Un salón de masajes de Atlanta (Georgia). Un
supermercado de Boulder (Colorado). Una inmobiliaria de Orange
(California). Una base militar de Frederick (Maryland). «Por
desgracia parece que pasa todos los días, lo único que podemos
hacer, tanto en las fuerzas armadas como en los cuerpos civiles,
es evaluar nuestra capacidad de respuesta y asegurarnos de
que estamos preparados para proteger a la comunidad», dijo
con resignación Jason Lando, jefe de policía de Frederick.
El protagonista, Fantahun Girma Woldesenbet, nombre de origen
etíope, era un médico militar de 38 años que empezó el día
temprano disparando contra dos compañeros de la marina en
unas instalaciones adheridas a la base militar de Fort Detrick
en la ciudad de Frederick, donde vivía, a una hora de Washington
DC. Su reacción, correr a refugiarse a la base militar en
la que trabajaba, solo que la policía fue más rápida que él
en dar la descripción del coche y el sospechoso fue retenido
en la barrera de seguridad mientras revisaban el coche en
busca de armas. El asesino debió comprender que le habían
descubierto, por lo que pisó el acelerador y avanzó a toda
velocidad hacia el interior de la base, donde fue abatido
a tiros, convirtiéndose en la única víctima mortal de la jornada,
por el momento. Una de sus víctimas ha sido dada de alta,
pero la otra se encuentra en estado crítico. Con ese balance,
el suceso ni siquiera cualifica para tiroteo masivo, que en
EE UU se define con un mínimo de cuatro muertos. El arma utilizada
fue un rifle, sin que se haya hecho público el calibre, pero
el general Michael Tally aseguró que el cargo del militar
no implicaba portar armas. La policía no ha querido especular
sobre los motivos, «hay medio centenar de investigadores tratando
de responder precisamente a esa pregunta», se disculpó, pero
nada lo asocia a un presunto atentado islámico, que es lo
único que desata ya las alarmas en EE UU cuando se habla de
un tiroteo. En Atlanta fue un adicto al sexo que intentaba
acabar con el objeto de su deseo, mujeres asiáticas. En Boulder,
un inmigrante sirio que sufría de paranoias. En Orange, una
vendetta personal contra el socio y su familia. El presidente
Joe Biden tiene sobre la mesa la obligación de proponer alguna
medida para el control de armas, pero nadie tiene las esperanzas
puestas en ello.
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Arde Minneapolis. Otra vez. El juicio por la
muerte de George Floyd todavía está caliente. En el asfalto
donde cayó hay un nuevo nombre. A pocos kilómetros del tribunal
por el que desfilan los testigos que lo vieron morir asfixiado
bajo la rodilla de un policía, murió de un solo disparo otro
afroamericano, Daunte Wright, de 20 años. Los manifestantes
a la espera del juicio descargaron toda la rabia y la tensión
en las calles de la nueva escena del crimen, Brooklyn Center,
un suburbio de Minneapolis (Minnesota), donde volvieron a
arder los comercios y muchos salieron de ellos con las manos
llenas. «Nos damos cuenta de que esto ha ocurrido en el peor
momento posible», admitió consternado el alcalde de Brooklyn
Center, Mike Elliott, junto a una ciudad donde por segunda
vez en un año se intenta apagar el incendio de la indignación
popular contra la brutalidad policial. Esta vez el gobernador
tardó apenas unas horas en activar a los 2.000 soldados de
la Guardia Nacional destacados desde que empezó el juicio
y declarar el toque de queda, en lugar de los cuatro días
transcurridos el año pasado desde la muerte de Floyd.
«No corras», le dijo su madre a Wright. Y no
lo hizo. Cometió dos errores: el primero, llevar un ambientador
colgado del espejo retrovisor, lo que aparentemente llamó
la atención de una patrulla que lo detuvo para identificarlo.
El segundo, asustarse cuando intentaron detenerlo al comprobar
que tenía una orden pendiente y volver a meterse en el coche
para huir. La mujer policía que le robó la vida cometió un
error todavía mayor: «¡Taser!», le gritó. Pero en lugar de
apuntarle con la pistola que lanza descargas eléctricas, le
metió un tiro mortal en el cuerpo. «¡Mierda, acabo de dispararle!»,
se le oye decir en el vídeo. «Oh, Dios», lamenta otro agente.
Los testigos, entre ellos su novia, dicen que le sacaron del
coche cubierto de sangre para intentar reanimarle, pero eso
no se ve. El jefe de policía Tim Gannon no tardó ni 24 horas
en hacer público el vídeo que grabó la propia patrulla con
las cámaras que llevan en el pecho, en comparación a los casi
dos meses que se tardó en hacer pública la grabación policial
de la muerte de Floyd. Fue una agilidad «sin precedentes»,
presumió el jefe de policía, que quiso exhibirla como prueba
de su honestidad y transparencia con el público, pero que
en realidad hablaba de su convencimiento de que sería una
prueba exculpatoria. «Por lo que veo y por la reacción de
angustia inmediatamente después, esto fue una descarga accidental
que resultó en la trágica muerte del señor Wright», concluyó.

Era una sentencia muy firme para tratarse de
alguien que no quiso dar detalles sobre el incidente por no
influir en la investigación. El jefe Gannon apareció tan alterado
en la conferencia de prensa que llegó a abandonar la sala
para recomponerse antes de volver. Suya fue la decisión de
cargar contra los manifestantes la noche antes, lanzando gases
lacrimógenos y pelotas de goma, que justificó por haber resultado
herido un policía con un ladrillo. «Les dimos la orden de
dispersarse en cinco ocasiones y no se fueron», se defendió.
Solo dos personas resultaron detenidas en esa primera noche
de rabia, pero una veintena de comercios se perdieron entre
las llamas. Algunos culpan la decisión de apagar las luces
del cuartel de policía y de las calles adyacentes durante
cinco horas en medio de una amenaza consumada de vandalismo,
pero la policía actuaba en estado de guerra y no quería ser
un objetivo iluminado en la noche. En el interior de los juzgados
donde se lleva a cabo el juicio contra el policía Derek Chauvin,
la Giscalía pidió al juez que secuestrara al jurado en un
hotel para aislarlo de las protestas pero el magistrado se
resistió. La violencia policial está a la orden del día, nadie
puede aislarse de ella. «Estoy enfadado y tengo el corazón
roto de lo constante que es este trauma», declaró la adjunta
del gobernador Peggy Flanagan, mientras el hermano de Daunte
Wright alzaba a su hijo de dos años en alto para mostrar a
las masas el resultado: otro niño huérfano.
El alcalde de Mineápolis ha declarado un toque
de queda en la ciudad a raíz de los incidentes desatados tras
la muerte de otro afroamericano a manos de la Policía. Desde
el lunes por la noche, a partir de las 19.00 horas (hora local),
entrará en vigencia el toque de queda, que se extenderá hasta
las 6.00 horas del martes. Esta medida se aplicará ya que
se ha declarado el estado de emergencia en la urbe. «La angustia
que estamos sufriendo no se puede traducir en violencia, destruyendo
medios de vida, destruyendo negocios de propiedad local en
los que nuestras comunidades han vertido su corazón y alma
durante décadas», ha pedido el alcalde de Mineápolis, Jacob
Frey, en una rueda de prensa, informa CNN. «El desmoronamiento
de los sacrificios que la gente ha hecho durante tanto tiempo,
no puede, no será tolerado. Debemos buscar la paz esta noche»,
ha instado Frey. También el alcalde de St. Paul, Melvin Carter,
ha anunciado que imperará este mismo toque de queda en el
municipio, mientras que el gobernador de Minesota, Tim Walz,
ha declarado también toque de queda en tres condados -Hennepin,
Ramsey y Anoka-, uno de ellos donde fue asesinado Daunte Wright.
Por otro lado, el alcalde de la ciudad Brooklyn Center -donde
fue asesinado Wright-, Mike Elliott, ha informado que la autoridad
de mando del Departamento de Policía ha sido transferida a
su oficina tras una votación en el consejo de la ciudad, mientras
que también ha anunciado que el administrador del municipio,
Curt Boganey, ha sido relevado de sus funciones.

Jacob Frey, el alcalde Democrático de Minneapolis,
Minnesota.
Las protestas en EE UU por la muerte de Daunte Wright
a manos de la policía, en imágenes:


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Los paranoicos tienen razón. El Tío Sam te tiene
fichado. En este momento eres como una aguja en un pajar,
por eso no es previsible que investiguen cada uno de tus movimientos,
pero si mañana deciden ir a por ti, cada línea que hayas escrito
en las redes sociales y cada foto que te hayas hecho puede
ser usada en tu contra. Eso, y mucho más, es lo que ha servido
al FBI para detener a más de 300 seguidores de Donald Trump
que irrumpieron violentamente el pasado 6 de enero en el Capitolio
para evitar la certificación de los resultados electorales.
Muchos se lo buscaron tomándose selfies y sonriendo a las
cámaras de seguridad. Como eran del movimiento anti mascarilla
no tenían protección y cuando lo pensaron era tarde. Las cámaras
de seguridad del Capitolio ya los habían fichado. Otros, como
Debra Maimone, las desafiaron embargados por la adrenalina
del momento que les hacía sentirse invencibles. «¡Esto es
increíble!», contaba al teléfono de su novio que la estaba
grabando, mientras se bajaba el pañuelo de las barras y las
estrellas. «¡Ponte la máscara, no quiero que te identifiquen!»,
le ordenó él. Demasiado tarde. La policía ha logrado identificarles
al comparar su voz y los tatuajes con las imágenes tomadas
el año antes por una televisión local de Pittsburgh, a la
que contaron otra osadía en un bote de pesca. El diario The
Washington Post ha reunido todas estas pistas analizando los
documentos legales que ha presentado la Fiscalía en los tribunales
federales, una labor titánica que deja al descubierto muchas
de las técnicas utilizadas por las autoridades. A la pareja
le ha costado, de momento, 20.000 dólares en fianzas para
quedar bajo libertad a la espera del juicio.

Algunos han negado los cargos alegando que en
la escena había alguien que se parecía mucho a ellos, lo que
obligará al FBI a demostrar la fiabilidad de estas técnicas.
Uno de ellos, Andrew Hatley, intentó usar Facebook para despistarlos.
«Quiere dejar claro que no era yo, no tengo interés en causas
perdidas, estas cosas ya no me importan». Pero la página de
Mark Zuckerberg no era la única que le había fichado. El FBI
pidió con orden judicial sus fotos de otra aplicación familiar
llamada Life360 para compararlas e incluso fue capaz de rastrear
sus pasos a través del teléfono para ubicarlo en el Capitolio.
Los más precavidos llevaban gorras y pañuelos e incluso habían
dejado el teléfono en casa. Philip Grillo se llevó el de su
madre y se encargó de no tomar vídeos ni selfies, pero le
fue imposible controlar lo que hacían otros a su alrededor.
Entre eso y las cámaras de seguridad del Capitolio, el FBI
utilizó técnicas de reconocimiento facial para identificarle
e incluso comparó los bordados de su chaqueta de cuero de
los Caballeros de Colón con los que aparecían en un vídeo
colgado en YouTube. Los peajes y radares de carretera rastrearon
su coche desde que dejó Nueva York a las dos de la madrugada
hasta que llegó a la escena.

Tres soldados de la Guardia Nacional, en el
entorno del Capitolio.
Incluso los que han evadido las redes sociales
se encontraron retratados en sus pasaportes, centros de trabajo
y hasta manifestaciones previas en las que las cámaras de
seguridad de la calle les habían fichado para siempre. Algunos
se suponía que estaban de baja por enfermedad. Otros, como
Bryan Betancur, había pedido permiso para repartir biblias
en Washington DC. Según el rotativo capitalino, los archivos
que el FBI ha aportado en estos casos criminales llega en
algunos casos hasta 12.000 páginas. Más complicado es dirimir
la mente de aquellos a los que simplemente se les va la pinza.
Parece ser el caso de Noah Green, el joven afroamericano que
embistió contra dos policías del Capitolio matando a uno y
salió del coche esgrimiendo un cuchillo, lo que obligó a los
agentes a disparar. Hasta que empezó la pandemia era un estudiante
modélico, prometedor atleta en la Universidad de Newport donde
se le conocía por su talento para Económicas y su pasión por
cerrar las diferencias raciales económicas aconsejando a sus
compañeros técnicas de gestión financiera. A finales del 2019
empezó a tomar ansiolíticos, que aunados con el aislamiento
de la pandemia y los vídeos de Louis Farrakhan le hundieron
en una espirar mental al vacío, según su familia. Con todo,
nada hacía prever cuando dejó la casa de su hermano la noche
antes diciendo que se iba a convertir en un sintecho que cometería
un acto violento. El FBI no lo ha calificado de atentado terrorista.
Sus razones tendrá.
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Caron Nazario, ¿Un nuevo caso de abuso policial con
trasfondo racial?
"Estoy asustado de salir del coche", decía Caron Nazario
a los agentes que le detuvieron mientras conducía su
coche el pasado 5 de diciembre. "Deberías estarlo",
respondió uno de ellos. Nazario, segundo teniente del
ejército de Estados Unidos, pregunta activamente a los
agentes por qué le han mandado parar su coche. Sin bajar
de su vehículo y con las manos visibles en todo momento,
los agentes insisten en que tiene que bajar despacio.
"¿Qué está pasando?", les pregunta, a lo que le responden:
"¡Fuera del coche, ya! ¡Abre la puerta!". "Sólo sirvo
a este país... ¿y así es como me tratan?", se pregunta
el teniente.
Todavía montado en el coche, Nazario, que volvía a
casa después de trabajar, asegura que no ha cometido
ningún crimen, que no le han dicho qué crimen ha cometido
y que no está obligado a bajar del coche porque "no
ha cometido ningún crimen". "Por favor, calma, esto
no es manera de tratar a alguien que sirve a este país",
insiste, antes de ser rociado con gas pimienta. El vídeo
muestra la dureza de los agentes, que ya han sido denunciados
por el segundo teniente del ejército estadounidense.

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El instructor de uso de la fuerza de la Policía
de Mineápolis, Johnny Mercil, ha asegurado que la forma en
la que el expolicía Derek Chauvin inmovilizó a George Floyd,
arrodillándose sobre su cuello, no es una acción entrenada
y no está autorizada. Así lo expresó Mercil en la séptima
jornada del juicio contra Chauvin, acusado de la muerte del
afroamericano George Floyd, que acogió los testimonios
de expertos policiales en capacitación del uso de la fuerza.
Frente a una pregunta de los fiscales de si la inmovilización
por el cuello es «adecuada» según la formación en el uso de
la fuerza, el instructor ha respondido que «no». «No entrenamos
sujeciones de piernas y cuello con los agentes en servicio,
y, hasta donde yo sé, nunca lo hemos hecho», ha señalado el
instructor, quien ha precisado que si bien se pueden permitir
inmovilizaciones de cuello en los sospechosos que se resisten
activamente, no se deben hacer con la rodilla y no se autorizan
en un sospechoso que esté ya esposado y bajo control. Sin
embargo, ha referido que la posición utilizada por Chauvin
podría considerarse «usar el peso corporal para controlar»,
una acción en la que los agentes ponen una rodillas en los
omóplatos de un sospechoso boca abajo para esposarlo. «No
obstante, agregaré que les decimos a los oficiales que se
mantengan alejados del cuello cuando sea posible, y si van
a usar el peso del cuerpo para sujetarlos, que se lo pongan
en el hombro y tengan en cuenta la posición», ha matizado
Mercil, para apuntar a que las personas retenidas ya esposadas
pueden tener dificultades para respirar, por lo que los agentes
están entrenados para mover a los sospechosos a una posición
de recuperación «cuanto antes».

El Fiscal Jerry Blackwell, durante el juicio
iniciado a finales de Marzo.
El testimonio del instructor se contrapone al
argumento de la defensa de Derek Chauvin que señala a que
el exagente «hizo exactamente lo que había sido entrenado
para hacer», informa CNN. Por otro lado, el agente de la Policía
de Los Angeles Jody Stiger, también experto en el uso de la
fuerza, ha justificado el uso de esta cuando Floyd se resistió
activamente a la detención, pero ha aseverado que «una vez
que lo colocaron en una posición boca abajo en el suelo, lentamente
cesó la resistencia y, en ese momento, los agentes deberían
haber disminuido o detenido su fuerza». Stiger ha indicado
que su valoración se basaba en el estándar de lo que haría
un oficial «objetivamente razonable» y ha lamentado que los
expolicías «continuaron con la fuerza que estaban utilizando
desde el primer momento en que lo pusieron (a Floyd) en el
suelo», cuando «deberían haber reducido» su acción. El testimonio
de Stiger continuará este miércoles. El coordinador de capacitación
del programa de intervención en crisis del Departamento de
Policía de Mineápolis, Ker Yang, ha apuntado, por su parte,
que se debe reconocer cuando un detenido está en crisis y
calmar la situación, «reducir la fuerza». Se acusa a Chauvin
de homicidio en segundo grado, homicidio involuntario en segundo
grado y asesinato en tercer grado. Si el jurado, compuesto
por doce personas, le declara culpable en el juicio, Chauvin
podría enfrentarse a una pena máxima de 40 años de prisión
por asesinato en segundo grado, 25 años por asesinato en tercer
grado y diez por homicidio involuntario. Floyd, ciudadano
de raza negra de 46 años, murió el 25 de mayo de 2020 tras
quejarse de que no podía respirar por tener la rodilla de
Chauvin en su cuello, una secuencia que fue grabada en vídeo.
La respuesta policial se originó porque Floyd realizó un pago
con un billete falso de 20 dólares. Chauvin fue expulsado
del Cuerpo de Policía poco después y puesto en libertad bajo
fianza una vez imputado por asesinato y malos tratos. Otros
tres agentes se enfrentan a cargos de complicidad a la hora
de cometer el supuesto crimen. Todos ellos serán juzgados
en agosto. El suceso desató en 2020 una ola de protestas contra
la violencia policial y el racismo en todo Estados Unidos.

Chauvin invoca su derecho a no declarar.
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El Ayuntamiento de Mineápolis ha accedido a pagar 27
millones de dólares a la familia de George Floyd como
compensación económica por su muerte el pasado mes de
mayo a manos de la policía de la ciudad. El acuerdo
se produce antes del juicio y destinará, paralelamente,
500.000 dólares al barrio donde Floyd fue asesinado,
según asegura Associated Press. Esta suma es, en palabras
del abogado de la familia Ben Crump, la mayor compensación
pre juicio de la historia del país. "Quiero, en nombre
del Consejo de la ciudad, ofrecer mis más profundas
condolencias a la familia de George Floyd, sus amigos
y toda nuestra comunidad que lamenta su pérdida", ha
reiterado la presidenta del Consejo de Mineápolis, Lisa
Bender.
En una rueda de prensa, el equipo legal de la familia
ha agradecido a la ciudad su "liderazgo" y su compromiso.
"Estamos agradecidos al Ayuntamiento no solo por decir
que os importa George Floyd, sino por demostrarlo. No
solo por decir que 'Black Lives Matter', sino por enseñarle
al mundo que 'Black Lives Matter'", ha añadido Crump.
"Esta indemnización le dice a Estados Unidos que podemos
hacer más que señalar, acusarnos y crear división. Podemos
hacer las cosas mejor", ha asegurado el abogado portavoz
de la familia antes de exigir a las cámaras legislativas
nacionales una reforma policial e institucional profunda.
La familia de Floyd interpuso una denuncia en julio
tras conocer que se había producido una violación federal
de los derechos civiles.

El abogado de la familia Floyd, Ben Crump, se arrodilló
durante 8 minutos y 46 segundos, durante el primer día
del juicio del ex policía Derek Chauvin en Minneapolis.
La denuncia estaba dirigida a la ciudad y a los cuatro
policías que habían participado en el arresto y habían
sido acusados de asfixiar a Floyd. Concretamente, esta
denuncia, que ha desatado el procedimiento judicial
actual, acusa a los policías involucrados de violar
los derechos del fallecido y señala a la ciudad de permitir
la cultura de la extralimitación, el racismo y la impunidad
de sus fuerzas policiales. Derek Chauvin, el policía
que presionó con su rodilla el cuello de Floyd durante
la detención, se encontraba en libertad desde octubre
tras pagar una fianza de un millón de dólares, según
confirmó el Departamento de prisiones del estado. El
acuerdo encuentra su precedente en 2019. Aquel año,
la ciudad de Mineápolis compensó con 20 millones de
dólares a la familia de Justine Ruszcyk Damond, una
mujer desarmada que fue disparada por la policía tras
reportar un posible crimen.
El incidente que terminó con Floyd asfixiado por la
policía se originó cuando los empleados de una tienda
llamaron porque alguien había pagado un paquete de tabaco
con un billete falso de 20 dólares. Floyd, que tenía
su 4x4 aparcado al lado del local, no había abandonado
el lugar cuando llegó el primer coche policial. El informe
dice que les habían comunicado que Floyd estaba "totalmente
borracho" y fuera de control. Lo sacaron del coche,
lo esposaron y lo pusieron sentado en el suelo apoyado
en la pared. Durante la detención, uno de los policías,
Derek Chauvin, mantuvo su rodilla presionando el cuello
de Floyd y todo su peso durante ocho minutos y 46 segundos.
A los pocos minutos, Floyd dejó de moverse y su muerte
se certificó de camino al hospital. El asesinato desató
una oleada de protestas por todo el país y fue la chispa
que encendió el movimiento de "Black Lives Matter" que
exigía el fin del racismo policial e institucional.
El movimiento adquirió, rápidamente, carácter global
y supuso el inicio de un debate sobre los derechos civiles
que todavía perdura.

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Cada uno de los miembros de este grupo de jóvenes
presos que aparece en la imagen estaba condenado a permanecer
atado al resto de su compañeros. Era una práctica conocida
en inglés como chain-gang. En Estados Unidos, donde fue tomada
la fotografía, fue una práctica muy extendida, especialmente
en los estados del sur, donde su uso ya estaba muy extendido
antes de la Guerra de Secesión (1861-1865). Las personas atadas
entre sí debían además realizar trabajos físicos como los
relacionados con plantaciones, reparar edificios, arreglar
o limpiar las calles... Estos chicos posaban para el retrato
en 1903, pues estos mecanismos de castigo fueron empleados
hasta mitad del siglo XX, cuando prácticamente habían desaparecido,
aunque nunca habían sido eliminados oficialmente, en EE.UU.
A partir de los años 90 del siglo pasado hubo algunos centros
penitenciarios que, no sin polémica, recuperaron este tipo
de prácticas para los reclusos.
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Un detalle insignificante refleja la relevancia
del momento histórico. Mohamedou Ould Salahi, mauritano detenido
en Guantánamo y que fue liberado en 2016, sabe que Barack
Obama es zurdo porque siempre le acompañará la imagen del
expresidente firmando con la mano izquierda la orden para
cerrar la prisión construida como un limbo legal: Guantánamo.
Entonces la cárcel acababa de cumplir ocho años. Los mismos
que llevaba Salahi allí detenido. El pasado Enero, Guantánamo
cumplió 19 años y sigue funcionando. Una cosa ha aprendido
el presidente Biden de aquel fracaso histórico de Obama: no
hablar de Guantánamo. El día que Obama firmó aquel decreto,
todo el mundo en Guantánamo se lo tomó como algo serio, recuerda
Salahi. Las autoridades militares le dieron a cada detenido
una copia del texto firmado por el presidente. "Enviaron a
dos militares de muy alto rango que nos explicaron a todos
que la intención del presidente era cerrar Guantánamo y nos
dijeron que se acabó la tortura", dice Salahi, que en aquel
momento no podía parar de pensar si volvería a su país, Mauritania,
o a Alemania, donde tenía a algún miembro de su familia. "Pregunté
al jefe de los interrogadores qué iba a pasar conmigo y me
dijo que me ayudaría a que me reasentaran. Me dijo que máximo
un año". Pasaron ocho años. Aquel día, recuerda Salahi, todo
fue más tranquilo de lo normal y no se escucharon los gritos
habituales de los guardias a los presos.
De las 780 personas que han pasado por Guantánamo,
hoy solo quedan 40. Solo dos de ellas cumplen condena tras
haber sido juzgadas en comisiones militares –una fórmula criticada
a nivel internacional–. Otras siete están acusadas, seis han
sido autorizadas para un traslado y el resto sigue en prisión
indefinida como prisioneros de guerra y sin cargos. El más
joven tiene 38 años y el más mayor, 73. Todos llevan más de
12 años en Guantánamo. "Las comisiones militares violan los
requisitos de imparcialidad, independencia y no discriminación
y nunca deberían haber sido utilizadas", señalaron en una
declaración varios relatores especiales de la ONU, entre ellos
Nils Melzer, relator sobre tortura y otros tratos degradantes,
Agnes Callamard, relatora sobre ejecuciones sumarias, arbitrarias
o extrajudiciales y Fionnuala Ní Aoláin, relatora sobre la
promoción y protección de los derechos humanos y las libertades
fundamentales en la lucha antiterrorista. "La detención indefinida
y prolongada de personas que no han sido condenadas es arbitraria
y constituye una forma de trato inhumano y degradante o incluso
tortura".

Fionnuala Ní Aoláin es una abogada académica
irlandesa especializada en derechos humanos.
Para conseguir vaciar la prisión, Obama creó
un proceso mediante el cual los detenidos tienen derecho a
una revisión de su caso, que es estudiado por seis agencias
de seguridad. Si deciden que el detenido no es una amenaza
para la seguridad nacional, pueden liberarlo. Eso fue lo que
le pasó a Salahi, que lo recuerda como una experiencia "humillante".
Años antes, en 2010, un juez ordenó su liberación, pero nunca
se llegó a cumplir. "No son el FBI, la CIA, etc los que tienen
que decidir si soy una amenaza. Un juez ya había dicho que
era inocente y se negaron a ponerme en libertad", dice. "EEUU
no puede decir que yo soy una mala persona. Pueden acusarme
de serlo, pero no pueden ponerme en prisión porque piensen
que lo soy. Guantánamo fue una completa falta de respeto de
los valores sobre los que EEUU se fundó". Salahi escribió
y publicó un libro estando en prisión y el 12 de febrero se
estrenará en EEUU una película sobre su vida.
"Yo no niego mi pasado. No niego que fui a Afganistán.
Lo que digo es que no he cometido ningún crimen", dice Salahi,
que fue miembro de Al Qaeda, pero que asegura que cortó "todos
los lazos" en 1992, justo cuando la organización declaró la
guerra a EEUU. "No he matado ni he hecho daño a nadie. Ir
a Afganistán no es ningún crimen: España, Alemania, EEUU estaban
con los muyahidines. Incluso conocí allí a algunos de mis
interrogadores. En una democracia, tener ideas no es ilegal
y eso es lo bonito de la democracia. Era muy joven y por supuesto
que ya no tengo esas ideas". Obama culpó de su fracaso al
Congreso por aprobar una ley que impedía trasladar a los presos
a territorio estadounidense. "No hay ninguna justificación
más allá de la política para que el Congreso nos impida cerrar
una instalación que nunca debió abrirse", afirmó el expresidente
en 2013. "Imaginen un futuro dentro de 10 o 20 años en el
que EEUU sigue teniendo bajo custodia a gente que no ha sido
acusada de ningún crimen en un pedazo de tierra que no es
parte de nuestro país".

Barack Obama comienza su segundo mandato.
Luego llegó Trump, que no solo justificó y apoyó
las torturas, sino que prometió "llenarla de tipo malos".
"¿Que si aprobaría el ahogamiento simulado? Te puedes apostar
el culo a que sí. Funciona", afirmó Trump en campaña. "Y si
no funciona, igualmente se lo merecen por lo que nos hacen",
añadió. Trump, sin embargo, no metió a nadie en Guantánamo,
aunque obviamente tampoco cerró la prisión. Lo que sí cerró
fue la oficina del enviado especial para el cierre de Guantánamo,
creada por su predecesor. Esta oficina era la encargada de
negociar la liberación y traslado al extranjero de prisioneros,
así como del seguimiento de aquellos que habían sido puestos
en libertad. Sin ella, es más difícil conseguir el traslado
de presos para vaciar el centro.
Biden conoce en primera persona las dificultades
para cerrar la prisión y por eso ha mantenido un perfil bajo
al respecto. "Biden continúa apoyando el cierre del centro
de detención", señaló su equipo durante la campaña, alegando
que "debilita la seguridad nacional de EEUU alimentando el
reclutamiento de terroristas". Obama no fue el primero en
contemplar el cierre de la prisión. El propio Bush dijo en
2006: "Me gustaría cerrar Guantánamo, pero reconozco que algunas
de las personas que tenemos son muy peligrosas y más nos vale
tener un plan para tratar con ellos en los tribunales". Un
año después se volvió a pronunciar al respecto: "Debería ser
un objetivo de la nación cerrar Guantánamo".

La prisión de Guantánamo fue concebida como
un limbo legal en el que los prisioneros no estarían protegidos
por la legislación estadounidense porque la prisión está situada
en una base militar de Estados Unidos en Cuba. "Esto ha sido
objeto de un gran debate y algunos abogados que han defendido
a los prisioneros han hablado de lo que popularmente se conoce
como el argumento McDonalds. la base militar tiene un mcDonalds
y los abogados argumentaron que si para la franquicia rige
una normativa estadounidense, puesto que en Cuba no hay McDonalds,
para los prisioneros, también", dice Emma Reverter periodista
autora de dos libros sobre la cárcel, uno en su fundación
y otro en su décimo aniversario. Este limbo deliberado es
lo que hace especial a Guantánamo, argumenta Reverter. "La
cárcel de Guantánamo, aunque en realidad podríamos hablar
de varias cárceles que se gestionan de forma distinta y que
se sitúan en la base naval de Guantánamo, está situada en
un territorio que es cubano, pero que en virtud de un tratado
fue arrendado a Estados Unidos", dice. "La cifra acordada
de alquiler es ridícula, pero se pactó en el tratado que para
terminar con el arrendamiento las dos partes debían acordarlo.
Obviamente Estados Unidos no tiene ningún interés en irse
porque es una posición estratégica".
Guantánamo ha cumplido 19 años y ha pasado por
las manos de tres presidentes. Biden es el cuarto y Salahi
muestra un optimismo irremediable. "Tengo que tener esperanza.
Dicen que es lo último que se pierde. Pasé 16 años entre Guantánamo
y prisiones secretas y solo me agarraba a la esperanza. Creo
que hemos salido de esta pesadilla que era Trump y ahora tenemos
a Biden, que cree que Guantánamo no debería existir".
The Mauritanian (en español, El Mauritano) es una película
de drama legal de 2021 dirigida por Kevin Macdonald
a partir de un guión escrito por MB Traven, Rory Haines
y Sohrab Noshirvani. La película está basada en las
memorias recopiladas en el libro Guantanamo Diary 2015
de Mohamedou Ould Slahi, una historia real de la experiencia
de Slahi tras estar retenido durante catorce años sin
cargos en el Campo de detención de Guantánamo. La película
está protagonizada por Tahar Rahim, Jodie Foster, Shailene
Woodley y Benedict Cumberbatch. La cinta fue estrenada
en Estados Unidos el 12 de febrero de 2021 por STXfilms.
En el Reino Unido, donde todos los cines fueron cerrados
debido a la Pandemia de COVID-19, el estreno previsto
se canceló y la película se estrenó en Amazon Prime
Video el 1 de abril de 2021. Recibió críticas mixtas
de los críticos, con especiales elogios para las actuaciones
de Rahim y Foster. En la 78ª entrega de los Globos de
Oro, la pareja fue nominada a Mejor actor - Drama y
Mejor actriz de reparto, respectivamente, con Foster
ganando. En la 74ª edición de los Premios de Cine de
la Academia Británica BAFTA, la película recibió cinco
nominaciones, incluyendo Mejor película.


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La policía pidió que el Ejército de EEUU
siga desplegado en Washington hasta mayo tras alertar de otro
posible asalto al Capitolio. La solicitud llega en medio de
recriminaciones mutuas entre las diferentes fuerzas de seguridad
acerca de los increíbles fallos que permitieron el asalto
del 6 de enero. Washington se despertó a principios
de marzo con el temor a revivir la pesadilla del 6 de enero,
cuando los seguidores de Donald Trump asaltaron el Congreso
de Estados Unidos, causando cinco muertos. La razón era la
convocatoria en foros online de marchas a favor del ex presidente
que, para las autoridades policiales estadounidenses, podrían
desembocar en actos violentos. Una parte de los partidarios
de Trump, incluso, pensaban -y así lo habían expresado en
fotos en internet- que el ex presidente iba a asumir el poder.
No hubo violencia. Pero, aun así, el Capitolio -el edificio
que alberga el Senado y la Cámara de Representantes- estuvo
cerrado. Los 6.200 soldados que protegen el edificio y otras
sedes del aparato del Estado de EEUU están en estado de alerta,
y otros 5.000 efectivos se encuentran fuera de la ciudad,
listos para intervenir si fuera necesario. Parte de las barreras
que rodean al Capitolio han sido reforzadas con alambre de
espino. El objetivo es evitar una repetición del desastre
del 6 de enero.
Y, pese a la ausencia de manifestaciones, las
autoridades policiales parecen tomarse muy en serio la amenaza
de los grupos radicales. La Policía del Capitolio, que se
encarga de la seguridad del edificio, pidió al Departamento
de Defensa la prórroga durante 60 días más, hasta el
mes de mayo, del despliegue de los soldados en Washington.
La solicitud llegaba en medio de un caos de recriminaciones
mutuas entre los diferentes cuerpos y fuerzas de seguridad
del Estado acerca de los increíbles fallos de seguridad que
permitieron el asalto del 6 de enero. Así que, tras el exceso
de tranquilidad, ahora todo parece indicar que se ha caído
en una preocupación máxima.

El hombre que embistió con su vehículo recientemente
a dos policías en una barricada afuera del Capitolio de Estados
Unidos, matando a uno de ellos antes de ser abatido por la
policía sufría de alucinaciones, paranoia y tendencias suicidas,
reveló una fuente oficial a The Associated Press.
Lo cierto es que los grupos que están detrás
de gran parte de las amenazas de protestas violentas no son
para ser tomados a la ligera. Aunque se tienden a agrupar
en el movimiento QAnon, que sostiene que el mundo vive una
guerra secreta entre Donald Trump, por un lado, y una red
de pederastas que controla el planeta, por otro, entre ellos
están los Proud Boys (Chicos Orgullosos, que jugaron un papel
importante en los acontecimientos del 6 de enero), los Three
Percenters (que sostienen que bastará con movilizar al 3%
de la población de EEUU para llevar a cabo una revolución),
los 'Ciudadanos Soberanos' (que no reconocen ninguna autoridad
por encima del sheriff de su condado), y los 'Oath Keepers'.
Se trata de movimientos sin una estructura definida, aunque
todos ellos comparten la tesis de que se está produciendo
un 'genocidio' de la raza blanca y que los judíos son una
'amenaza'. En su mayor parte, estos movimientos no reconocen
la autoridad del Estado.
El 4 de marzo tiene un carácter simbólico para
los seguidores más radicales de Trump, en su mayoría agrupados
en torno a la teoría conspiratoria de QAnon, que está girando
hacia posiciones marcadamente extremistas y racistas. La fecha
es importante porque, hasta 1933, esa fue la fecha en la que
se llevaba a cabo el traspaso de poderes de un presidente
a otro, y, para el ala más dura del 'trumpismo', ningún presidente
estadounidense ha ejercido el cargo de manera legítima desde
Ulysses S. Grant, hace 152 años. La razón por la que han fijado
esa fecha indica claramente la ideología subyacente de estos
grupos: en 1868, Estados Unidos aprobó la décimo cuarta Enmienda
de la Constitución, que establece que los antiguos esclavos
negros tienen derecho de voto y que los altos cargos que se
hayan rebelado contra el orden jurídico del país -en clara
referencia a los rebeldes que declararon la secesión para
mantener y expandir la esclavitud- no podrían ejercer funciones
públicas de nuevo.
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Si un fanático de 21 años se lía a tiros a plena
luz del día en una iglesia podemos plantear el debate sobre
la posesión de armas; si este indeseable elige como víctimas
sólo a personas negras, se abre la cuestión sobre la violencia
racial en Estados Unidos. Sin embargo, los hechos aislados
no explican fenómenos ni mucho menos procesos. Es decir, no
hay ningún indicador que muestre rebrote de la discriminación
y el odio. Por tanto, este asesinato no ha de ser considerado
consecuencia de ningún otro hecho ni relacionado con otro
antecedente, ni siquiera con el ocurrido el pasado mes de
abril. Lo cual, por cierto, dice mucho de la madurez de una
sociedad. Que haya sucedido en Charleston, Carolina del Sur,
tampoco admite conjeturas, aunque nos permita algún apunte
histórico. En Charleston comenzó la Guerra Civil americana
en 1861. Carolina del Sur fue el primer estado que declaró
"disuelta" la Unión. Allí sonaron los primeros disparos cuando
el buque 'Star West' se aproximó al puerto para aprovisionar
el fuerte Sumter, que había permaneció leal a la nación.
Carolina del Sur siempre fue un estado rebelde.
Hacía tres décadas que el impulsivo presidente Jackson amenazó
con enviar las tropas federales porque la Asamblea del estado
aprobó en 1832 una ley que anulaba otra de carácter federal,
decretando que cualquier disposición aprobada por el Congreso
de Estados Unidos que perjudicara a su territorio no obligaba
a sus funcionarios ni ciudadanos. Se refería a las leyes arancelarias.
Todo fue maquinado por el irredento y camaleónico esclavista
John Calhoun, a la sazón y hasta ese año vicepresidente con
Jackson. Calhoun proclamó la soberanía de los estados: "primero
la libertad y después la Unión". En el Capitolio no se anduvieron
con rodeos y el prestigioso congresista Webster respondió:
"Libertad y Unión, ahora y siempre, unidas e inseparables".
Calhoun le reprochaba a Jackson que había dejado de defender
la libertad de los estados. En 1850 era el estado con mayor
población esclava: el 58%. De todos los estados esclavistas,
sólo aquí y en Misisipi (51%) había más esclavos que hombres
libres. Constituía, por tanto, parte del "cinturón negro"
de América. Tras la guerra, ambos estados aprobaron los primeros
e infames códigos negros, leyes discriminatorias, de servidumbre
y semiesclavitud.

Dos personas visitan el lugar donde se recuerda
a las víctimas de la matanza de Charleston. En 1850 era el
estado con mayor población esclava. Fue en Charleston donde
comenzó la guerra civil americana en 1861. Tras la guerra,
fue el primer estado junto con Misisipi, en aprobar leyes
raciales.
Un siglo después de la Guerra Civil, la Comisión
del Centenario se marcó como objetivo presentar una nueva
América sin fisuras raciales. Por su valor simbólico, la Comisión
decidió reunirse en Charleston. Sin embargo, un hotel negó
hospedaje a un delegado negro de New Jersey. Kennedy, recién
llegado a la Presidencia, sugirió que la comitiva se encontrara
en dependencias de la Marina, donde regían las leyes federales,
pero los miembros de Carolina del Sur rechazaron la propuesta:
no era un lugar neutral. Al final se convocaron dos reuniones.
América entonces seguía partida. Al poco, Johnson aprobó la
Ley de Derechos Civiles que puso el punto y final a la discriminación
legal. La elección de Obama representó el fin de la discriminación
simbólica. Total, que las leyes, la Historia, la educación
y el civismo nos salvaguardan del rencor y reducen al mínimo
el riesgo de violencia colectiva, pero no impiden que de vez
en cuando dispare un perturbado.
María Rita Valdez, la mexicana descendiente de esclavos
cuyas tierras se convirtieron en el opulento Beverly
Hills.


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