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3 - Marzo - 2021
>>>> Ser humano > Segregación XXI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Hoy se cumplen treinta años de la brutal paliza a Rodney King, la mecha que encendió la ira de un país. Los Ángeles ardió en llamas durante cinco días en los que fue necesario decretar el estado de emergencia. Más de 50 muertos y 2.000 heridos, siete mil incendios, cerca de mil millones de euros de pérdidas económicas y la reforma del cuerpo policial fueron el balance final de una intervención desmesurada. En la madrugada del 3 de marzo de 1991, King conducía bajo los efectos del alcohol junto a dos amigos por la autopista, sobrepasando la velocidad permitida. Cuando los agentes le dieron el alto, en lugar de parar aceleró. En el momento en el que el vehículo fue finalmente detenido, autoridades y ocupantes se encontraban en un callejón oscuro.

El conductor, de color negro, recibió entonces una brutal paliza que un vecino grabó desde su ventana. Le golpearon con todo: porras del aluminio, patadas, armas eléctricas... Cuando la cadeba local KTLA reprodujo las imágenes, el asunto se convirtió en noticia internacional. A pesar de ello, no hubo castigo para los culpables en primera instancia. El 29 de abril de 1992 un jurado formado por diez miembros blancos, uno asiático y uno latino absolvió a cuatro agentes de policía. Se desató el infierno. El caso fue interpretado como una clara muestra del racismo imperante y los disturbios se propagaron. Fue necesario desplegar 2.000 tropas de la Guardia Nacional. Rodney King se convirtió en un símbolo del enfrentamiento racial en los Estados Unidos. Su caso simbolizaba el abuso que sufrían a diario a manos de los policías de raza blanca los ciudadanos afroamericanos.

Una de las primeras cosas que hizo George Holliday con su flamante cámara Sony Handycam de vídeo 8 milímetros fue salir a curiosear a un bar que había enfrente de su casa, al norte de Los Ángeles, donde estaban rodando una película. Era Terminator 2 y se rodaba la escena la que el cíborg le quita la ropa y la moto a un pandillero. Alcanzó a grabar a Arnold Schwarzenegger en la moto. En la madrugada del 3 de marzo de 1991, sobre esa misma cinta y en ese mismo lugar, grabó la salvaje paliza de la policía a un hombre negro llamado Rodney King. Fue el primer vídeo viral antes de que existiera esa palabra. El vídeo se convertiría en el primer ejemplo de reporterismo ciudadano, en un símbolo de la brutalidad policial y en el origen de los mayores disturbios raciales de la historia.

Era casi la una de la madrugada cuando le despertó el ruido del helicóptero, relata. La policía venía persiguiendo a King a más de 160 kilómetros por hora por la autopista hasta que se paró en un arcén delante de la casa de Holliday. Cuando salió al balcón y vio policía, decidió empezar a grabar. King estaba a unos 40 metros de él. En la cinta se oyen los golpes de los porrazos sobre su cuerpo durante ocho minutos. Fue el primer ciudadano conocido que tomó la decisión de grabar la brutalidad de la policía contra un hombre negro. “En ese momento yo estoy pensando: ¿qué habrá hecho este tipo para merecerse eso?”.

No había teléfonos móviles, ni YouTube, ni redes sociales. George Holliday no sabía la importancia de lo que había grabado ni qué hacer con ello. Al día siguiente fue la maratón de Los Ángeles y acudió a grabar a un amigo que corría. Lo hizo a continuación de esa misma cinta. El vídeo casero más famoso del mundo empieza con Schwarzenegger en moto, sigue con Rodney King apaleado y acaba con un desconocido cruzando la meta de una maratón.

Ese domingo fue a una boda donde contó lo que había visto y nadie le dio importancia. Llamó a la comisaría de su barrio a preguntar qué había pasado la noche anterior, pero la policía no quiso decirle nada por teléfono a un curioso y le colgó. Finalmente, llamó a la televisión local señera de Los Ángeles, KTLA, a preguntar si sabían algo de una operación policial en su barrio. “En la conversación surgió el hecho de que lo tenía grabado y me dijeron que si les podía enseñar la cinta”. Esa noche, KTLA puso la grabación en el telediario de las 10 de la noche. Fue la segunda noticia, después de la publicidad. En la pantalla ponía: “Filmado por George Holliday, Lakeview Terrace”. “El teléfono explotó. Todo el mundo quería una entrevista y una copia de la cinta. Tuve que desconectar el teléfono, físicamente”. A la mañana siguiente fue a la emisora a recuperar la cinta. “Me dijeron que era una historia más grande de lo que pensaban y que si se la podían quedar dos días en exclusiva por 500 dólares”. Aceptó. Esa misma tarde, el departamento de Asuntos Internos de la Policía de Los Ángeles se presentó en KTLA y confiscó la cinta. Afortunadamente, habían hecho una copia y se la dieron.

Cuatro policías blancos fueron a juicio por la agresión. El 29 de abril de 1992, fueron absueltos por un jurado de blancos, a pesar de que el mundo entero había visto, por primera vez en la historia, la prueba en vídeo. Esa tarde empezaron en el sur de Los Ángeles los peores disturbios raciales de Estados Unidos. La violencia duró seis días y murieron más de 60 personas. “Ha habido gente que me ha echado la culpa de los disturbios. Lo que hay en la cinta causó los disturbios, no la cinta”, se defiende. Holliday cuenta todo esto en perfecto español porteño. Es hijo de padre inglés y madre alemana. Su padre era un alto directivo de la petrolera Shell y tuvo puestos en distintos países. George nació en Canadá y vivió en Indonesia y Londres, pero su padre eligió Buenos Aires para retirarse. De allí se vino a Los Ángeles a buscar trabajo a finales de los 80, porque en Argentina no conseguía independizarse. “Un día vino mi hijo del colegio y me dijo: ‘Papá, apareces en un libro de historia”, dice Holliday.

Rodney King, en un discurso público.

Una generación entera solo oye el nombre de Rodney King cuando surge un vídeo de brutalidad policial, ahora grabados con teléfonos, y algún presentador de televisión recuerda el precedente. Lo que más ilusión le hace no es eso, sino aparecer en una pregunta del juego Trivial Pursuit. Aún le reconocen por la calle, un cuarto de siglo después, a pesar de que ya casi no da entrevistas. Nunca hizo fortuna con el vídeo, dice que le engañaron varias veces. A sus 57 años trabaja de fontanero por cuenta propia. Un amigo le ayuda a vender derechos de emisión para documentales, reportajes o películas. Holliday recuperó hace pocos años la cámara Sony, también confiscada como prueba para el juicio. La cinta original sigue en poder del FBI. Nunca habló con Rodney King sobre aquella noche. Holliday recuerda el lugar exacto en el que un día paró a echar gasolina, aproximadamente un año después del vídeo. Cuando iba a pagar, alguien le gritó desde la otra punta de la gasolinera: “¡Eh! ¡George Holliday! ¿Sabes quién soy?”, le dijo. “No le reconocí, solo le había visto en fotos con la cara golpeada”. Era Rodney King. “Me dijo: ‘Usted me salvó la vida’. Yo no supe qué decir. Nos dimos la mano y nos dijimos adiós”.

El cuerpo sin vida de King, que tenía 47 años, fue encontrado en el fondo de la piscina de su vivienda en Rialto (California) el pasado mes de junio de 2012 por su prometida, Cynthia Kelly, quien alertó a los servicios de emergencias que no pudieron hacer nada por salvarlo. Los forenses hallaron en su cuerpo restos de cocaína, polvo de ángel, marihuana y había estado bebiendo ese mismo día.

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Coincidiendo con las protestas masivas originadas por casos como el de George Floyd, muerto por la asfixia provocada por un oficial de policía en mayo del 2020, la firma Disney empezó a revisar su propia producción de la era clásica rastreando aquellos detalles abiertamente racistas que, si bien pasaron desapercibidos -o no se tuvieron muy en cuenta- entre la década de los 40 y la de los 70, hoy resultarían inadmisibles. La plataforma Disney + vela por su catálogo y la corrección del mismo, aunque el creador del estudio, Walt Disney, no fuera, ideológicamente, un dechado de virtudes democráticas. En octubre del año pasado, el estudio ya anunció que había añadido advertencias en dos de sus títulos clásicos, 'Peter Pan' (1953) y 'Los aristogatos' (1970), para informar a los espectadores de que estos filmes tenían clichés racistas. También estaba en el punto de mira ‘El libro de la selva’ (1967), esencialmente porque el rey Louie es un orangután que canta ‘dixieland’. Por supuesto, no aparece en la novela original de Rudyard Kipling.

La fórmula empleada no deja de resultar original, al menos para ganarse adeptos. En la advertencia en cada película puede leerse que se trata de estereotipos que eran erróneos entonces y lo siguen siendo ahora. Disney prefiere hacer hincapié en los errores culturales del pasado antes que eliminar las escenas en cuestión, lo que no deja de ser un estratégico reclamo publicitario.

El problema con las connotaciones racistas de algunos clásicos es antiguo, remontándose incluso a la propia fecha de lanzamiento de ciertas películas.

De este modo, el espectador puede seguir viendo en ‘Los aristogatos’ a Shun Gon, el gato siamés de ojos rasgados, advertido de que es un cliché racista -toca además el piano con palillos de comer-, y en ‘Peter Pan’ a un grupo de habitantes del País de Nunca Jamás denominados pieles rojas, que entonces era una forma absurda y común de llamar a los nativos americanos y hoy resulta totalmente despectivo.

La pregunta es si se aplicará el mismo criterio al cine de imagen real, porque son millares los wésterns en los que se dice explícitamente pieles rojas en vez de apaches, comanches, sioux o navajos. Estos personajes de ‘Peter Pan’ hablan además una lengua ininteligible, error ridículo y forzado que también se produjo en la versión española de ‘Fort Apache’ (1948), de John Ford, en la que el caudillo apache Cochise parlotea en un idioma extraño, cuando en la versión original habla español: el doblaje también ha hecho mucho daño en este sentido.

Ahora Disney ha llevado más lejos lo que anunció el pasado octubre: 'Peter Pan', 'Los aristogatos' y 'Dumbo' (1941) dejan de estar disponibles en el catálogo al que dan acceso los perfiles de usuarios menores de siete años y pasan directamente al catálogo para adultos, aunque cuesta imaginar a un adulto viendo en casa sin sus hijos cualquiera de estas películas. Los filmes siguen manteniendo la advertencia de que tienen escenas de maltrato a personas y culturas.

De todos, el caso más flagrante es sin duda el de 'Dumbo', donde el estereotipo racista resulta brutal: además de algunas escenas de humillación de los esclavos afroamericanos, el líder de la bandada de cuervos se llama Jim Crow, que es el nombre que recibieron las leyes estatales y locales destinadas a reforzar la segregación racial que no serían derogadas hasta 1964. Disney sabe de qué va la historia. No es la primera vez que tiene que advertir o recular. Y posiblemente no será la última. Posee en su historial una mancha indeleble llamada 'Canción del sur' (1946), una mezcla de animación e imagen real en la que los esclavos son felices de serlo y las plantaciones son poco menos que un edén para ellos. El filme no se exhibe en salas desde la década de los 80, tampoco ha sido editado nunca en DVD y no aparece en el catálogo de Disney +. La plataforma ha decidido en este caso borrar antes que advertir.

En su caso, además, Disney también tiene que lavar la imagen de sus parques temáticos. La veterana atracción 'Jungle cruise', inaugurada en 1955 y publicitada como "alta aventura en un pintoresco y cómico recorrido en barco por exóticos ríos de Asia, África y Sudamérica", va a cambiar de contenidos: sin haber estado nunca, uno puede imaginarse cómo debe ser ese "pintoresco y cómico" itinerario por tan "exóticos" ríos que no son estadounidenses. Veremos si los cambios ya son efectivos en la película inspirada en la atracción que ha realizado Jaume Collet-Serra con Dwayne Johnson y Emily Blunt, con estreno anunciado en España para el próximo agosto. Por supuesto, la controversia racial y el revisionismo cultural no atañen solo a los estudios Disney en Hollywood, y en cuanto al cine de animación se refiere, algunos cortos de Tex Avery (Metro y Warner Bros.) o de Chuck Jones (Warner) no pasarían el corte o serían susceptibles de ser eliminados, aunque no solo por temas raciales. El pasado junio, HBO retiraba sutilmente 'Lo que el viento se llevó' (1939) por algunas de sus secuencias abiertamente racistas, aunque la película en su globalidad no pueda considerarse un manifiesto de la supremacía blanca como si lo fue en su momento ‘El nacimiento de una nación’ (1915), cuya consideración de clásico entre los clásicos -por motivos de lenguaje cinematográfico, no ideológicos- la mantiene preservada de otras consideraciones: pese a su argumento -el héroe es miembro del Ku Klux Klan, mientras que los sádicos villanos son todos de raza negra-, la película de David W. Griffith fue considerada en 1992 por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos una obra "cultural, histórica y estéticamente significativa". ¿Hasta cuando?

Griffith, el racista sureño que reinventó el cine. Un director pionero que revolucionó Hollywood con recursos como el flashback, pero también escandalizó por sus ideas racistas.

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En los tiempos de ‘El nacimiento de una nación’ triunfaban los espectáculos denominados ‘blackface’, en los que actores blancos se pintaban la cara exageradamente de negro y los labios de rojo intenso para interpretar personajes afroamericanos y ridiculizarlos. Spike Lee dedicó hace dos décadas un brillante e infravalorado filme al tema, ‘Bamboozled’ (2000), que hoy, visto el panorama, tendría mayor repercusión. Conviene recordar que la primera película con sonido sincronizado de la historia, ‘El cantor de jazz’ (1927), fue protagonizada por un actor blanco, Al Jolson, con la cara tiznada de negro y los labios blancos.

El cine contemporáneo combate la afrenta: con el mismo título de ‘El nacimiento de una nación’, Nate Parker realizó e interpretó en 2016 un filme sobre Nat Turner, el esclavo que lideró una revuelta en 1831. La mayor parte de los estudios, a buen seguro, seguirán o empezarán a revisar su material antiguo en un proceso de urgente y lícita (pero también delicada) reescritura histórica, cuyos efectos son impredecibles.

"Blackface" de Justin Trudeau: por qué se considera racista pintarse la cara de negro.

El cantante estadounidense Al Jolson (1896 - 1950) usaba maquillaje "blackface" en los años 30.

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El abogado de Jacob Chansley, conocido por participar en el asalto al Capitolio del 6 de enero con la cara pintada con la bandera estadounidense y ataviado con un gorro de pelo y cuernos de bisonte, ha revelado que éste quiere testificar contra el expresidente Donald Trump en el juicio político o 'impeachment' abierto contra él en el Congreso. Chansley, conocido como el 'chamán de QAnon' e identificado también como 'Jake Angeli', fue "horriblemente embelesado" por Trump, pero ahora se siente abandonado por el exmandatario por no haberles amnistiado antes del fin de su mandato, el pasado 20 de enero. "Se siente traicionado por el presidente", ha explicado el abogado de Chansley, Albert Watkins, en declaraciones recogidas por la cadena CBS. Watkins ha indicado que todavía no ha hablado con ningún senador sobre la oferta de comparecencia de su representado. El juicio político comienza en la semana del 8 de febrero y busca principalmente inhabilitar a Trump de cara a una posible candidatura presidencial en 2024.

Jacob Chansley, en el asalto al Capitolio.

Chansley y otros cuatro asaltantes del Capitolio que han sido imputados por delitos federales podrían declarar que recibieron órdenes del ahora expresidente, lo que le incriminaría en el ataque. En concreto, Chansley está acusado de obstrucción a una autoridad pública, alteración del orden público, alteración del orden público en un edificio de acceso restringido, manifestación en el edificio del Capitolio y otros cargos. Chansley está detenido a la espera de juicio. Chansley es según la Fiscalía un "líder autoproclamado" del movimiento conspiratorio de ultraderecha QAnon y se ha convertido en el icono del asalto al Capitolio inspirado por Trump, aunque el propio mandatario dio marcha atrás a su respaldo tras la irrupción.

A poco más de una semana de la fecha marcada para el inicio de su histórico segundo 'impeachment', Donald Trump no tenia abogados. El principal abogado que iba a representar al expresidente en el juicio político que arrancó el 9 de febrero y otros cuatro letrados abandonaron la defensa y el 13 por la noche Jason Miller, portavoz del exmandatario, confirmó las informaciones de prensa en un comunicado en el que asumió que “no se ha adoptado una decisión final sobre el equipo legal, que se tomará pronto”. Las fuentes de la prensa estadounidense aseguran que la ruptura fue una “decisión mutua” de Trump y de Karl Bowers, el abogado de Carolina del Sur cuyo fichaje como líder del equipo legal se había anunciado a finales de 2020. No obstante, las informaciones también aseguran que han sido las diferencias sobre estrategia, y específicamente la insistencia de Trump en mantener sus acusaciones infundadas de fraude electoral, uno de los motores de la ruptura y del abandono no solo de Bowers, sino de otros cuatro abogados: la exfiscal Deborah Barbier, Josh Howard, Greg Harris y Johnny Gasser. Otros muchos abogados prominentes ya habían rechazado asociarse a las acusaciones de fraude de Trump, que en su primer 'impeachment' contó con una potente representación legal que incluía abogados de la Casa Blanca y otros externos como Kenneth Starr o Alan Dershowitz.

Kenneth Winston Starr (21 de julio de 1946) es un abogado y exjuez estadounidense. Starr fue designado por el presidente de Estados Unidos Bill Clinton para ocupar la Oficina de Consejeros Independientes; en este cargo le tocó investigar el suicidio del consejero de la Casa Blanca Vince Foster y los negocios inmobiliarios de Whitewater. Kenneth presentó al Congreso el llamado Informe Starr, que abrió el camino para el juicio de Bill Clinton por las acusaciones relacionadas con el escándalo de Monica Lewinsky. Actualmente Starr desempeña el trabajo de decano de la Pepperdine University School of Law en Malibu, California.

Otro de los factores que han influido en la ruptura de Trump con su equipo legal esta vez según' The New York Times' es que no había “química” con Bowers, algo que para el exmandatario es fundamental. Tampoco se había visto al abogado haciendo rondas por televisiones defendiendo las tesis de Trump, algo que también ha sido siempre del gusto del republicano. Trump enfrentaba un único cargo en su segundo 'impeachment' por “incitación a la insurrección” que culminó con el asalto del día 6 de enero al Capitolio. El juicio político empiezó en el Senado el día 9 de Febrero.

El Senado de Estados Unidos absolvió finalmente a Donald Trump del cargo de incitación a la insurrección por el asalto al Capitolio que se cobró cinco vidas y que una horda de sus seguidores llevó a cabo el 6 de enero con el fin de boicotear la confirmación de la victoria electoral de Joe Biden. A mediados de Febrero, 57 de los 100 miembros de la Cámara alta (los 50 demócratas y 7 republicanos) votaron el veredicto de culpabilidad, pero no alcanzaron la mayoría de dos tercios (67) necesaria para la condena. 43 republicanos votaron en contra. Nunca un juicio por impeachment había suscitado tanto respaldo entre los miembros del partido del acusado. Este proceso deja la figura de Trump sentenciada para la historia y exhibe la fractura que ha creado en el Partido Republicano.

Nanci Pelosi en Enero: Trump "debe irse" por ser un "peligro claro y presente" para EE.UU.

Algunos de sus miembros decidieron la absolución arguyendo el sentido constitucional del impeachment, concebido para la destitución de presidentes en el cargo, pero responsabilizan a Trump del ataque. El ejemplo más claro de esta dualidad lo ofreció Mitch McConnell, líder de los conservadores en la Cámara alta. Tras votar “no culpable”, tomó la palabra para denunciar el “vergonzoso incumplimiento de su deber” por parte de Trump aquel aciago día y aseguró: “No hay duda de que el presidente es práctica y moralmente responsable de los acontecimientos”. Biden emitió un comunicado por la noche citando esas palabras: “Aunque no ha habido condena, el cargo no está en discusión. Incluso esos que se han opuesto, como Mitch McConnell, creen que Donald Trump es culpable de un ‘vergonzoso incumplimiento de su deber’ y ‘práctica y moralmente responsable de provocar’ la violencia en el Capitolio”. Estados Unidos concluyó el impeachment más insólito de los cuatro vividos hasta ahora, uno en el que los senadores ejercían tanto de miembros del jurado como de testigos y, en buena medida, víctimas. Esa misma sala donde se juzgó el caso fue, a su vez, objeto del asedio aquel día, escenario del crimen. El juicio se desarrolló con el país aún conmocionado por el asalto reciente poco más de un mes antes y que dejó al mundo boquiabierto y el orgullo estadounidense, herido. Trump se ha convertido en el primer presidente en pasar dos veces por un procedimiento como este y el primero en hacerlo ya fuera de la Casa Blanca.

“Trump debe ser condenado por la seguridad de nuestro pueblo y de nuestra democracia”, enfatizó el demócrata Jamie Raskin, líder de los llamados gestores del impeachment, el grupo de congresistas de la Cámara de Representantes designados para ejercer de fiscales en el juicio que se desarrolla en el Senado. Los republicanos argumentaban que el impeachment no tiene sentido con Trump fuera de la Casa Blanca, más allá de su responsabilidad en el asalto. La acusación recalcaba, sin embargo, que era necesario inhabilitarlo para evitar que acceda a cualquier cargo en el futuro, y alerta de que dejar su comportamiento impune sienta un precedente peligroso para cualquier Gobierno. Este proceso tenía algo de catarsis nacional, también de mensaje al exterior, pero la purga no ha desembocado en una condena y, por tanto, en una verdadera declaración de país. Los republicanos volvieron a salvar a Trump, aunque con grandes fisuras y diferencias respecto al juicio por el escándalo de Ucrania, hace un año. Entonces, un solo senador, Mitt Romney, se desmarcó del grupo y votó para condenarlo.

Esta vez, han sido siete (entre ellos, Romney), algo sin precedentes. El primer presidente juzgado en un impeachment, el demócrata Andrew Johnson, en 1868, quedó absuelto por un solo voto porque 12 republicanos rompieron filas y se unieron a los demócratas para exonerarlo. En el caso del expresidente demócrata Bill Clinton, en 1999, fueron cinco los republicanos que votaron no culpable de todos los cargos. Este juicio duró solo cinco días, cuando lo habitual es que se prolongue semanas, y no incluyó una investigación previa ni la citación de testigos. Mediante un arsenal de vídeos, muchos de ellos inéditos, los demócratas abordaron de forma minuciosa el ataque violento del 6 de enero y las palabras con las que Trump incitó ese mismo día a los que asistieron a su mitin en Washington. Algunos senadores vieron por primera vez lo cerca que estuvieron de la turba, como Mitt Romney, blanco habitual de los ultras por sus críticas a Trump.

Andrew Johnson fue el decimoséptimo presidente de los Estados Unidos, ocupando el cargo desde 1865 hasta 1869 tras el asesinato de Abraham Lincoln, de quien había sido vicepresidente.

Los estadounidenses pudieron contemplar también cómo el vicepresidente, Mike Pence, fue evacuado a toda prisa junto a su familia. “Hay que colgar a Mike Pence”, gritaban algunos asaltantes, coléricos porque el republicano se negaban a boicotear la confirmación de Biden. Este impeachment no solo ha juzgado al ya expresidente por su papel en esas horas, lo ha hecho también por haber torpedeado la transición pacífica del poder y haber tratado de vulnerar la voluntad que los estadounidenses expresaron en las urnas en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Durante meses, el republicano agitó el bulo del fraude, desestimado por la justicia, presionó a los legisladores para que no reconocieran a Biden y animó la movilización civil. El día que el Congreso debía certificar la victoria del demócrata, tras un discurso en el que les animó a “luchar como el demonio”, estalló la violencia. Los demócratas han puesto el acento en su comportamiento mientras se producía el asedio, su “falta de remordimiento”, para tratar de demostrar que Trump era consciente de lo que sus arengas habían provocado. Es decir, que no era válido el principal argumento de la defensa, que consistía en que las palabras del republicano no suponían un llamamiento literal a la violencia o a la comisión de delitos, sino que forman parte de una “retórica política habitual” protegida por la primera enmienda de la Constitución, que consagra la libertad de expresión.

“Esta ha sido otra fase de la mayor caza de brujas de nuestro país”, dijo Trump en un comunicado, tras terminar la votación. Sus abogados habían hecho un alegato final en la misma línea, acusando a los demócratas de venganza partidista. A favor de condenarle votaron los republicanos Mitt Romney, Susan Collins, Lisa Murkowski, Richard Burr, Bill Cassidy, Ben Sasse y Pat Toomey. Desde el principio, fue evidente que el magnate conservaba apoyos suficientes para quedar absuelto, pero el proceso ha evidenciado la erosión de su figura. El juicio llegó a su recta final con giros imprevistos de guion. La declaración pública de una congresista republicana la noche del viernes, perjudicial para el expresidente, cambió el paso de la acusación demócrata, que pidió llamarla a declarar, lo que iba a retrasar el desenlace. Finalmente, aceptaron incluir su comunicado como prueba y evitar la citación. Esa nueva información tenía que ver con el momento en el que Trump supo del ataque y cómo reaccionó, ya que, para la acusación, constituyen pruebas contundentes de la posible connivencia del entonces presidente de Estados Unidos con los atacantes del Congreso. El viernes, Jaime Herrera Beutler, que es una de las republicanas que votaron a favor de proceder al impeachment en la Cámara de Representantes (fase previa del procedimiento), confirmó a los medios por escrito que el líder republicano de esa Cámara, Kevin McCarthy, le había contado una conversación entre este y Trump en medio del asalto, aquel 6 de enero, en la que el mandatario se había puesto del lado de los vándalos.

Kevin Owen McCarthy es un político estadounidense que sirvió como líder de la mayoría de la Cámara desde 2014 hasta 2019 y como líder de la minoría desde ese mismo año, tras las elecciones de mitad de mandato. Es representante de Estados Unidos para el 23.º distrito congresional de California desde 2013.

Según la congresista, McCarthy le dijo que había llamado a Trump para pedirle que animara a sus seguidores a detener la insurrección y que este le replicó: “Bueno, parece que están más molestos con la elección que tú”. El hoy expresidente estaba por aquel entonces furioso con los compañeros de partido que no le apoyaban en sus bulos sobre un fraude electoral y pretendían seguir adelante con la certificación de Biden como presidente. Tanto republicanos como demócratas querían un juicio breve. Los segundos no querian poner cortapisas a la agenda política de la nueva Administración de Biden y los primeros necesitaban pasar página cuanto antes para empezar a mirar hacia 2024. Este juicio en el Senado supuso el último adiós a la era Trump.

Seis agentes de la Policía del Capitolio han sido suspendidos y otros 29 están bajo investigación por sus acciones durante la toma del edifico del Congreso estadounidense el pasado 6 de enero, cuando se producía la certificación de votos electorales para determinar el próximo presidente. Entre los agentes suspendidos se encuentra uno que se fotografió junto a miembros de la turba que irrumpieron en la sede del Legislativo estadounidense, y también uno que llevaba una gorra con el lema de la campaña de Trump "Make America Great Again". La jefa interina de la Policía del Capitolio ha ordenado que "cualquier miembro de su departamento cuyo comportamiento no esté de acuerdo con las Reglas de Conducta del Departamento enfrentará la disciplina apropiada", explicó a CNN el portavoz de este cuerpo policial, John Stolnis. Desde la toma de Capitolio, el actuar de la Policía ha estado en entredicho, unas críticas que precipitaron la dimisión del entonces jefe del Capitolio, Steven Sund, mientras que a principios de Febrero los miembros de este cuerpo emitieron un voto de desconfianza contra los principales líderes de la fuerza de seguridad. Miles de simpatizantes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asaltaron violentamente el Capitolio el 6 de enero durante el proceso de certificación de los resultados de las elecciones presidenciales estadounidenses, en las que Trump, que denuncia fraude, fue derrotado por su rival demócrata, Joe Biden. Durante los incidentes murieron cinco personas, entre ellas el oficial de la Policía del Capitolio Brian Sicknick.

Homenaje al policía muerto en el asalto al Capitolio en el lugar por el que dio la vida. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y la primera dama, Jill Biden, fueron de los primeros en acudir a la capilla ardiente.

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Un detalle insignificante refleja la relevancia del momento histórico. Mohamedou Ould Salahi, mauritano detenido en Guantánamo y que fue liberado en 2016, sabe que Barack Obama es zurdo porque siempre le acompañará la imagen del expresidente firmando con la mano izquierda la orden para cerrar la prisión construida como un limbo legal: Guantánamo. Entonces la cárcel acababa de cumplir ocho años. Los mismos que llevaba Salahi allí detenido. El pasado Enero, Guantánamo cumplió 19 años y sigue funcionando. Una cosa ha aprendido el presidente Biden de aquel fracaso histórico de Obama: no hablar de Guantánamo.

El día que Obama firmó aquel decreto, todo el mundo en Guantánamo se lo tomó como algo serio, recuerda Salahi. Las autoridades militares le dieron a cada detenido una copia del texto firmado por el presidente. "Enviaron a dos militares de muy alto rango que nos explicaron a todos que la intención del presidente era cerrar Guantánamo y nos dijeron que se acabó la tortura", dice Salahi, que en aquel momento no podía parar de pensar si volvería a su país, Mauritania, o a Alemania, donde tenía a algún miembro de su familia. "Pregunté al jefe de los interrogadores qué iba a pasar conmigo y me dijo que me ayudaría a que me reasentaran. Me dijo que máximo un año". Pasaron ocho años. Aquel día, recuerda Salahi, todo fue más tranquilo de lo normal y no se escucharon los gritos habituales de los guardias a los presos.

De las 780 personas que han pasado por Guantánamo, hoy solo quedan 40. Solo dos de ellas cumplen condena tras haber sido juzgadas en comisiones militares –una fórmula criticada a nivel internacional–. Otras siete están acusadas, seis han sido autorizadas para un traslado y el resto sigue en prisión indefinida como prisioneros de guerra y sin cargos. El más joven tiene 38 años y el más mayor, 73. Todos llevan más de 12 años en Guantánamo. "Las comisiones militares violan los requisitos de imparcialidad, independencia y no discriminación y nunca deberían haber sido utilizadas", señalaron en una declaración varios relatores especiales de la ONU, entre ellos Nils Melzer, relator sobre tortura y otros tratos degradantes, Agnes Callamard, relatora sobre ejecuciones sumarias, arbitrarias o extrajudiciales y Fionnuala Ní Aoláin, relatora sobre la promoción y protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la lucha antiterrorista. "La detención indefinida y prolongada de personas que no han sido condenadas es arbitraria y constituye una forma de trato inhumano y degradante o incluso tortura".

Para conseguir vaciar la prisión, Obama creó un proceso mediante el cual los detenidos tienen derecho a una revisión de su caso, que es estudiado por seis agencias de seguridad. Si deciden que el detenido no es una amenaza para la seguridad nacional, pueden liberarlo. Eso fue lo que le pasó a Salahi, que lo recuerda como una experiencia "humillante". Años antes, en 2010, un juez ordenó su liberación, pero nunca se llegó a cumplir. "No son el FBI, la CIA, etc los que tienen que decidir si soy una amenaza. Un juez ya había dicho que era inocente y se negaron a ponerme en libertad", dice. "EEUU no puede decir que yo soy una mala persona. Pueden acusarme de serlo, pero no pueden ponerme en prisión porque piensen que lo soy. Guantánamo fue una completa falta de respeto de los valores sobre los que EEUU se fundó". Salahi escribió y publicó un libro estando en prisión y el 12 de febrero se estrenó en EEUU una película sobre su vida.

"Yo no niego mi pasado. No niego que fui a Afganistán. Lo que digo es que no he cometido ningún crimen", dice Salahi, que fue miembro de Al Qaeda, pero que asegura que cortó "todos los lazos" en 1992, justo cuando la organización declaró la guerra a EEUU. "No he matado ni he hecho daño a nadie. Ir a Afganistán no es ningún crimen: España, Alemania, EEUU estaban con los muyahidines. Incluso conocí allí a algunos de mis interrogadores. En una democracia, tener ideas no es ilegal y eso es lo bonito de la democracia. Era muy joven y por supuesto que ya no tengo esas ideas". Obama culpó de su fracaso al Congreso por aprobar una ley que impedía trasladar a los presos a territorio estadounidense. "No hay ninguna justificación más allá de la política para que el Congreso nos impida cerrar una instalación que nunca debió abrirse", afirmó el expresidente en 2013. "Imaginen un futuro dentro de 10 o 20 años en el que EEUU sigue teniendo bajo custodia a gente que no ha sido acusada de ningún crimen en un pedazo de tierra que no es parte de nuestro país". Luego llegó Trump, que no solo justificó y apoyó las torturas, sino que prometió "llenarla de tipo malos". "¿Que si aprobaría el ahogamiento simulado? Te puedes apostar el culo a que sí. Funciona", afirmó Trump en campaña. "Y si no funciona, igualmente se lo merecen por lo que nos hacen", añadió. Trump, sin embargo, no metió a nadie en Guantánamo, aunque obviamente tampoco cerró la prisión. Lo que sí cerró fue la oficina del enviado especial para el cierre de Guantánamo, creada por su predecesor. Esta oficina era la encargada de negociar la liberación y traslado al extranjero de prisioneros, así como del seguimiento de aquellos que habían sido puestos en libertad. Sin ella, es más difícil conseguir el traslado de presos para vaciar el centro.

En 1903, Estados Unidos decidió alquilar 116 kilómetros de tierra en Cuba para establecer una base naval. Tras los atentados del 11 de Septiembre, el terreno se habilitó como una prisión para supuestos terroristas. Desde su apertura, la cárcel de Guantánamo ha albergado un total de 779 personas, de los cuales 23 han sido designados para permanecer en prisión indefinida. Actualmente, entre 50 y 60 de ellas siguen detenidas. Según el informe internacional del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) de 2007, entre las torturas que se realizaban a los presos figuraban la asfixia por agua, golpes y patadas, confinamiento en una caja, desnudez prolongada, privación del sueño, la exposición a música alta, a temperaturas muy frías y el uso prolongado de esposas. Los juicios a los presos de Guantánamo son llevados a cabo por tribunales militares integrados por entre cinco y doce oficiales de las fuerzas armadas estadounidenses.

El 6 de abril de 2013 comienza la mayor huelga de hambre de Guantánamo a la que se sumaron casi la totalidad de los 166 reclusos que se encontraban en aquel momento en prisión. Según los prisioneros, a pesar de negarse, las autoridades les oblibagan a comer a la fuerza por la nariz. Los prisioneros no pueden recibir la visita de ningún familiar y, hasta marzo de 2016, tampoco se les permitía hablar con ellos por teléfono de forma regular. Sí reciben visitas de Cruz Roja, que también se encarga de llevarles las cartas de sus familiares. Según reconoció la Casa Blanca, cada uno de los detenidos cuesta a los norteamericanos un total de 800.000 dólares (unos 600.000 euros) al año.Sin embargo, a pesar de ostentar el título de 'prisión más cara del mundo', el gobierno de Estados Unidos paga a Cuba tan sólo 4.085 dólares anuales por el alquiler del terreno. En el Campo 5 se encuentran los detenidos con peor comportamiento y los que no quieren tener ningún tipo de relación con el resto de presos de la cárcel. Mientras, en el Campo 6, a los reclusos se les permite tener una celda individual y pasear por las instalaciones sin grilletes. Por su parte, del Campo 7 no se tiene ningún tipo de información, ni siquiera sobre su ubicación, por "motivos de seguridad", según alega el departamento de Defensa de Estados Unidos.

Biden conoce en primera persona las dificultades para cerrar la prisión y por eso ha mantenido un perfil bajo al respecto. "Biden continúa apoyando el cierre del centro de detención", señaló su equipo durante la campaña, alegando que "debilita la seguridad nacional de EEUU alimentando el reclutamiento de terroristas". Obama no fue el primero en contemplar el cierre de la prisión. El propio Bush dijo en 2006: "Me gustaría cerrar Guantánamo, pero reconozco que algunas de las personas que tenemos son muy peligrosas y más nos vale tener un plan para tratar con ellos en los tribunales". Un año después se volvió a pronunciar al respecto: "Debería ser un objetivo de la nación cerrar Guantánamo".

La prisión de Guantánamo fue concebida como un limbo legal en el que los prisioneros no estarían protegidos por la legislación estadounidense porque la prisión está situada en una base militar de Estados Unidos en Cuba. "Esto ha sido objeto de un gran debate y algunos abogados que han defendido a los prisioneros han hablado de lo que popularmente se conoce como el argumento McDonalds. la base militar tiene un mcDonalds y los abogados argumentaron que si para la franquicia rige una normativa estadounidense, puesto que en Cuba no hay McDonalds, para los prisioneros, también", dice Emma Reverter periodista autora de dos libros sobre la cárcel, uno en su fundación y otro en su décimo aniversario. Este limbo deliberado es lo que hace especial a Guantánamo, argumenta Reverter. "La cárcel de Guantánamo, aunque en realidad podríamos hablar de varias cárceles que se gestionan de forma distinta y que se sitúan en la base naval de Guantánamo, está situada en un territorio que es cubano, pero que en virtud de un tratado fue arrendado a Estados Unidos", dice. "La cifra acordada de alquiler es ridícula, pero se pactó en el tratado que para terminar con el arrendamiento las dos partes debían acordarlo. Obviamente Estados Unidos no tiene ningún interés en irse porque es una posición estratégica". Guantánamo ha cumplido 19 años y ha pasado por las manos de tres presidentes. Biden es el cuarto y Salahi muestra un optimismo irremediable. "Tengo que tener esperanza. Dicen que es lo último que se pierde. Pasé 16 años entre Guantánamo y prisiones secretas y solo me agarraba a la esperanza. Creo que hemos salido de esta pesadilla que era Trump y ahora tenemos a Biden, que cree que Guantánamo no debería existir".

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"Aquí no hay negros": cómo se borró de la historia de Argentina y Chile el aporte de los esclavos y los afrodescendientes.

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El primer y único afroamericano en volar solo alrededor del mundo, Barrington Irving ha creado una organización sin fines de lucro, Experience Aviation , que saca a los estudiantes de las aulas y los lleva a una cabina. Los estudiantes pueden aprender matemáticas y ciencias prácticas, mientras exploran su pasión por la aviación.

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Fue cofundadora de Black Lives Matter. He aquí por qué tiene tanta esperanza en el futuro.

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Hace 400 años, en 1619, desembarcaron en Estados Unidos los primeros africanos víctimas de la esclavitud. Desde que el Congreso de EE.UU. aboliera la esclavitud hace 154 años, solo cinco generaciones de afroestadounidenses han nacido libres. El 40% de los esclavos llevados a EE.UU. se quedaron en Charleston, Carolina del Sur. Ahora, las fastuosas casas donde fueron vendidos y forzados a trabajar hasta la muerte sirven de atracción turística. Charleston refleja una realidad completamente estadounidense: no hay nada que no esté marcado por el legado de la esclavitud aunque hayan pasado cuatro siglos. Lo que no termina de estar claro es en qué forma esta nación debe hablar sobre un asunto tan difícil. Que "la esclavitud no fue tan mala es quizás lo que más escucho" de los turistas, cuenta la guía Olivia Williams, que organiza visitas turísticas en las plantaciones de Carolina del Sur. "En mi cara, algunas personas me han dicho que [los esclavos] al menos tenían un lugar para dormir, comida y vegetales", agrega Williams. En 2019 Williams obtuvo una serie de reseñas negativas por la manera como enfoca las visitas turísticas a la plantación McLeod. Durante décadas, los turistas venían a Charleston y las plantaciones atraídos por el idílico encanto del sur, de belleza y exuberancia, una suerte de regreso a la era de "Lo que el viento se llevó". Pero la industria está cambiando lentamente y ahora algunos creen que los turistas deben enfrentar la realidad de la esclavitud en lugar de continuar con la narrativa de color rosa instaurada desde hace tanto tiempo. Incluso si eso hace la visita menos agradable. A la entrada de la plantación Mcleod, ya se avisa que el recorrido turístico será diferente. Al entrar, uno se encuentra con lo esperado: un césped extenso y puro rodeado de árboles con musgos y, al fondo, una elegante casa blanca que es ejemplo del esplendor sureño de entonces.

Las plantaciones de la ciudad de Charleston, Carolina del Sur, atraen e numerosos turistas.

Sin embargo, esta no es la imagen con la que los guías turísticos quieren que se queden los visitantes. "Lo que hablaremos hoy resultará duro y quizás se sientan incómodos, enojados o decepcionados, y está bien. Si quieren marcharse, no me ofenderé", advierte William al comienzo de la visita. Muchos de los turistas admiten desconocer que los dueños de las plantaciones forzaban matrimonios entre esclavos "fuertes" para añadirlos a sus "reservas", que las mujeres embarazadas eran azotadas y que la vida de esclavo podía comenzar tan pronto como a los 4 años de edad. "Esto es desgarrador, solo la idea de ignorar una parte tan horrorosa de la historia me enferma", dice Michaela, una joven turista de Nueva York. "Lloré, y estoy feliz de estar triste porque necesitaba que pasara de esta forma... somos responsables de saber lo que sucedió".

Pero no todos asumen las nuevas enseñanzas de esta forma. "No sé bien lo que McLeod trata de vender. Sé que los esclavos trabajaron, pero los dueños también, y tomó mucho esfuerzo gestionar estas plantaciones aunque fuese hecho con trabajo esclavo", opina una turista de Carolina del Norte. Ella piensa que fue terrible esclavizar personas, pero que también "era imposible gestionar todo esto sin trabajo esclavizado". Al final de la visita, Williams tiene que responder a la pregunta de una mujer blanca sobre si existe alguna conexión entre la forma en que los dueños de las plantaciones obligaban a sus esclavas a tener hijos y "cómo las mujeres negras de hoy terminan teniendo múltiples padres para sus hijos". Son el tipo de preguntas que Williams responde a menudo. Le han llamado racista, le han gritado, la han tachado de mentirosa, incapaz de hacer su trabajo. Una vez un turista pidió que fuese despedida. En ese tipo de días, Williams abandona el trabajo entre lágrimas, planteándose si debe volver o no. Pero la mayor parte de las reacciones a esta forma de turismo ha sido positiva, y aunque los comentarios incómodos generan mucha atención en los medios, son solo una parte pequeña de los centenares que agradecen al personal de McLeod que les hayan contado una verdad tan difícil de digerir. Esto se debe en parte a que en cada escuela estadounidense se enseñan versiones ligeramente distintas de la historia.

Olivia Williams recibió críticas negativas por centrarse en la perspectiva de los esclavos en la plantación McLeod en Carolina del Sur.

Los estudiantes que crecen en el sur quizá no escuchen nunca las historias de esclavos, incluso aunque su propia ciudad fuera levantada con trabajo esclavo, dice Shannon Eaves, historiadora de la Universidad de Charleston. Es un "problema fundamental" que arroja luz sobre el legado del racismo en EE.UU. Eaves explica que los ecos de la esclavitud estuvieron presentes en las leyes que legalizaron la segregación, codificaron a los estadounidenses negros como inferiores a los blancos y les suprimieron el derecho al voto. Estas leyes estuvieron vigentes desde el final de la Guerra Civil hasta el movimiento de Derechos Civiles en la década de 1950. "Quizá esto ayuda a explicar por qué estamos en 2019 y todavía hay estudiantes que me cuentan que no han escuchado esta historia nunca antes", dice Eaves, a lo que responde que "no es un accidente". Siglos de esclavitud seguidos de décadas de represión institucional, de acuerdo a Eaves, reforzaron viejas narrativas de que los estadounidenses negros eran "ciudadanos de segunda". La ignorancia de la historia está detrás de la nostalgia por el antiguo esplendor del sur y, para algunos, del rechazo a todo lo que cuestione esto. "La gente no iría a los campos de concentración de judíos esperando una narrativa feliz, y eso es porque ya conocen que fue un lugar de muerte, explotación y trabajo forzoso. Una plantación de esclavos es también eso, además de la casa de alguien", resume Eaves.

Middleton Place se describe como la casa de los "jardines paisajísticos más antiguos" de EE.UU. También es una de las plantaciones más antiguas de la ciudad y ofrece una visita enfocada en la esclavitud, pero de forma distinta. En la entrada, un cartel anuncia que las instalaciones son "evidencia del trabajo de generaciones de africanos ya afroestadounidenses". La palabra "esclavizado" aparece una vez, no se menciona lo que estas personas soportaron y en su lugar se dice que "mantuvieron los jardines, trabajaron en la casa y criaron el ganado". Jeff Neale, director de preservación e interpretación del centro, dice que "si solo se habla de la brutalidad y se deja fuera la perseverancia y fortaleza de toda esa gente, la esclavitud se convierte en un recipiente vacío". Neale añade que mucho ha cambiado en los últimos 25 años en Middleton y que están trabajando en cómo hacer la experiencia de los esclavos mucho más obvia para los turistas.

Una vez, una visitante le dijo después del tour que había "aprendido que los esclavos tenían hijos, que nunca había pensado en ellos como padres o madres". Cerca del final del recorrido, la esclavitud se convierte en el punto principal en la casa de Eliza, el hogar de una pareja liberada construida en 1870. Lo más llamativo es una tabla grande que ocupa toda la pared central que detalla los nombres, edades y precios de los 2.800 esclavos en Middleton.

Las casas de las plantaciones reflejan el esplendor del sur estadounidense.

Django desencadenado sentó a Quentin Tarantino en la silla de director tres años después de masacrar nazis en Malditos bastardos para darle una pátina a las películas de vaqueros con su toque personal. La película, incluida en las referencias de este monográfico, lleva al espectador de vuelta a los días de esclavitud en los estados del sur.

En la foto, la plantación Oak Alley fue visitada por Tarantino, pero finalmente se descartó como localización a favor de Evergreen, debajo.

La Plantación Evergreen conserva 22 cabañas de esclavos, y por su significado e importancia está catalogada en el circuito de lugares a preservar de la herencia afroamericana en Luisiana.

La Reserva Barataria es la sección más extensa del parque nacional Jean Lafitte, situado a pocos kilómetros del centro de Nueva Orleans. Troncos de ciprés cubiertos de hierbas acuáticas y los canales, que pueden ser explorados en canoa o kayak.

El aspecto hostil de los pantanos da una idea de lo arriesgado para aventurarse en ellos, escapándose del amo.

También hay información detallada sobre el tráfico de esclavos en EE.UU. y datos de las personas que vivieron en esa casa, aunque la exhibición no se ha actualizado en 17 años. Plantaciones como Middleton, todavía con granjeros y jardineros, son un lugar único en la historia donde es notablemente fácil caer en el romanticismo en formas en que nunca se haría en otros sitios. Las bodas, por ejemplo, son muy comunes tanto aquí como en McLeod. "Fue un lugar de trabajo y sufrimiento, pero también de familia", dice Neale, que piensa que si "se respeta la historia, estos lugares pueden usarse para que otros creen sus propias memorias". No todos comparten la opinión de Neale. Hace dos años se originó un debate en un foro de internet en el que se preguntaba si era razonable no asistir a la boda de un amigo si esta se celebraba en una plantación. La cuestión produjo alrededor de 1.000 comentarios de ambos lados del debate.

"Nosotros nunca iríamos al memorial del 9 de septiembre en Nueva York a organizar una fiesta o una boda", opina Kameelah Martin, directora de estudios afroestadounidenses en la Universidad de Charleston. Hacer eso es "una bofetada en el rostro de las personas de color en este país. No hay parte de la historia de EE.UU. que no esté vinculada a la esclavitud", resalta Martin. "Claro que hay lugar para la nostalgia", pero la riqueza de los esclavistas blancos "no existió porque fueran trabajadores, sino por la esclavitud de otros seres humanos. Tenemos que hablar de todo eso a la vez", añade Martin.

La historiadora Kameelah Martin opina que no es adecuado celebrar bodas en las plantaciones.

La población total de Carolina del Sur en 1860 rondaba los 70.000 habitantes. Y el 57% eran esclavos propiedad de cerca de 26.000 estadounidenses blancos. Desde 1787 a 1808, se compraron 100.000 africanos en Carolina del Sur, según el Instituto de Historia Americana Gilder Lehrman. Pero solo en 2018 que el alcalde de Charleston se disculpó públicamente por la institución de la esclavitud. Así que no es sorprendente que todavía se evite una historia completa en favor de una versión más bonita de lo que sucedía en ese estado. Charleston es una ciudad conectada estrechamente a las plantaciones que le otorgaron prominencia internacional. Hay estatuas conmemorativas de líderes confederados, pero no existe un memorial de esclavos.

En 1860, el 57% de la población total de Carolina del Sur eran esclavos.

"Creo que es una buena pregunta si Charleston alguna vez ha dejado de sacar beneficios de la historia de la esclavitud. De la agricultura saltaron al turismo", dice Martin. Las juntas de dos de las fundaciones históricas más importantes de Charleston están exclusivamente integradas por blancos. Y el director de un museo incluso afirma que en los años 80 se prohibía mencionar la palabra esclavitud con los turistas, pero que ahora se intenta promover las historias de los esclavos que habitaron estos lugares. Para Martin, Charleston tiene una "responsabilidad única en liderar la forma en que se reconcilia y se cura el racismo por las dos partes de la historia que alberga".

En 2015, todo Charleston se enfrentó a su pasado racista cuando el supremacista blanco Dylann Roof abrió fuego contra un grupo de fieles negros en la Iglesia de la Madre Emanuel y mató a nueve de ellos. Dos meses antes de la matanza, Roof había visitado la plantación McLeod. Durante el momento más álgido de la esclavitud, el Centro Humanitario Nacional calcula que existían alrededor de 46.000 plantaciones en los estados sureños. Ahora, los cientos de visitantes que acuden a estos lugares tienen una elección.

La masacre o tiroteo de la iglesia de Charleston fue un suceso que tuvo lugar el miércoles 17 de junio de 2015 en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel, en Charleston, Carolina del Sur. Dicha iglesia es uno de los templos más antiguos de Estados Unidos siendo a la par parte importante en la historia de los derechos civiles.

Y es que cada plantación tiene su propia historia que contar. No todos creen que haga falta acentuar tanto la esclavitud, pero la imagen sobre el bello y esplendoroso sur está cambiando a medida que los historiadores y grupos conservacionistas han comenzado a corregir discursos de otras décadas. A la pregunta de por qué se debe hablar de la esclavitud 400 años después, Martin opina que "aunque no se haya tenido conexión directa, en 2019 se sigue lidiando con las implicaciones y el impacto de las diferencias raciales como resultado de esa forma de pensar y estilo de vida". Se debe hablar de ello y debe importar "porque somos humanos".

Caso Botham Shem Jean: sentencian a 10 años de prisión a la agente de policía blanca que entró "por equivocación" en el apartamento de su vecino negro y lo mató de dos disparos.

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Si Dylann Roof, un fanático de 21 años, se lía a tiros a plena luz del día en una iglesia podemos plantear el debate sobre la posesión de armas; si este indeseable elige como víctimas sólo a personas negras, se abre la cuestión sobre la violencia racial en Estados Unidos. ¿Los hechos aislados explican fenómenos o procesos? ¿Este asesinato ha de ser considerado consecuencia de otro hecho ni relacionado con otro antecedente? ¿Ni siquiera con la ola de acontecimientos relacionados en esa época? Que haya sucedido en Charleston, Carolina del Sur, admite conjeturas y permite algún apunte histórico. En Charleston comenzó la Guerra Civil americana en 1861. Carolina del Sur fue el primer estado que declaró "disuelta" la Unión. Allí sonaron los primeros disparos cuando el buque 'Star West' se aproximó al puerto para aprovisionar el fuerte Sumter, que había permaneció leal a la nación.

Carolina del Sur siempre fue un estado rebelde. Hacía tres décadas que el impulsivo presidente Jackson amenazó con enviar las tropas federales porque la Asamblea del estado aprobó en 1832 una ley que anulaba otra de carácter federal, decretando que cualquier disposición aprobada por el Congreso de Estados Unidos que perjudicara a su territorio no obligaba a sus funcionarios ni ciudadanos. Se refería a las leyes arancelarias. Todo fue maquinado por el irredento y camaleónico esclavista John Calhoun, a la sazón y hasta ese año vicepresidente con Jackson. Calhoun proclamó la soberanía de los estados: "primero la libertad y después la Unión". En el Capitolio no se anduvieron con rodeos y el prestigioso congresista Webster respondió: "Libertad y Unión, ahora y siempre, unidas e inseparables". Calhoun le reprochaba a Jackson que había dejado de defender la libertad de los estados. En 1850 era el estado con mayor población esclava: el 58%. De todos los estados esclavistas, sólo aquí y en Misisipi (51%) había más esclavos que hombres libres. Constituía, por tanto, parte del "cinturón negro" de América. Tras la guerra, ambos estados aprobaron los primeros e infames códigos negros, leyes discriminatorias, de servidumbre y semiesclavitud.

John C. Calhou se hizo conocido como el "hombre de hierro fundido" por su rígida defensa de las creencias y prácticas sureñas blancas. Su concepto de republicanismo enfatizaba la aprobación de la esclavitud y los derechos de los estados minoritarios como los encarnaba particularmente el Sur. Poseía decenas de esclavos en Fort Hill, Carolina del Sur. Calhoun afirmó que la esclavitud, en lugar de ser un " mal necesario ", era un " bien positivo " que beneficiaba tanto a los esclavos como a los propietarios.

Para proteger los derechos de las minorías contra el gobierno de la mayoría, pidió una mayoría concurrente por la cual la minoría podría bloquear algunas propuestas que se sintieran violadas en sus libertades. Con ese fin, Calhoun apoyó los derechos de los estados y la anulación mediante la cual los estados podían declarar nulas y sin efecto las leyes federales que consideraban inconstitucionales. Formó parte del "Gran Triunvirato" o del "Trío Inmortal" de líderes del Congreso, junto con sus colegas Daniel Webster y Henry Clay.

Un siglo después de la Guerra Civil, la Comisión del Centenario se marcó como objetivo presentar una nueva América sin fisuras raciales. Por su valor simbólico, la Comisión decidió reunirse en Charleston. Sin embargo, un hotel negó hospedaje a un delegado negro de New Jersey. Kennedy, recién llegado a la Presidencia, sugirió que la comitiva se encontrara en dependencias de la Marina, donde regían las leyes federales, pero los miembros de Carolina del Sur rechazaron la propuesta: no era un lugar neutral. Al final se convocaron dos reuniones. América entonces seguía partida. Al poco, Johnson aprobó la Ley de Derechos Civiles que puso el punto y final a la discriminación legal. La elección de Obama representó el fin de la discriminación simbólica. Las leyes, la historia, la educación y el civismo nos salvaguardan del rencor y reducen al mínimo el riesgo de violencia colectiva, pero no impiden que de vez en cuando dispare un perturbado.

La masacre de Dallas (Texas) de 2017, donde 5 agentes resultaron muertos y otros 6 resultaron heridos en un tiroteo protagonizado por varios francotiradores, es uno de los ataques más graves cometido contra las fuerza del orden en EEUU y supuso un nuevo episodio de violencia por la actuación policial con afroamericanos. La matanza tuvo lugar durante una protesta contra la brutalidad policial por el asesinato de dos ciudadanos negros a manos de sendos agentes en esos días.

7 septiembre 2010.- Disturbios en Oakland (California) después que un jurado declarase culpable de homicidio involuntario a un policía blanco de la muerte de un joven de color.

14 julio 2013.- Manifestaciones y protestas en varias ciudades del país tras la absolución de un vigilante de la muerte del joven afroamericano Trayvon Martin en Sandford (Florida).

17 julio 2014.- Muere en Nueva York el ciudadano afroamericano Eric Garner, tras ser inmovilizado por un policía con una táctica prohibida por la policía neoyorquina.

5 agosto 2014.- Un policía mata de un disparo al afroamericano John Crawford en Beavecreek (Ohio).

9 de agosto 2104.- Un policía blanco mata a Michael Brown, un joven negro, en Ferguson (Misuri), lo que provoca protestas y graves enfrentamientos y saqueos que llevan a ordenar la intervención de la Guardia Nacional.

La muerte de Michael Brown se produjo el 9 de agosto de 2014 en Ferguson, en la periferia de San Luis, estado de Misuri, Estados Unidos. Brown, de 18 años, murió después de ser abatido por tiros disparados por Darren Wilson, 28, un agente de policía.

10 octubre de 2014.- Nuevos disturbios en la ciudad de San Luis (Misuri) después de que el 8 de octubre un agente fuera de servicio matara al joven afroamericano de 18 años Vonderrit Myers Jr.

24 noviembre 2014.- La no imputación del policía que mató a Michael Brown desata dos noches de violentos disturbios en Ferguson (Misuri) durante los que fueron detenidas al menos 47 personas y se produjeron importantes daños materiales.

5 diciembre 2014.- Un agente mata de dos tiros a un afroamericano desarmado tras un forcejeo entre ambos en Phoenix (Arizona).

20 diciembre 2014.- Dos policías neoyorquinos son asesinados a tiros por un negro que quería vengar a los afroamericanos muertos a manos de agentes.

12 marzo 2015.- Dos policías son tiroteados frente a una comisaría de policía en Ferguson (Misuri).

2 abril 2015.- Eric Harris, un hombre negro de 44 años, muere a manos de un policía blanco de la oficina del alguacil del condado de Tulsa (Oklahoma).

4 abril 2015.- Un policía blanco mata a tiros a un afroamericano desarmado, identificado como Walter Scott, negro y de 50 años, en North Charleston (Carolina del Sur).

19 abril 2015.- Un afroamericano fallece a consecuencia de las graves heridas causas por la policía cuando se encontraba bajo custodia policial en Baltimore (Maryland). La muerte provocó actos de protesta y violencia, llegando a decretarse el toque de queda en la ciudad el 28 de abril.

19 julio 2015.- Un policía mata al ciudadano negro Samuel Dubose, a quien paró por circular sin matrícula en su vehículo.

Las imágenes del casco del policía fueron difundidas por toda el mundo.

El 19 de julio de 2015, en Cincinnati, Ohio, Samuel DuBose, un hombre negro desarmado, fue asesinado a tiros por Ray Tensing, un oficial de policía blanco de la Universidad de Cincinnati, durante una parada de tráfico por falta de una placa delantera y una licencia de conducir suspendida.

25 julio 2015.- Raynette Turner, una afroamericana de 42 años, muere en una celda de una comisaría en Mount Vernon (Nueva York), donde permanecía bajo custodia policial.

10 agosto 2015.- Nuevos disturbios raciales en Ferguson (Misuri) en el aniversario de la muerte de Michael Brown.

19 agosto 2015.- En San Luis (Misuri), cerca de Ferguson, fallece el joven Mansur Ball-Bey, de 18 años, en un enfrentamiento con dos agentes de Policía.

18 octubre 2015.- Jones, un hombre de 31 años fallece en incidente con un oficial de policía, Nouman Raja, que se encontraba de guardia y vestido de civil con un coche camuflado, en Palm Beach.

25 febrero 2016.- El agente de policía Aaron "A.C." Smith, de 23 años, presuntamente disparó y provocó la muerte del afroamericano Gregory Gunn, en Alabama.

11 abril 2016.- Un joven negro de 16 años, Pierre Loury, falleció durante una persecución a pie con la Policía en Chicago, después de que los agentes parasen el coche en el que viajaba al sospechar que estaba involucrado en un tiroteo anterior.

Tambrasha Hudson, desconsolada durante una protesta por la muerte de su hijo.

6 julio 2016.- En Baton Rouge (Luisiana) muere de un hombre negro a manos de policías blancos. El fallecido Alton Sterling, tenía 37 años.

7 julio 2016.- Se conoce la muerte del joven negro Philando Castile a manos de la Policía, en Falcon Heights (Minesota, EEUU), que desata protestas en todo el país y la manifestación en Dallas que acabó con la muerte de 5 policías.

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Líderes afroamericanos de North Charleston (EE UU), donde un agente de policía blanco disparó en 2015 ocho veces por la espalda a un afroamericano, exigieron que la Policía llevase cámaras pegadas al cuerpo con el fin de aumentar la supervisión sobre los agentes.

En dos ruedas de prensa diferentes, la división de Charleston de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP) y el Caucus afroamericano del Congreso estatal de Carolina del Sur urgieron a los legisladores locales a respaldar dos proyectos de ley sobre este tema que está tramitando el Legislativo estatal. Las leyes, impulsadas por el legislador local Wendell Gilliard, buscan, por un lado, obligar a los agentes a llevar cámaras mientras están de servicio y, por otro, crear un subcomité de seis legisladores para evaluar cómo otros estados usan estas cámaras, según la web del Congreso estatal. "Pedimos al Legislativo que deje de retrasar la ley y la promulgue para obligar a todos los funcionarios públicos, encargados de hacer cumplir la ley en Carolina del Sur, a llevar cámaras en el cuerpo", recalcó el presidente local de la NAACP, Dot Scott. Los disparos mortales del agente Michael Slager, de 33 años y raza blanca, contra el afroamericano Walter Scott, que un transeúnte grabó con un teléfono móvil, muestran que "el vídeo no miente", apuntó el líder afroamericano.

Walter Lamar es esposado tras ser tiroteado.

La opción de que los agentes locales incorporen cámaras a sus uniformes fue propuesta a principios de marzo por el grupo de trabajo creado por el Gobierno federal tras los disturbios por la muerte a tiros del joven negro Michael Brown en Ferguson (Misuri) a manos de un policía blanco. Este miércoles, el alcalde de North Charleston, Keith Summey, prometió en una rueda de prensa que los agentes de esta localidad del sureste del país llevarán cámaras pegadas al cuerpo. El primer edil dijo que la ciudad ya había comenzado a tramitar esta medida, había recibido una subvención para comprar 101 cámaras y tenía previsto adquirir otras 150 más. En diciembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció su intención de pedir al Congreso la inversión de 263 millones de dólares a lo largo de tres años para varias medidas relacionadas con las policías locales, incluidos 75 millones para conseguir que unos 50.000 agentes más lleven ese tipo de cámaras.

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Tras engañar a los líderes del Movimiento Socialista Nacional (NSM), el activista afroamericano James Hart Stern se hizo con el control de este emblemático grupo neonazi de Estados Unidos, que ahora lucha para evitar la desbandada de sus miembros, según informaron fuentes de la organización. "El señor James Stern me engañó, me convenció de que para proteger a nuestro grupo del proceso judicial en el que estamos inmersos debía cederle la presidencia", lamentaba el hasta entonces líder del NSM, Jeff Schoep, en un comunicado. El proceso al que hace referencia el "comandante Schoep", como se hace llamar el ya ex presidente del movimiento, se remontaba a las protestas que tuvieron lugar en Charlottesville el 12 de agosto de 2017 y que desembocaron en la muerte de la joven Heather Heyer, atropellada por un supremacista blanco, James Fields.

James Stern, el afroamericano que "engañó" a los nazis en Estados Unidos y se proclamó su líder. Un proceso que se remonta a las protestas que tuvieron lugar en Charlottesville el 12 de agosto de 2017 y que desembocaron en la muerte de la joven Heather Heyer, atropellada por un supremacista blanco.

Los hechos, en los que participaron en torno a una decena de grupos extremistas, llevaron a la Universidad de Virginia a presentar una denuncia por daños emocionales y económicos contra esas organizaciones, entre ellas el NSM. Fue en ese momento cuando entró en juego la figura del reverendo Stern, un conocido activista en la lucha por la igualdad racial que, según explica su página web oficial, se ofreció a Schoep para ayudarle a limpiar la imagen de su grupo de cara al proceso judicial. "El NSM es un grupo que empleaba el símbolo más ofensivo de la Segunda Guerra Mundial, la esvástica (...). El reverendo les ha llevado a borrar la esvástica de su logotipo y ahora reconocen que el Holocausto fue un hecho, no propaganda", sostiene un texto publicado en la web del activista. Lo que no sospechaba Schoep, o al menos eso asegura, es que entre los documentos firmados a raíz de su acuerdo con Stern se encontraba uno por el cual le cedía la presidencia del grupo, tal y como reflejan las actas judiciales del proceso contra el NSM. Cuando este detalle salió a la luz durante el juicio, la sorpresa fue generalizada. El "capitán" Harry Hughes, portavoz de la organización, confesaba estar tan "desconcertado" como el resto del país. Schoep, por su parte, reaccionó dimitiendo de su cargo y nombrando al "jefe del Estado Mayor" del NSM, Burt Colucci, como su sucesor; una medida que no fue suficiente para evitar la desbandada de los miembros del grupo. "Sois gigantes entre personas inferiores y vuestra lealtad será recordada (...). Os pido que seáis pacientes y fieles mientras diseñamos un plan para el futuro", clamaba el "comandante" en su carta de despedida. Sin embargo, tal futuro no existía, ya que, como el propio Schoep reconoce, la intención de Stern parece ser hacerse con el control para "disolver el NSM".

Resulta llamativa la inocencia con la que el líder nazi se prestó a semejante engaño, ya que aparentemente no tuvo en cuenta que entre los logros que llevaron al reverendo a convertirse en un referente del activismo contra el racismo estaba precisamente el haber ejecutado una maniobra similar que acabó con una fraternidad del Ku Klux Klan (KKK) en 2016. En esa ocasión, Stern se valió de su relación personal con el "gran maestre" del grupo, Edgar Ray Killen, para convencerle de que le cediera el control de la organización. La relación entre Stern y el ya fallecido Killen se forjó tras los barrotes de una prisión del estado de Misisipi, donde el afroamericano cumplía condena por fraude y el miembro del clan pasaba los últimos días de su vida tras haber sido sentenciado a cadena perpetua por el asesinato en 1964 de tres jóvenes activistas. La trascendencia de estos homicidios fue tal que el cineasta Alan Parker se hizo eco de la historia en su película Mississippi Burning (1988).

Ambos acontecimientos se reseñaron en sendas películas, incluidas en este monográfico.

En su blog, el propio Stern reconoce que es "la mayor de las ironías" que Killen entablara una amistad con él, la cual le permitió acabar con su fraternidad del KKK, una institución que, en el sur del país, "envenena todo y a todos a su paso bajo un liderazgo con puño de hierro que deja un rastro de sangre por donde pasa". A pesar de que esta historia es bien conocida en todo el país, Schoep defiende que obró "para proteger al NSM" y que su intención nunca fue perjudicar a una organización a la que le ha dedicado "tantos años de servicio". Por todo ello, el "comandante" concluye su misiva con una arenga que, no obstante, tiene un aroma a derrota: "Recordad, siempre está más oscuro antes del amanecer".

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Finalmente, a principios de 2017, el joven supremacista blanco Dylann Roof, fue condenado a muerte por la decisión unánime del jurado. Roof, de 22 de años, no dió muestras de arrepentimiento y en su declaración final aseguró que "todavía siento que tenía que hacerlo". En un tribunal de Charleston, en el estado de Carolina del Sur, la decisión del jurado federal compuesto por 12 personas (nueve negros y tres blancos) fue unánime. El jurado ya declaró culpable a Roof el diciembre anterior de los 33 cargos que pesaban en su contra, de los que 18 conllevaban la pena de muerte, por el ataque cometido el 17 de junio de 2015 en la Iglesia Africana Metodista Episcopal (AME) de Charleston. Roof, quien optó por representarse a sí mismo durante parte del juicio, fue formalmente sentenciado a la pena capital por el juez instructor del caso, Richard Gergel.

Aunque los abogados defensores calificaron la actitud de Roof de "delirante" y "anormal", el juez Gergel consideró que el joven tenia la competencia mental y emocional para defenderse a sí mismo. Durante el proceso judicial, el joven confesó los crímenes y reconoció que eligió atacar la iglesia de Charleston por ser una de las más antiguas congregaciones del sur de Estados Unidos y una de las más firmes en la defensa de los derechos civiles de los afroamericanos. La noche del ataque a la histórica iglesia, el joven condenado se sentó durante 45 minutos en uno de los bancos con un arma semiautomática mientras los feligreses leían la Biblia, antes de comenzar a disparar de manera repetida contra los asistentes y matar a nueve de ellos. Dylann Roof era "un hombre de odio intenso. Estas nueve personas ejemplifican una bondad mayor que su mensaje de odio", dijo en su momento el fiscal Nathan Williams durante el juicio. El sentenciado admitió los asesinatos poco después de ser detenido en una confesión grabada en vídeo que fue presentada en el tribunal, y en la que detallaba su relato de los crímenes y sus motivaciones racistas. En una vista en esos días los fiscales volvieron a retratar a Roof como un "frío y calculador" supremacista blanco que planeó durante meses el ataque y lo perpetró con el objetivo de desencadenar una guerra racial en un momento de gran tensión social en EE UU por la muerte de afroamericanos a manos de la policía.

Sus primeros contactos con la policía fueron dos arrestos, en los meses anteriores al ataque. El 2 de marzo de 2015 fue interrogado sobre un incidente en un centro comercial el 28 de febrero, en el que ingresó en el centro comercial usando ropa negra y le hizo a los empleados preguntas inquietantes. Durante el interrogatorio, las autoridades hallaron en su poder una botella de Suboxone, unos narcóticos usados para el tratamiento con opiáceos y que poseen efectos similares a las drogas. Roof fue arrestado por el delito de posesión de drogas y posteriormente se le prohibió la entrada al centro comercial durante un año.

Después de que le detuvieran de nuevo el 26 de abril invadiendo el centro comercial sin motivos, la prohibición fue ampliada para otros tres años. El 13 de marzo de 2015, Dylann Roof fue investigado debido a que un policía vio su coche estacionado cerca de un parque en el centro de Columbia. El oficial a continuación, llamó a un colega para investigar. Un oficial de policía llevó a cabo una búsqueda de su vehículo y encontró varias armas, además de que quería comprar más. Pero no presentaron cargos ya que no es ilegal en Carolina del Sur poseer un arma de fuego.

¿Quiénes son los supremacistas blancos y cuál es su poder político?

Líderes negros de EE UU exigen que la Policía lleve cámaras pegadas al cuerpo.

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Wyoming. Lo conocemos por los western. Aunque esta historia le pega más a 'Encuentros en la tercera fase', la famosa cinta de Spielberg, que se rodó allí. El décimo estado más grande de la Unión. El menos poblado. Medio millón de almas (algunas muy oscuras) y un lema que según ellos les define: 'Equal Rights'. En EE UU todo tiene mote y Wyoming es conocido como el Estado de la equidad. Un poco chiste, por qué no decirlo. Estos días en Wyoming, en la cuasiinfita llanura que se topa con las Montañas Rocosas, en la patria del archiconocido Parque Yellowstone, hay un nombre que se repite más que cualquier otro: Aaron Appelhans. Lo más triste es que este hombre de 39 años, nacido cerca de la lejana Denver, tampoco ha hecho nada fuera de los común. Al menos en cualquier lugar del planeta que no sea Wyoming. Appelhans se graduó en la Academia de Policia del Estado, empezó a patrullar, lo hizo bien, se ganó un nombre defendiendo lo que tanto él como sus compañeros no son «'la poli', como nos llaman (cops), sino un grupo de personas que trabajan para manter la paz», le fueron ascendiendo y ahora ha sido nombrado sheriff del Condado de Albany. Todo normal. Pero Appelhans es negro. Lo que no debería tener ninguna importancia.

El décimo estado más grande de EE UU pone al frente de la policía a un afroamericano, por primera vez en su historia.

Aunque por alguna razón, se ha convertido en el primer sheriff no blanco del Estado de Wyoming, el de la igualdad de derechos, en toda su historia. Lo más triste es que su nombramiento está motivado por los disturbios surgidos el pasado verano tras un nuevo acto de brutalidad policial. En eso Wyoming sí se parece al resto de la federación. Fue en un control rutinario. Un policía, blanco, dio el alto a un conductor, no blanco, que sufría además un ligero retraso mental y... Aquella muerte desató una ola de violencia que ahora quieren calmar con el nombramiento de Appelhans. «En la academia tampoco había muchos chicos como yo», ha reconocido el sheriff en los medios americanos. Trabajo no le va a faltar para que Wyoming salga del pasado.

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