
En la entrada, un cartel anuncia que las instalaciones son
"evidencia del trabajo de generaciones de africanos ya afroestadounidenses".
La palabra "esclavizado" aparece una vez, no se menciona lo
que estas personas soportaron y en su lugar se dice que "mantuvieron
los jardines, trabajaron en la casa y criaron el ganado".
Jeff Neale, director de preservación e interpretación del
centro, dice que "si solo se habla de la brutalidad y se deja
fuera la perseverancia y fortaleza de toda esa gente, la esclavitud
se convierte en un recipiente vacío". Neale añade que mucho
ha cambiado en los últimos 25 años en Middleton y que están
trabajando en cómo hacer la experiencia de los esclavos mucho
más obvia para los turistas.
Una vez, una visitante le dijo después del tour
que había "aprendido que los esclavos tenían hijos, que nunca
había pensado en ellos como padres o madres". Cerca del final
del recorrido, la esclavitud se convierte en el punto principal
en la casa de Eliza, el hogar de una pareja liberada construida
en 1870. Lo más llamativo es una tabla grande que ocupa toda
la pared central que detalla los nombres, edades y precios
de los 2.800 esclavos en Middleton.

Las casas de las plantaciones reflejan el esplendor
del sur estadounidense.
Django desencadenado sentó a Quentin Tarantino
en la silla de director tres años después de masacrar
nazis en Malditos bastardos para darle una pátina
a las películas de vaqueros con su toque personal.
La película, incluida en las referencias de este monográfico,
lleva al espectador de vuelta a los días de esclavitud
en los estados del sur.

En la foto, la plantación Oak Alley fue visitada por
Tarantino, pero finalmente se descartó como localización
a favor de Evergreen, debajo.

La Plantación Evergreen conserva 22 cabañas de esclavos,
y por su significado e importancia está catalogada en
el circuito de lugares a preservar de la herencia afroamericana
en Luisiana.

La Reserva Barataria es la sección más extensa del
parque nacional Jean Lafitte, situado a pocos kilómetros
del centro de Nueva Orleans. Troncos de ciprés cubiertos
de hierbas acuáticas y los canales, que pueden ser explorados
en canoa o kayak.

El aspecto hostil de los pantanos da una idea de lo
arriesgado para aventurarse en ellos, escapándose del
amo.

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También hay información detallada sobre el tráfico
de esclavos en EE.UU. y datos de las personas que vivieron
en esa casa, aunque la exhibición no se ha actualizado en
17 años. Plantaciones como Middleton, todavía con granjeros
y jardineros, son un lugar único en la historia donde es notablemente
fácil caer en el romanticismo en formas en que nunca se haría
en otros sitios. Las bodas, por ejemplo, son muy comunes tanto
aquí como en McLeod. "Fue un lugar de trabajo y sufrimiento,
pero también de familia", dice Neale, que piensa que si "se
respeta la historia, estos lugares pueden usarse para que
otros creen sus propias memorias". No todos comparten la opinión
de Neale. Hace dos años se originó un debate en un
foro de internet en el que se preguntaba si era razonable
no asistir a la boda de un amigo si esta se celebraba en una
plantación. La cuestión produjo alrededor de 1.000 comentarios
de ambos lados del debate.
"Nosotros nunca iríamos al memorial del 9 de
septiembre en Nueva York a organizar una fiesta o una boda",
opina Kameelah Martin, directora de estudios afroestadounidenses
en la Universidad de Charleston. Hacer eso es "una bofetada
en el rostro de las personas de color en este país. No hay
parte de la historia de EE.UU. que no esté vinculada a la
esclavitud", resalta Martin. "Claro que hay lugar para la
nostalgia", pero la riqueza de los esclavistas blancos "no
existió porque fueran trabajadores, sino por la esclavitud
de otros seres humanos. Tenemos que hablar de todo eso a la
vez", añade Martin.

La historiadora Kameelah Martin opina que no
es adecuado celebrar bodas en las plantaciones.
La población total de Carolina del Sur en 1860
rondaba los 70.000 habitantes. Y el 57% eran esclavos propiedad
de cerca de 26.000 estadounidenses blancos. Desde 1787 a 1808,
se compraron 100.000 africanos en Carolina del Sur, según
el Instituto de Historia Americana Gilder Lehrman. Pero solo
en 2018 que el alcalde de Charleston se disculpó públicamente
por la institución de la esclavitud. Así que no es sorprendente
que todavía se evite una historia completa en favor de una
versión más bonita de lo que sucedía en ese estado. Charleston
es una ciudad conectada estrechamente a las plantaciones que
le otorgaron prominencia internacional. Hay estatuas conmemorativas
de líderes confederados, pero no existe un memorial de esclavos.

En 1860, el 57% de la población total de Carolina
del Sur eran esclavos.
"Creo que es una buena pregunta si Charleston
alguna vez ha dejado de sacar beneficios de la historia de
la esclavitud. De la agricultura saltaron al turismo", dice
Martin. Las juntas de dos de las fundaciones históricas más
importantes de Charleston están exclusivamente integradas
por blancos. Y el director de un museo incluso afirma que
en los años 80 se prohibía mencionar la palabra esclavitud
con los turistas, pero que ahora se intenta promover las historias
de los esclavos que habitaron estos lugares. Para Martin,
Charleston tiene una "responsabilidad única en liderar la
forma en que se reconcilia y se cura el racismo por las dos
partes de la historia que alberga".
En 2015, todo Charleston se enfrentó a su pasado
racista cuando el supremacista blanco Dylann Roof abrió fuego
contra un grupo de fieles negros en la Iglesia de la Madre
Emanuel y mató a nueve de ellos. Dos meses antes de la matanza,
Roof había visitado la plantación McLeod. Durante el momento
más álgido de la esclavitud, el Centro Humanitario Nacional
calcula que existían alrededor de 46.000 plantaciones en los
estados sureños. Ahora, los cientos de visitantes que acuden
a estos lugares tienen una elección.
La masacre o tiroteo de la iglesia de Charleston fue
un suceso que tuvo lugar el miércoles 17 de junio de
2015 en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel,
en Charleston, Carolina del Sur. Dicha iglesia es uno
de los templos más antiguos de Estados Unidos siendo
a la par parte importante en la historia de los derechos
civiles.


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Y es que cada plantación tiene su propia historia
que contar. No todos creen que haga falta acentuar tanto la
esclavitud, pero la imagen sobre el bello y esplendoroso sur
está cambiando a medida que los historiadores y grupos conservacionistas
han comenzado a corregir discursos de otras décadas. A la
pregunta de por qué se debe hablar de la esclavitud 400 años
después, Martin opina que "aunque no se haya tenido conexión
directa, en 2019 se sigue lidiando con las implicaciones y
el impacto de las diferencias raciales como resultado de esa
forma de pensar y estilo de vida". Se debe hablar de ello
y debe importar "porque somos humanos".
Caso Botham Shem Jean: sentencian a 10 años de prisión
a la agente de policía blanca que entró "por equivocación"
en el apartamento de su vecino negro y lo mató de dos
disparos.


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Si Dylann Roof, un fanático de 21 años, se lía
a tiros a plena luz del día en una iglesia podemos plantear
el debate sobre la posesión de armas; si este indeseable elige
como víctimas sólo a personas negras, se abre la cuestión
sobre la violencia racial en Estados Unidos. ¿Los hechos
aislados explican fenómenos o procesos? ¿Este asesinato
ha de ser considerado consecuencia de otro hecho ni relacionado
con otro antecedente? ¿Ni siquiera con la ola de acontecimientos
relacionados en esa época? Que haya sucedido en Charleston,
Carolina del Sur, admite conjeturas y permite algún apunte
histórico. En Charleston comenzó la Guerra Civil americana
en 1861. Carolina del Sur fue el primer estado que declaró
"disuelta" la Unión. Allí sonaron los primeros disparos cuando
el buque 'Star West' se aproximó al puerto para aprovisionar
el fuerte Sumter, que había permaneció leal a la nación.
Carolina del Sur siempre fue un estado rebelde.
Hacía tres décadas que el impulsivo presidente Jackson amenazó
con enviar las tropas federales porque la Asamblea del estado
aprobó en 1832 una ley que anulaba otra de carácter federal,
decretando que cualquier disposición aprobada por el Congreso
de Estados Unidos que perjudicara a su territorio no obligaba
a sus funcionarios ni ciudadanos. Se refería a las leyes arancelarias.
Todo fue maquinado por el irredento y camaleónico esclavista
John Calhoun, a la sazón y hasta ese año vicepresidente con
Jackson. Calhoun proclamó la soberanía de los estados: "primero
la libertad y después la Unión". En el Capitolio no se anduvieron
con rodeos y el prestigioso congresista Webster respondió:
"Libertad y Unión, ahora y siempre, unidas e inseparables".
Calhoun le reprochaba a Jackson que había dejado de defender
la libertad de los estados. En 1850 era el estado con mayor
población esclava: el 58%. De todos los estados esclavistas,
sólo aquí y en Misisipi (51%) había más esclavos que hombres
libres. Constituía, por tanto, parte del "cinturón negro"
de América. Tras la guerra, ambos estados aprobaron los primeros
e infames códigos negros, leyes discriminatorias, de servidumbre
y semiesclavitud.

John C. Calhou se hizo conocido como el "hombre de
hierro fundido" por su rígida defensa de las creencias
y prácticas sureñas blancas. Su concepto de republicanismo
enfatizaba la aprobación de la esclavitud y los derechos
de los estados minoritarios como los encarnaba particularmente
el Sur. Poseía decenas de esclavos en Fort Hill, Carolina
del Sur. Calhoun afirmó que la esclavitud, en lugar
de ser un " mal necesario ", era un " bien positivo
" que beneficiaba tanto a los esclavos como a los propietarios.
Para proteger los derechos de las minorías contra el
gobierno de la mayoría, pidió una mayoría concurrente
por la cual la minoría podría bloquear algunas propuestas
que se sintieran violadas en sus libertades. Con ese
fin, Calhoun apoyó los derechos de los estados y la
anulación mediante la cual los estados podían declarar
nulas y sin efecto las leyes federales que consideraban
inconstitucionales. Formó parte del "Gran Triunvirato"
o del "Trío Inmortal" de líderes del Congreso, junto
con sus colegas Daniel Webster y Henry Clay.
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Un siglo después de la Guerra Civil, la Comisión
del Centenario se marcó como objetivo presentar una nueva
América sin fisuras raciales. Por su valor simbólico, la Comisión
decidió reunirse en Charleston. Sin embargo, un hotel negó
hospedaje a un delegado negro de New Jersey. Kennedy, recién
llegado a la Presidencia, sugirió que la comitiva se encontrara
en dependencias de la Marina, donde regían las leyes federales,
pero los miembros de Carolina del Sur rechazaron la propuesta:
no era un lugar neutral. Al final se convocaron dos reuniones.
América entonces seguía partida. Al poco, Johnson aprobó la
Ley de Derechos Civiles que puso el punto y final a la discriminación
legal. La elección de Obama representó el fin de la discriminación
simbólica. Las leyes, la historia, la educación y el civismo
nos salvaguardan del rencor y reducen al mínimo el riesgo
de violencia colectiva, pero no impiden que de vez en cuando
dispare un perturbado.
La masacre de Dallas (Texas) de 2017, donde
5 agentes resultaron muertos y otros 6 resultaron heridos
en un tiroteo protagonizado por varios francotiradores, es
uno de los ataques más graves cometido contra las fuerza del
orden en EEUU y supuso un nuevo episodio de violencia por
la actuación policial con afroamericanos. La matanza tuvo
lugar durante una protesta contra la brutalidad policial por
el asesinato de dos ciudadanos negros a manos de sendos agentes
en esos días.
7 septiembre 2010.- Disturbios en Oakland (California)
después que un jurado declarase culpable de homicidio
involuntario a un policía blanco de la muerte de un
joven de color.
14 julio 2013.- Manifestaciones y protestas en varias
ciudades del país tras la absolución de un vigilante
de la muerte del joven afroamericano Trayvon Martin
en Sandford (Florida).
17 julio 2014.- Muere en Nueva York el ciudadano afroamericano
Eric Garner, tras ser inmovilizado por un policía con
una táctica prohibida por la policía neoyorquina.
5 agosto 2014.- Un policía mata de un disparo al afroamericano
John Crawford en Beavecreek (Ohio).
9 de agosto 2104.- Un policía blanco mata a Michael
Brown, un joven negro, en Ferguson (Misuri), lo que
provoca protestas y graves enfrentamientos y saqueos
que llevan a ordenar la intervención de la Guardia Nacional.

La muerte de Michael Brown se produjo el 9 de agosto
de 2014 en Ferguson, en la periferia de San Luis, estado
de Misuri, Estados Unidos. Brown, de 18 años, murió
después de ser abatido por tiros disparados por Darren
Wilson, 28, un agente de policía.
10 octubre de 2014.- Nuevos disturbios en la ciudad
de San Luis (Misuri) después de que el 8 de octubre
un agente fuera de servicio matara al joven afroamericano
de 18 años Vonderrit Myers Jr.
24 noviembre 2014.- La no imputación del policía que
mató a Michael Brown desata dos noches de violentos
disturbios en Ferguson (Misuri) durante los que fueron
detenidas al menos 47 personas y se produjeron importantes
daños materiales.
5 diciembre 2014.- Un agente mata de dos tiros a un
afroamericano desarmado tras un forcejeo entre ambos
en Phoenix (Arizona).
20 diciembre 2014.- Dos policías neoyorquinos son asesinados
a tiros por un negro que quería vengar a los afroamericanos
muertos a manos de agentes.
12 marzo 2015.- Dos policías son tiroteados frente
a una comisaría de policía en Ferguson (Misuri).
2 abril 2015.- Eric Harris, un hombre negro de 44 años,
muere a manos de un policía blanco de la oficina del
alguacil del condado de Tulsa (Oklahoma).
4 abril 2015.- Un policía blanco mata a tiros a un
afroamericano desarmado, identificado como Walter Scott,
negro y de 50 años, en North Charleston (Carolina del
Sur).
19 abril 2015.- Un afroamericano fallece a consecuencia
de las graves heridas causas por la policía cuando se
encontraba bajo custodia policial en Baltimore (Maryland).
La muerte provocó actos de protesta y violencia, llegando
a decretarse el toque de queda en la ciudad el 28 de
abril.
19 julio 2015.- Un policía mata al ciudadano negro
Samuel Dubose, a quien paró por circular sin matrícula
en su vehículo.

Las imágenes del casco del policía
fueron difundidas por toda el mundo.
El 19 de julio de 2015, en Cincinnati, Ohio, Samuel
DuBose, un hombre negro desarmado, fue asesinado a tiros
por Ray Tensing, un oficial de policía blanco de la
Universidad de Cincinnati, durante una parada de tráfico
por falta de una placa delantera y una licencia de conducir
suspendida.
25 julio 2015.- Raynette Turner, una afroamericana
de 42 años, muere en una celda de una comisaría en Mount
Vernon (Nueva York), donde permanecía bajo custodia
policial.
10 agosto 2015.- Nuevos disturbios raciales en Ferguson
(Misuri) en el aniversario de la muerte de Michael Brown.
19 agosto 2015.- En San Luis (Misuri), cerca de Ferguson,
fallece el joven Mansur Ball-Bey, de 18 años, en un
enfrentamiento con dos agentes de Policía.
18 octubre 2015.- Jones, un hombre de 31 años fallece
en incidente con un oficial de policía, Nouman Raja,
que se encontraba de guardia y vestido de civil con
un coche camuflado, en Palm Beach.
25 febrero 2016.- El agente de policía Aaron "A.C."
Smith, de 23 años, presuntamente disparó y provocó la
muerte del afroamericano Gregory Gunn, en Alabama.
11 abril 2016.- Un joven negro de 16 años, Pierre Loury,
falleció durante una persecución a pie con la Policía
en Chicago, después de que los agentes parasen el coche
en el que viajaba al sospechar que estaba involucrado
en un tiroteo anterior.

Tambrasha Hudson, desconsolada durante
una protesta por la muerte de su hijo.
6 julio 2016.- En Baton Rouge (Luisiana) muere de un
hombre negro a manos de policías blancos. El fallecido
Alton Sterling, tenía 37 años.
7 julio 2016.- Se conoce la muerte del joven negro
Philando Castile a manos de la Policía, en Falcon Heights
(Minesota, EEUU), que desata protestas en todo el país
y la manifestación en Dallas que acabó con la muerte
de 5 policías.
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Líderes afroamericanos de North Charleston (EE
UU), donde un agente de policía blanco disparó en 2015 ocho
veces por la espalda a un afroamericano, exigieron que la
Policía llevase cámaras pegadas al cuerpo con el fin de aumentar
la supervisión sobre los agentes.
En dos ruedas de prensa diferentes, la división
de Charleston de la Asociación Nacional para el Avance de
la Gente de Color (NAACP) y el Caucus afroamericano del Congreso
estatal de Carolina del Sur urgieron a los legisladores locales
a respaldar dos proyectos de ley sobre este tema que está
tramitando el Legislativo estatal. Las leyes, impulsadas por
el legislador local Wendell Gilliard, buscan, por un lado,
obligar a los agentes a llevar cámaras mientras están de servicio
y, por otro, crear un subcomité de seis legisladores para
evaluar cómo otros estados usan estas cámaras, según la web
del Congreso estatal. "Pedimos al Legislativo que deje de
retrasar la ley y la promulgue para obligar a todos los funcionarios
públicos, encargados de hacer cumplir la ley en Carolina del
Sur, a llevar cámaras en el cuerpo", recalcó el presidente
local de la NAACP, Dot Scott. Los disparos mortales del agente
Michael Slager, de 33 años y raza blanca, contra el afroamericano
Walter Scott, que un transeúnte grabó con un teléfono móvil,
muestran que "el vídeo no miente", apuntó el líder afroamericano.

Walter Lamar es esposado tras ser tiroteado.
La opción de que los agentes locales incorporen
cámaras a sus uniformes fue propuesta a principios de marzo
por el grupo de trabajo creado por el Gobierno federal tras
los disturbios por la muerte a tiros del joven negro Michael
Brown en Ferguson (Misuri) a manos de un policía blanco. Este
miércoles, el alcalde de North Charleston, Keith Summey, prometió
en una rueda de prensa que los agentes de esta localidad del
sureste del país llevarán cámaras pegadas al cuerpo. El primer
edil dijo que la ciudad ya había comenzado a tramitar esta
medida, había recibido una subvención para comprar 101 cámaras
y tenía previsto adquirir otras 150 más. En diciembre pasado,
el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció su
intención de pedir al Congreso la inversión de 263 millones
de dólares a lo largo de tres años para varias medidas relacionadas
con las policías locales, incluidos 75 millones para conseguir
que unos 50.000 agentes más lleven ese tipo de cámaras.
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Tras engañar a los líderes del Movimiento Socialista Nacional
(NSM), el activista afroamericano James Hart Stern se hizo
con el control de este emblemático grupo neonazi de Estados
Unidos, que ahora lucha para evitar la desbandada de sus miembros,
según informaron fuentes de la organización. "El señor James
Stern me engañó, me convenció de que para proteger a nuestro
grupo del proceso judicial en el que estamos inmersos debía
cederle la presidencia", lamentaba el hasta entonces líder
del NSM, Jeff Schoep, en un comunicado. El proceso al que
hace referencia el "comandante Schoep", como se hace llamar
el ya ex presidente del movimiento, se remontaba a las protestas
que tuvieron lugar en Charlottesville el 12 de agosto de 2017
y que desembocaron en la muerte de la joven Heather Heyer,
atropellada por un supremacista blanco, James Fields.

James Stern, el afroamericano que "engañó" a
los nazis en Estados Unidos y se proclamó su líder. Un proceso
que se remonta a las protestas que tuvieron lugar en Charlottesville
el 12 de agosto de 2017 y que desembocaron en la muerte de
la joven Heather Heyer, atropellada por un supremacista blanco.
Los hechos, en los que participaron en torno a una decena
de grupos extremistas, llevaron a la Universidad de Virginia
a presentar una denuncia por daños emocionales y económicos
contra esas organizaciones, entre ellas el NSM. Fue en ese
momento cuando entró en juego la figura del reverendo Stern,
un conocido activista en la lucha por la igualdad racial que,
según explica su página web oficial, se ofreció a Schoep para
ayudarle a limpiar la imagen de su grupo de cara al proceso
judicial. "El NSM es un grupo que empleaba el símbolo más
ofensivo de la Segunda Guerra Mundial, la esvástica (...).
El reverendo les ha llevado a borrar la esvástica de su logotipo
y ahora reconocen que el Holocausto fue un hecho, no propaganda",
sostiene un texto publicado en la web del activista. Lo que
no sospechaba Schoep, o al menos eso asegura, es que entre
los documentos firmados a raíz de su acuerdo con Stern se
encontraba uno por el cual le cedía la presidencia del grupo,
tal y como reflejan las actas judiciales del proceso contra
el NSM. Cuando este detalle salió a la luz durante el juicio,
la sorpresa fue generalizada. El "capitán" Harry Hughes, portavoz
de la organización, confesaba estar tan "desconcertado" como
el resto del país. Schoep, por su parte, reaccionó
dimitiendo de su cargo y nombrando al "jefe del Estado Mayor"
del NSM, Burt Colucci, como su sucesor; una medida que no
fue suficiente para evitar la desbandada de los miembros del
grupo. "Sois gigantes entre personas inferiores y vuestra
lealtad será recordada (...). Os pido que seáis pacientes
y fieles mientras diseñamos un plan para el futuro", clamaba
el "comandante" en su carta de despedida. Sin embargo, tal
futuro no existía, ya que, como el propio Schoep reconoce,
la intención de Stern parece ser hacerse con el control para
"disolver el NSM".
Resulta llamativa la inocencia con la que el líder nazi se
prestó a semejante engaño, ya que aparentemente no
tuvo en cuenta que entre los logros que llevaron al reverendo
a convertirse en un referente del activismo contra el racismo
estaba precisamente el haber ejecutado una maniobra similar
que acabó con una fraternidad del Ku Klux Klan (KKK) en 2016.
En esa ocasión, Stern se valió de su relación personal con
el "gran maestre" del grupo, Edgar Ray Killen, para convencerle
de que le cediera el control de la organización. La relación
entre Stern y el ya fallecido Killen se forjó tras los barrotes
de una prisión del estado de Misisipi, donde el afroamericano
cumplía condena por fraude y el miembro del clan pasaba los
últimos días de su vida tras haber sido sentenciado a cadena
perpetua por el asesinato en 1964 de tres jóvenes activistas.
La trascendencia de estos homicidios fue tal que el cineasta
Alan Parker se hizo eco de la historia en su película Mississippi
Burning (1988).
Ambos acontecimientos se reseñaron en sendas
películas, incluidas en este monográfico.
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En su blog, el propio Stern reconoce que es "la mayor de
las ironías" que Killen entablara una amistad con él, la cual
le permitió acabar con su fraternidad del KKK, una institución
que, en el sur del país, "envenena todo y a todos a su paso
bajo un liderazgo con puño de hierro que deja un rastro de
sangre por donde pasa". A pesar de que esta historia es bien
conocida en todo el país, Schoep defiende que obró "para proteger
al NSM" y que su intención nunca fue perjudicar a una organización
a la que le ha dedicado "tantos años de servicio". Por todo
ello, el "comandante" concluye su misiva con una arenga que,
no obstante, tiene un aroma a derrota: "Recordad, siempre
está más oscuro antes del amanecer".
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Finalmente, a principios de 2017, el joven supremacista
blanco Dylann Roof, fue condenado a muerte por la decisión
unánime del jurado. Roof, de 22 de años, no dió muestras
de arrepentimiento y en su declaración final aseguró que "todavía
siento que tenía que hacerlo". En un tribunal de Charleston,
en el estado de Carolina del Sur, la decisión del jurado federal
compuesto por 12 personas (nueve negros y tres blancos) fue
unánime. El jurado ya declaró culpable a Roof el diciembre
anterior de los 33 cargos que pesaban en su contra, de los
que 18 conllevaban la pena de muerte, por el ataque cometido
el 17 de junio de 2015 en la Iglesia Africana Metodista Episcopal
(AME) de Charleston. Roof, quien optó por representarse a
sí mismo durante parte del juicio, fue formalmente sentenciado
a la pena capital por el juez instructor del caso, Richard
Gergel.
Aunque los abogados defensores calificaron la
actitud de Roof de "delirante" y "anormal", el juez Gergel
consideró que el joven tenia la competencia mental y emocional
para defenderse a sí mismo. Durante el proceso judicial, el
joven confesó los crímenes y reconoció que eligió atacar la
iglesia de Charleston por ser una de las más antiguas congregaciones
del sur de Estados Unidos y una de las más firmes en la defensa
de los derechos civiles de los afroamericanos. La noche del
ataque a la histórica iglesia, el joven condenado se sentó
durante 45 minutos en uno de los bancos con un arma semiautomática
mientras los feligreses leían la Biblia, antes de comenzar
a disparar de manera repetida contra los asistentes y matar
a nueve de ellos. Dylann Roof era "un hombre de odio intenso.
Estas nueve personas ejemplifican una bondad mayor que su
mensaje de odio", dijo en su momento el fiscal Nathan Williams
durante el juicio. El sentenciado admitió los asesinatos poco
después de ser detenido en una confesión grabada en vídeo
que fue presentada en el tribunal, y en la que detallaba su
relato de los crímenes y sus motivaciones racistas. En una
vista en esos días los fiscales volvieron a retratar
a Roof como un "frío y calculador" supremacista blanco que
planeó durante meses el ataque y lo perpetró con el objetivo
de desencadenar una guerra racial en un momento de gran tensión
social en EE UU por la muerte de afroamericanos a manos de
la policía.
Sus primeros contactos con la policía fueron dos arrestos,
en los meses anteriores al ataque. El 2 de marzo de
2015 fue interrogado sobre un incidente en un centro
comercial el 28 de febrero, en el que ingresó en el
centro comercial usando ropa negra y le hizo a los empleados
preguntas inquietantes. Durante el interrogatorio, las
autoridades hallaron en su poder una botella de Suboxone,
unos narcóticos usados para el tratamiento con opiáceos
y que poseen efectos similares a las drogas. Roof fue
arrestado por el delito de posesión de drogas y posteriormente
se le prohibió la entrada al centro comercial durante
un año.

Después de que le detuvieran de nuevo el 26 de abril
invadiendo el centro comercial sin motivos, la prohibición
fue ampliada para otros tres años. El 13 de marzo de
2015, Dylann Roof fue investigado debido a que un policía
vio su coche estacionado cerca de un parque en el centro
de Columbia. El oficial a continuación, llamó a un colega
para investigar. Un oficial de policía llevó a cabo
una búsqueda de su vehículo y encontró varias armas,
además de que quería comprar más. Pero no presentaron
cargos ya que no es ilegal en Carolina del Sur poseer
un arma de fuego.
¿Quiénes son los supremacistas blancos y cuál es su
poder político?

Líderes negros de EE UU exigen que la Policía lleve
cámaras pegadas al cuerpo.

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Wyoming. Lo conocemos por los western. Aunque
esta historia le pega más a 'Encuentros en la tercera fase',
la famosa cinta de Spielberg, que se rodó allí. El décimo
estado más grande de la Unión. El menos poblado. Medio millón
de almas (algunas muy oscuras) y un lema que según ellos les
define: 'Equal Rights'. En EE UU todo tiene mote y Wyoming
es conocido como el Estado de la equidad. Un poco chiste,
por qué no decirlo. Estos días en Wyoming, en la cuasiinfita
llanura que se topa con las Montañas Rocosas, en la patria
del archiconocido Parque Yellowstone, hay un nombre que se
repite más que cualquier otro: Aaron Appelhans. Lo más triste
es que este hombre de 39 años, nacido cerca de la lejana Denver,
tampoco ha hecho nada fuera de los común. Al menos en cualquier
lugar del planeta que no sea Wyoming. Appelhans se graduó
en la Academia de Policia del Estado, empezó a patrullar,
lo hizo bien, se ganó un nombre defendiendo lo que tanto él
como sus compañeros no son «'la poli', como nos llaman (cops),
sino un grupo de personas que trabajan para manter la paz»,
le fueron ascendiendo y ahora ha sido nombrado sheriff del
Condado de Albany. Todo normal. Pero Appelhans es negro. Lo
que no debería tener ninguna importancia.

El décimo estado más grande de EE UU pone al
frente de la policía a un afroamericano, por primera vez en
su historia.
Aunque por alguna razón, se ha convertido en
el primer sheriff no blanco del Estado de Wyoming, el de la
igualdad de derechos, en toda su historia. Lo más triste es
que su nombramiento está motivado por los disturbios surgidos
el pasado verano tras un nuevo acto de brutalidad policial.
En eso Wyoming sí se parece al resto de la federación. Fue
en un control rutinario. Un policía, blanco, dio el alto a
un conductor, no blanco, que sufría además un ligero retraso
mental y... Aquella muerte desató una ola de violencia que
ahora quieren calmar con el nombramiento de Appelhans. «En
la academia tampoco había muchos chicos como yo», ha reconocido
el sheriff en los medios americanos. Trabajo no le va a faltar
para que Wyoming salga del pasado.
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